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Moonlight El Palomitron

El director afroamericano Barry Jenkins, prolífico en el mundo del cortometraje, llega a las salas españolas tras cosechar ocho nominaciones a los premios Oscar, incluyendo Mejor película y Mejor director. Moonlight, su segundo largometraje, es un tríptico sobre la vida de un joven afroamericano de Miami que lucha para crear su masculinidad en un ambiente hostil. O, al menos, retrata la voluntad de Little, despectivo apodo del joven Chiron (Alex Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes en las tres etapas vitales del personaje retratadas en la película) de camuflarse entre los amasijos de hormonas que crecen en el barrio Little River y le discriminan por su homosexualidad latente.

Little se convierte en Chiron, y Chiron se convierte en Black, un corazón blando y dolido de mirada triste recubierto de músculos tonificados y fundas dentales doradas. Moonlight se esfuerza en definir la masculinidad del protagonista como un disfraz, un blindaje ante los miedos y los dolores de una existencia transitada como mártir. Aunque mártir no es la palabra: quizás es más acertado como ser humano constantemente confuso, por la eterna batalla que tienen en su vida los deseos más puros de Chiron, la homofobia latente en sus compañeros de juego y de clase, y su relación con una madre (una imponente Naomi Harris) absolutamente carcomida por sus circunstancias.

Escena Moonlight playa El Palomitron

Moonlight se antoja por momentos inabarcable, como el recuerdo vívido de los momentos más duros de nuestra vida, pero también de los arrebatadoramente bellos, esos que evocamos casi con liturgia en momentos de bajeza emocional. Es, así, un cuadro vivo, voluble, pintado con luz, música y miradas, un poema en formato de imágenes en movimiento sobre una vida pobre, negra y homosexual en una barriada de Estados Unidos diezmada por el crack, una representación visceral de esos males sociales llamados homofobia y drogodependencia, y a la vez una celebración de los momentos que nos hacen sentir vivos, como el tacto de la arena en la piel, el sonido de las olas en la arena desnuda o el reencuentro con un viejo amor.

Moonlight pelicula El Palomitron

Barry Jenkins y el director de fotografía James Laxton consiguen capturar esa belleza desde el primer hasta el último plano, en los colores casi de neón y en las soluciones visuales imaginativas y cargadas de significado. Como en su arranque en plano secuencia (la cámara baila y gira sin parar alrededor de tres personajes), en esas secuencias con Mahershala Ali actuando como figura paterna (en las que las verdades como puños y las coces son el pan de cada día) o en esa penúltima escena, una larga cena en un restaurante cubano, excelentemente montada, dirigida e interpretada, que no es sino el clímax de una película que trascenderá independientemente del número de premios Oscar que termine ganando. Jenkins pone su talento al servicio de la historia y no al revés: la sensualidad de los movimientos de cámara, el tempo pausado y la iluminación en las escenas nocturnas y oníricas son, además de una muestra constante de estilo y de eventual virtuosismo, herramientas para contar la historia.

Uno abandona la sala compungido, emocionado, pero también con un rayo azul de luz esperanzadora en la mirada. Porque, aunque el drama de la existencia de Chiron sea que durante gran parte de su vida ha estado solo y se ha sentido incomprendido, consigue levantar cabeza al hacer las paces con su pasado y darse cuenta de una de las verdades más universales: siempre estamos acompañados de nuestra historia y de nuestro yo interior. Como esa pesadilla de la infancia que nos aterroriza y que, por desgracia, es más real de lo que parece. Como esa gente que nos encontramos a lo largo de nuestro recorrido vital y modelan nuestro yo futuro. Como ese niño que, mirándonos desde el pasado, brilla con un intenso color azul bajo la luz de la luna. Al final, todo forma parte del disfraz.

LO MEJOR:

  • La dirección de Barry Jenkins.
  • Las actuaciones (con mención especial para Naomi Harris y para el nominado Mahershala Ali).
  • El guion de Jenkins consigue dotar a la historia de un carácter sutil y específico dentro de lo universal de su retrato de la miseria social.
  • La fotografía de James Laxton.

LO PEOR:

  • Nada.

Pol Llongueras

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