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Hablando en términos absolutistas, el mundo está dividido en Oriente y Occidente, este y oeste. Esta concepción, vigente pero totalmente desfasada en términos geográficos, proviene principalmente del evidente choque cultural existente entre ambas “mitades”, pero, a causa de la globalización, esta línea imaginaria es cada día más estrecha. Hoy en día es muy común tener, por ejemplo, algún conocido absolutamente fascinado con la India y su misticismo que bombardea nuestras redes sociales con fotos practicando yoga (fotos realizadas con su iPhone de última generación, por supuesto). Una situación semejante, pero desde el prisma contrario, evidencia esta mezcolanza cultural y supone uno de los temas centrales de Más allá de las montañas (Shan he gu ren), filme ganador del Premio del Publico de la pasada edición del Festival de San Sebastián y que formó parte de la Sección Oficial de Cannes 2015. Dirige el realizador chino Jia Zhang-ke, una de las figuras clave en el desarrollo del cine independiente de su país, y que ya ha pasado por nuestras carteleras con películas como Worlds o la reciente Un toque de violencia.

Critica mas allá de las montañas el palomitron

El filme, esencialmente un melodrama, nos ubica inicialmente a finales del siglo pasado en un pequeño pueblo de la región de Shanxi, para presentarnos un triángulo amoroso formado por Tao, una joven cantante de espíritu vital que duda entre sus dos mejores amigos, de polos opuestos: Lianzi, un humilde y tímido minero (la minería es un tema recurrente en la filmografía de Jia), y el rico del pueblo, Zang, un hombre arrogante y obsesionado con el dinero y la cultura anglosajona que, cual Guile de Street Fighter, perfectamente podría llevar tatuada la bandera de barras y estrellas en su antebrazo. La elección que Tao tome marcará su destino, el de sus dos pretendientes y el de su futuro hijo.

masaAsí pues, la cinta, que se desarrolla en tres grandes bloques diferenciados, ambientados entre 1999 y 2025 y con cambios de formato de imagen, de reparto e incluso de lengua incluidos, nos presenta, barriendo bastante para casa, el avance del conflicto existente en la sociedad china entre aquellos que conservan los hábitos de la tradición nacional y los que adoptan un estilo de vida occidental, la cultura anglosajona en el caso que nos ocupa. Se evidencia también un rechazo a la ideología capitalista que se plasma en esos rostros de Mao que siguen impresos en grandes murales, pero que no pueden esconder el acercamiento cada vez mayor a esta ideología tan occidental que está experimentado el gigante chino. Una propuesta que proyecta con bastante imaginación cómo va a continuar esta fusión de las culturas del mundo.

Irreprochable en el aspecto técnico y acertada en su diseño de producción, Más allá de las montañas adolece de un guión demasiado irregular y de un metraje excesivo, amén de un continuo vaivén de personajes y de los grandes saltos temporales. Falla en ritmo y cojea en ciertos temas como melodrama, pero la experiencia de Jia Zhang-ke detrás de la cámara se hace palpable a la hora de saber dotar de grandilocuencia a una película que tiene vocación de narrar los agigantados pasos que su país está dando en los últimos años, constituyendo una interesante reflexión sobre la pérdida de identidad china. Una propuesta con personalidad y una opción interesante para los amantes del cine oriental.

LO MEJOR

  • Su imaginativo desarrollo.
  • Descubrir cómo se plantea el tema de la globalización desde una cultura tan lejana como la china.
  • El delirante nombre de cierto personaje.

LO PEOR:

  • Su falta de ritmo.
  • El metraje (más de dos horas) se antoja excesivo.
  • La manifiesta (y muy recurrente) estupidez de imaginarse los móviles del futuro con pantalla transparente. ¿Nadie ha pensado que es una idea terrible?

 

Tomás Ruibal

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