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theeb-dhyb-posterEl pequeño Theeb (lobo en español) deja sus diminutas huellas descalzas por el desierto. Huye con ahínco y constancia de algo o de alguien. Su hermano mayor le ha entrenado para sobrevivir en la kilométrica aridez de su tierra y le ha enseñado el valor de la lealtad (y también el de la venganza). Por esta razón, Theeb huye sin cesar por pura y natural supervivencia, pero la lealtad hacia su hermano y su sentido del honor serán las primeras decisiones que tome por sí mismo.

La sucesión de acontecimientos que une todo esto es la película Lobo, una producción que involucra a Jordania, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y el Reino Unido. Calificado por la crítica internacional como un western clásico adaptado a la vida nómada del actual desierto jordano durante la Gran Guerra, hemos de rendirnos ante esta evidencia: los malos persiguen a los buenos para matarlos, pero en este caso lo hacen subidos a un camello y cubiertos con turbantes.

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Theeb y su hermano mayor, Hussein, viven aparentemente ajenos a la violencia implícita en las tierras que habitan: los intereses económicos de las grandes potencias de la época amenazan con destruir los hábitos de vida milenarios de las tribus de la zona bajo el ambicioso lema del “progreso” y, con él, la construcción de un ferrocarril que atraviesa una de las rutas de peregrinación a La Meca y, por lo tanto, la aparición de conflictos entre tribus y mercenarios otomanos por el poder sobre sus territorios.

Una historia de fraternidad, amor, honor y venganza bajo el sol estremecedor y la más brillante luna del desierto de la antigua Transjordania, filmada cuidadosamente por el director de fotografía Wolfgang Thaler, que nos regala una belleza tan infinita como el horizonte, dividida en millones de píxeles que oscilan entre el ocre y el azul, entre el día más cegador y la noche más oscura.

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Es la historia, otra vez, de las víctimas civiles e inocentes de los conflictos del mundo; la intrahistoria de Theeb y su forzoso debut en solitario en la vida misma. Aunque en este caso, “la vida misma” para él y su entorno esté infectada de armas, sospecha, miedo, sed y muerte en cada grano de arena.

Un gran casting formado por actores que no eran actores (una decisión que casi siempre obtiene maravillosos resultados en el género ficción documental).

El pequeño Jacir Eid Al-Hwietat se desenvuelve a la perfección como pez en el agua (o escarabajo en el desierto). Una mezcla de ternura y garra animal que nos hace querer cuidarle en algunas ocasiones, y enorgullecernos de su sorprendente y repentina madurez en otras.

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Su director, Naji Abu Nowar (Death of a Boxer, Till Death) respalda y merece con legitimidad la nominación en la 88.ª edición de los Oscar en la categoría de Mejor película de habla no inglesa. Si bien no es un género que entretenga a todos los públicos, la película puede considerarse una obra maestra en todos sus niveles: todo está delicadamente cuidado y se puede apreciar y disfrutar de cada una de las piezas, esas que hacen funcionar un engranaje cinematográfico tan colosal y hostil como la propia tierra en la que sucede la acción.

Este filme cuenta con una técnica matemática y lírica por igual, una ágil narrativa y sorprendentes personajes con interpretaciones a la altura.

 

LO MEJOR:

  • La dirección de fotografía y arte.
  • El entrañable y desconcertante Theeb.
  • El giro diametral en la mitad de la película.

LO PEOR:

  • En ocasiones puede resultar demasiado dura y ensañada en los detalles desagradables.
  • La segunda mitad de la película corre el riesgo de sacrificar el suspense por la recreación en el proceso de crecimiento del protagonista, Theeb.

 

Blanca Álvarez

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