Compartir

 

DEUDPRESENTA

 

A lo largo de esta semana, vamos a contar en exclusiva con cinco textos escritos por cinco personalidades vinculadas estrechamente al mundo del cine. Andrea G. Bermejo, Carlos Bardem, Borja Crespo, Daniel Mantero y Jacinto Bobo han asumido el reto de escribir acerca de sus políticos favoritos  en la historia del cine. Cinco textos que suponen cinco miradas y lecturas muy personales de la política en el cine. Cinco textos exclusivos recopilados para celebrar la llegada de LA DEUDA a carteleras el próximo viernes 15 de mayo.

Durante esta semana publicaremos los cinco escritos (uno por día).

 

1. ANDREA G. BERMEJO: EL CANDIDATO (MICHAEL RITCHIE, 1972)

CANDIDATO0

 

Una pompa y el rubísimo Robert Redford de brazos cruzados sobre un fondo de barras y estrellas. Debajo, un eslogan: “McKay: The Better Way”. En marzo de 1972 las calles de California amanecieron empapeladas con el cartel promocional de El candidato, la historia de Bill McKay, un abogado idealista y carismático al que el Partido Demócrata convence para presentarse al Senado.

Producida de facto por el propio Robert Redford y dirigida por Michael Ritchie (con el que ya había trabajado en El descenso de la muerte), la película más personal del actor de Todos los hombres del presidente ganó un Oscar a mejor guión original a cuenta de Jeremy Larner, el escritor de discursos políticos de Eugene McCarthy, a quien Redford había abordado con la siguiente proposición: “Escribe un guión sobre un candidato que vende su alma”.

Con un cameo de Groucho Marx, zooms veloces, estilo documental y ese grano setentero de la vieja propaganda electoral, El candidato es una brillante aproximación a la cruda, fría y a menudo absurda maquinaria de las campañas políticas. Tan fulminante como esos carteles que llenaron las paredes de California un mes antes de las Primarias de 1972 y que consiguieron que unos cuantos votantes escribiesen en las papeletas el nombre del candidato más rubio de Hollywood.

ANDREA G. BERMEJO es periodista y crítica de cine (Cinemanía, VICE, Yorokobu, El duende)

 

2. CARLOS BARDEM: TODO CINE ES POLÍTICO

novecento

 

 Yo soy todas las pelis que he visto, buenas, malas y peores. Así que cuando me pidieron mi peli “política” favorita el aprieto fue aún mayor porque, según yo, todas las pelis son políticas. Unas de manera evidente, vocacional, otras de manera sutil, subrepticia, malévola. ¿Qué peli no es política? Hay política, quizás sea más correcto escribir “ideología”, en “El Acorazado Potenkim” como la hay, tanta o más, en cualquier película de Disney.

Hasta la comedia más insustancial encuadra su historia en una referencia social, histórica y temporal, en unos “valores” ante los cuales sus personajes se posicionan políticamente, rebelándose o queriendo casarse con el príncipe y vivir en un castillo. Afirmándolos o negándolos. A mi personalmente me encanta tratar de ver la ideología encubierta tras el puro entretenimiento.

Una película política por excelencia sería el díptico “Novecento”, de Bertolucci: fresco histórico y crítico sobre el nacimiento, auge y caída del fascismo italiano- el fascismo per se- , la complicidad burguesa en el crecimiento del monstruo; la banalidad del mal de la que hablaba Anna Arendt, encarnada en ese matrimonio vulgar, soez, terrible que interpretan Donald Sutherland y Laura Betti. Una película sobre el “fin de race” aristocrático, el ocaso de unas elites y su sustitución por una ideología del odio burguesa, pero también un canto a los luchadores contra el fascismo, a “El Pueblo”, a un ideal colectivo y solidario. Y digo a “El Pueblo” porque, aunque encarnado por Depardieu, se nos presenta como un actor cinematográfico y social colectivo.

Esto me lleva a otro cine político, muy actual, muy encubierto, muy digerible por el público mayoritario –que nunca lo tacharía despectivamente de político-. Un cine mainstream y de ideología directamente fascista: las pelis de superhéroes. Pelis donde una masa impotente, inarticulada, aterrada de civiles es sistemáticamente aplastada por una amenaza cualquiera (robots, aliens, supervillanos…). Corren histéricos, con encuadres que los convierten en hormigas mientras son masacrados y sepultados por las ruinas ardientes del sistema (rascacielos que explotan y caen), iconografía del capitalismo en peligro. Todo parece perdido para esos humanos normales que nada pueden hasta que aparecen los superhéroes, seres todopoderosos que se sitúan directamente por encima de las leyes de la física y de los hombres. El superhéroe. Él nos salvará del exterminio, del caos y, por tanto, a él hay que seguir y confiar nuestro destino. He aquí al superhombre, al líder, al Fürher. Estás pelis tienen mucho de “El Triunfo de la Voluntad”, de la nazi Leni Riefenstahl. Nada es casual, nada es inocuo, todo es adoctrinamiento. En este caso mezclado con FX, chascarrillos, palomitas y refrescos hiper azucarados.

 Definitivamente yo soy más de gente que se une para combatir, más de Novecento.

 

CARLOS BARDEM es actor (La Deuda, Calabria, Alacrán enamorado, Diamantes negros, Celda 211)

 

3. BORJA CRESPO: TODO POR LA PASTA (ENRIQUE URBIZU, 1991)

TODO

 

En los años 80 mi deriva adolescente era agitada por el llamado rock radical vasco. A día de hoy suelo decir que mi pensamiento político está en la discografía de Eskorbuto, cuyas canciones, poesía visceral perpetrada por unos yonkis de barrio, vienen al pelo en los tiempos que corren. No es de extrañar, por tanto, que mi vida cinéfaga sufriera un subidón a principios de los noventa con la irrupción en la cartelera de un thriller tan sucio e imperfecto como necesario y contundente. “Todo por la pasta”, una película con olor a óxido y anfeta, pergeñada por un tal Enrique Urbizu, con Alex de la Iglesia y demás banda en los créditos, se estrenó en 1991 retratando ese Bilbao pre-Guggeheim castigado por el jaco y la caída de Altos Hornos de Vizcaya, donde la mierda y el rock´n´roll, como cantaba M.C.D., estaban al orden del día. Un atraco malparido sirve de excusa para hacer un retrato del estado de las cosas en un país azotado por la herencia franquista. La corrupción del poder, el orden y la ley, en un territorio comanche en eterna transición que se lo monta fatal a la hora de esconder la basura.

“Todo por la pasta” fue un puñetazo en la mesa, pero no el único del maestro Urbizu, un tocapelotas que insiste en revolverle las tripas al sistema en su filmografía. Gloriosa es, y más perfecta, “La caja 507”, con un exuberante Antonio Resines encabezando el reparto. Un filme que debería repasar estos días, antes de votar, todo españolito de a pie que peque de racional. Las tramas criminales que copan los telediarios de hoy ya estaban ahí, sobre celuloide, en 2002. Un peón pone en solfa a los de arriba. Se invierte la pirámide y algunos se ponen nerviosos, como también supo reflejar con mano firme “Crematorio”, probablemente la mejor serie de televisión nacional en tiempo. Es hora de aparcar “The Wire” y “Los Soprano” y fijarse en los nuestro.

 

BORJA CRESPO es productor y director de cine (Neuroworld, Snuff 2000).

 

4. DANIEL MANTERO: MI NOMBRE ES HARVEY MILK (GUS VAN SANT, 2008)

hm2

 

Reconozco haber huído durante algún tiempo del cine político. Normalmente porque suele estar basado en realidades sujetas a la interpretación del que escribe, o en peor de los casos, del que las paga. No por ello he dejado de disfrutar, cómo no,  de grandisimas producciones que te dejan huella. ¿Quién no cae rendido ante Robert Redford en “Tres días del cóndor” o “Todos los hombres del presidente”, o ante Daniel Day-Lewis en “En el nombre del padre”?.

Defecto de actor, buscar siempre el pellizco que te produce una interpretación en la que mirarte. Como un espejo en el que ves reflejado lo que tú sueñas conseguir con un personaje. Y eso solo pasa en algunas ocasiones. Por eso, y haciendo memoria del cine político más reciente, me acordé de un sublime Seann Penn en “Mi nombre es Harvey Milk”, (2008, Gus Van Sant), trabajo que le valió para conseguir un Óscar al mejor actor protagonista.

Harvey Milk representa una visión muy actual de la política. La lucha de las bases ciudadanas contra los poderes establecidos.  La represión al colectivo homosexual en la Amércia de los años 70 y que, cuatro décadas después, sigue dando coletazos. Representa una visión de la política hecha desde la calle, no desde los despachos, desde las personas y no desde los escaños. Asume la derrota como oportunidad de crecimiento y hace de la lucha contra la represión una lucha que comparte todo espectador que vea la película, sea cual sea su opción sexual.

Sean Penn encarna un Harvey Milk que nunca baja los brazos, y hasta su trágico final, continúa con su implacable lucha por los derechos de los homosexuales.

Por lo general el buen cine sobre política, o te revuelve las tripas ante las injusticias o te hace sentir que, a pesar de todo, estamos en buenas manos. Y, sin duda, “Mi nombre es Harvey Milk” consigue ambas sensaciones. Muy recomendada.

 

DANIEL MANTERO es actor (Malviviendo, Obra 67, Flaman, Diamantino, La que se avecina, Cuéntame cómo pasó.)

 

4. JACINTO BOBO: NETWORK, UN MUNDO IMPLACABLE (SIDNEY LUMET, 1976)

network

 

 

Parece que la tele-política es el fenómeno de nuestros días. La irrupción de nuevos partidos como Podemos o Ciudadanos en el tablero de juego, unida a su fuerte presencia en televisión, ha hecho que el resto (“La Casta”) malentienda la estrategia y abochorne a la audiencia tratando de acercarse y demostrar que ellos también pueden ser divertidos y ocurrentes. Valga como muestra Antonio Miguel Carmona cantando por Dean Martin en QTTF de María Teresa Campos; efectivamente, amigos, no es Barack Obama, y mucho menos Dean Martin.

Mucho antes de esto, antes de Black Mirror y The Newsroom, Sidney Lumet consiguió con Network, un mundo implacable crear un universo en el que la vida de un hombre dependía de los índices de audiencia.  Más allá de un guión y unos personajes maravillosos, la película nos deja una pregunta que nos será de mucha ayuda en esta convulsa etapa: “¿Quién está dirigiendo esta cadena?” No sólo qué grupo empresarial está detrás de cada medio, sino quiénes son los accionistas de esos grupos. Porque eso explica por qué, por ejemplo, amanecimos un martes con la portada de los siete diarios de mayor tirada en este país llenas de publicidad del Banco Santander contando lo bien que le va a ésta, nuestra “generación encontrada”.

JACINTO BOBO es actor (Malviviendo, Obra 67, Asesinos inocentes, A quién le importa.)

No queremos cerrar este especial sin dar las gracias de corazón a los compañeros de Full Time, que tanto han confiado en nosotros y que tanto nos han aportado. Un verdadero placer.

 

 

No hay comentarios