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El viajante - El Palomitron

El cine se ha alimentado del teatro desde sus inicios, ya sea atrayendo a profesionales de la escena (entre ellos el genial Orson Welles), copiando la disposición de los actores y el uso de decorados o adaptando los grandes textos. Obras cumbres del séptimo arte han nacido de esta simbiosis, trasladando el material de formato sin perder la esencia. Dentro de ellas podemos distinguir un subgrupo que, en vez de narrar la historia marcada en la pieza, la adhieren al relato mediante un ejercicio de metaficción. Los personajes conocen la obra teatral, se identifican en ella y reaccionan en consonancia. Las acciones de Emad y Rana, protagonistas de El viajante, se ven influenciadas por The cow, de Gholām-Hossein Sā’edi, y La muerte de un viajante de Arthur Miller, ambas muy presentes en su vida diaria. Esta fricción entre realidad y ficción es el tema principal del filme.

Aparte de deleitar al espectador adepto a las cavilaciones sobre el medio, El viajante se puede disfrutar a otros niveles: en uno, es un thriller efectivo de cadencia pausada, más próximo al ritmo de Elle que a la interpretación hollywoodiense del término; en otro, es un relato construido sobre situaciones cotidianas que reflejan problemas estructurales. Así, Asghar Farhadi genera válidas reflexiones sobre las desigualdades de género y clase en el mundo actual. También cuestiona, en pequeños detalles, la necesidad de instituciones como el matrimonio o la policía. Sin embargo, no siempre es tan sutil: en la primera escena el piso de la pareja protagonista es demolido.

El viajante - Críticas en El Palomitron

Hay dos elementos claves que sustentan esta amalgama de lecturas y géneros: director y actores. El trabajo primordial de Asghar Farhadi (El pasado), director, productor y guionista en solitario, es equilibrar naturalismo con control de la imagen. Las situaciones deben parecer reales, pero sin perder de vista el tono y la dirección de la historia. Bajo nuestro punto de vista, no cabe duda de que lo consigue. Hasta los instantes más forzados del guion (premiado en Cannes) consigue sacarlos adelante mediante la puesta en escena. Otras veces esto sucede gracias a los intérpretes: Shahab Hosseini (tercera colaboración) y Taraneh Alidoosti (cuarta colaboración). El primero también ganó (de forma muy merecida) un premio en Cannes (el de Mejor actor) por su retrato de una bajada a los infiernos. De la misma forma que el protagonista de la obra teatral que explica a sus alumnos, lentamente se transforma en vaca. Irónicamente, el detonador de esta degradación moral es la obsesión de vengarse de un hombre que ya se encuentra en este estado. La segunda se quedó sin premio, pero no por falta de méritos. Su actuación es más introspectiva, se basa en los pequeños cambios de comportamiento después de una experiencia traumática.

Pese a verse envuelta de una polémica política, que ha allanado su camino a los Oscars, El viajante no es una película de tesis. Es cierto que contiene un sustrato ideológico, señala problemas, pero no busca culpables concretos. Los personajes viven sin códigos morales, hecho que provoca que las víctimas no sean respaldadas. Una en concreto es reemplazada, ignorada y humillada. Curiosamente, no aparece nunca en pantalla. Por otra parte, el que decide establecer cierta justicia pierde el norte y acaba dañando a los de su alrededor. 

Fotograma El viajante - El Palomitron

En resumen, un filme con muchas capas. Es válido tanto para amantes de las narraciones más experimentales (fusiona disciplinas), de la intriga y del cine social que invita a reflexionar. Aunque se puede gozar individualmente, la obra es más satisfactoria si la valoras en toda su complejidad.

LO MEJOR:

  • Es un visionado muy completo: thriller, política, costumbrismo…
  • La precisión y madurez de Asghar Farhadi.
  • El retrato del mundo entre bambalinas.

LO PEOR:

  • Que se considere sobrevalorada por su contexto político.
  • En cuanto a filme de suspense, a veces recorre caminos muy transitados.

Pau Jané

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