Compartir

La imaginación cobra sentido. El Palomitrón.

Por primera vez en la historia, el imaginario ideado por Antoine de Saint-Exupéry ha sido adaptado en forma de animación tradicional. El relato, publicado en 1943, ha sido contado numerosas veces, pero pocas han tenido buen tino a la hora de recrear este poético mundo, ya que abundan las proposiciones adaptadas al uso y de poco calado. La propuesta que llega a nuestras pantallas rompe con gran parte de sus antecesoras. La película, firmada por Mark Osborne, no es una adaptación al uso, ya que revisa la historia pero conserva personajes y situaciones características de la obra. Una vuelta de tuerca que homenajea al fallecido escritor.

Estupendas enseñanzas. El Palomitrón

Una mujer se muda con su hija a un típico vecindario metropolitano. La casa de al lado pertenece a un extraño y enigmático anciano, que enseña a la niña diferentes pasajes de la historia de El Principito que despiertan la imaginación de la adulta muchacha. El verano pasa entre sueños y enseñanzas, y la simpática protagonista aprenderá el significado de la aventura.

La trama principal es una excusa para comenzar a desarrollar el problema vital del vecino y viejo aviador (un personaje secundario que encarna al escritor del relato corto): debe reencontrarse con el principito después de muchos años separados. Para llevar a cabo semejante misión necesita la ayuda de su nueva vecina. Poco a poco, la niña descubre las enseñanzas que encierran las narraciones de El Principito (un aspecto fundamental para introducir a los principiantes y hacer recordar a los mayores cuáles son sus mejores pasajes) y consigue salir de su organizado y aburrido mundo adulto para ayudar a un idealista redomado que vive sus últimos días.

La aventura está servida. El Palomitrón.

La historia es sencillamente maravillosa: capta los símbolos que encierra la obra, acierta al plantear una historia nueva y no se ciñe exclusivamente al relato. El segundo tercio es especialmente impactante (por primera vez en la historia del cine podemos ver a un príncipe totalmente adulto) y consigue enlazar con los el primero y el último, con lo cual cierra perfectamente la trama.

En el universo conviven dos mundos muy diferenciados: el real y el imaginado. Ambos actúan por separado, pero poco a poco se irán entrelazando hasta formar un mundo completamente nuevo e independiente que rebosa ingenio.

Creador y creación. El Palomitrón.

Y es precisamente ingenio lo que abunda en la producción. Dos formas de animación conviven en total armonía durante la mayor parte del metraje: una de ellas, moderna y en 3D; la otra, más tradicional, basada en las ilustraciones hechas con acuarelas que ideó el propio Antoine de Saint-Exupéry para su libro. Para animar estos dibujos, han recurrido a la técnica stop motion. El resultado es impecable. Hans Zimmer, un asiduo a la hora de crear bandas sonoras animadas, compone la (gloriosa) música para esta cinta, como también hizo en su día con la de la trilogía Kung Fu Panda (cuyo director es el responsable también de la cinta que nos ocupa) o Madagascar.

El mundo adulto. El Palomitrón.

La película encierra una crítica a nuestra sociedad, al tedio que supone vivir inmersos en ella. Nos recuerda que no debemos olvidar al niño que llevamos dentro. Crecer está permitido, siempre y cuando no signifique estar sumergidos en un sistema que nos induce a vivir una vida de agobios cotidianos. Nuestra imaginación es una poderosa herramienta para sobrevivir y escapar a dicho sistema. Películas como esta son perfectas para hacer uso de nuestra imaginación. Viajar al mundo de Antoine debería ser obligatorio.

LO MEJOR:

  • No es una revisión al uso.
  • Recuerda los mejores pasajes de la novela e introduce interesantes novedades.
  • Su acabado es impecable.

LO PEOR:

  •  El personaje llamado El Príncipe.

 

Isabel García

No hay comentarios