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Desde que en 2002 dirigiese GANGS OF NEW YORK, el maestro SCORSESE no ha vuelto a  separarse de LEONARDO DI CAPRIO, un hábito que sólo ha quebrantado con LA INVENCIÓN DE HUGO (2011). EL LOBO DE WALL STREET es la quinta colaboración del cineasta con uno de los actores más listos y espabilados del Hollywood actual, un actor que supo ver en el TITANIC de CAMERON su pasaje en primera hacia el estrellato. El resto, su talento, viajaba ya con él hacía tiempo, porque si el lector no lo sabe DI CAPRIO ya había demostrado a todo el mundo su inmensa valía con filmes como QUIÉN AMA A GILBER GRAPE (LASSE HALLSTRÖM, 1993), VIDA DE ESTE CHICO (MICHAEL CATON JONES, 1993) y la sorprendente DIARIO DE UN REBELDE (SCOTT KALVERTT, 1995). Trabajar en TITANIC supuso para el actor una catapulta mundial que le abrió las puertas para trabajar con los mejores, y cuando decimos mejores no exageramos mucho: ALLEN, BOYLE, SPIELBERG, MENDES, SCOTT, EASTWOOD, NOLAN…y SCORSESE. Bendito el día que cruzaron su camino.

THE WOLF OF WALL STREET

EL LOBO DE WALL STREET traslada a la pantalla la vida de Jordan Belfort, un agente de valores sin escrúpulos que entre 1987 y 1998 levantó un imperio a base de vender acciones de pequeñas empresas, tan pequeñitas que no cotizaban, a ciudadanos de clase media americana, incautos que con una ignorancia total sobre el funcionamiento de los mercados se dejaban camelar con las promesas de dinero rápido y rentabilidad mareante que Belfort y su equipo supieron encajarles. Un imperio de excesos que amparándose en las reglas del capitalismo más salvaje llegó a facturar dos millones de dolares en sólo una hora. La película adapta las novelas escritas por el propio Belfort, en las que se recoge el auge de su imperio y su posterior hundimiento y desmantelación por parte del FBI, que le mando a la cárcel y le condenó a devolver cien millones de dólares a los pequeños contribuyentes estafados.

Recuperando el esquema narrativo de UNO DE LOS NUESTROS (1990) y CASINO (1995), MARTIN SCORSESE elabora un filme que engancha al espectador durante sus tres horas de metraje, tres horas de ritmo endiablado en las que el espectador será testigo del nacimiento, el esplendor, y la caída del imperio de Jordan Belfort, una suerte de Calígula del siglo XX que traspasó todos los límites de la moralidad imaginables. Auténticas orgías de primera división, consumo colectivo de drogas como si no hubiera un mañana, ausencia total de reglas cívicas… el día a día en las oficinas de Stratton Oakmon era una fiesta continua espoleada por el único dios que sus trabajadores reconocían e idolatraban: el dinero. La voz en off, ese recurso que se adapta como un guante al cine de SCORSESE, es la única guía que le queda al espectador para intentar encajar el festival de excesos que pueblan la pantalla. SCORSESE coloca la cámara donde le apetece y no hay prácticamente ningún encuadre que no esté estudiado. Estamos en la sala para ver, y sólo los detalles más explícitos, e irrelevantes, nos serán ocultados.

THE WOLF OF WALL STREET

Todas las situaciones que vemos en pantalla son reales, y si se ha faltado a la veracidad en su adaptación cinematográfica ha sido, aunque cueste creerlo, para suavizar los episodios que se describen con todo lujo de detalles en la novela, escenarios que han provocado más de un dolor de cabeza a SCORSESE y DI CAPRIO, que compraron los derechos de los dos libros, escenarios que son los responsables de que se haya tardado más de siete años en sacar adelante el proyecto. Y sí, puede que se bata un record con el uso de la palabra “fuck” en pantalla, pero hay que tener en cuenta que el idioma de Shakespeare no es tan prolífico como el nuestro, y el famoso “fuck” es casi una muletilla que puede cobrar mil y un sentidos según el contexto de la frase, algo que observaréis todos los que elijáis la V.O. o la V.O.S., muy recomendables ambas para disfrutar con los cambios de voz, los gritos, o los desvaríos psicodélicos de los protagonistas.

THE WOLF OF WALL STREET

En el plano interpretativo, SCORSESE arropa a un DI CAPRIO, que lo ha dado todo para llevarse por fin la ansiada estatuilla, con una galería de secundarios encabezados por un JONAH HILL, fiel escudero de Belfort, que resulta ser el acierto en casting del filme. Literalmente borda el papel, construyendo un personaje que se mueve entre la depravación más absoluta y la devoción, que no fidelidad, ciega por Belfort. MATTHEW MCCONAUGHEY, que aunque breve, disfruta de una intensa aparición en los primeros compases de la cinta para que no nos hagamos líos y sepamos dónde nos estamos metiendo,  KYLE CHANDLER y MARGOT ROBBIE (recientemente vista en UNA CUESTIÓN DE TIEMPO) cierran el universo Belfort con unas interpretaciones que terminan de redondear el producto.

EL LOBO DE WALL STREET es el mejor SCORSESE, el SCORSESE de siempre. El mejor director en activo si valoramos la solidez y calidad de cada uno de los títulos que conforman su filmografía.

 

LO MEJOR:

  • La narrativa de SCORSESE, capaz de pegarnos a la pantalla tres horas sin que protestemos.
  • Todo el reparto. Decir que la actuación de DI CAPRIO huele a Oscar es ser muy prudente.
  • La película está llena de secuencias impactantes y con vida propia. La escena de Belfort totalmente drogado intentando llegar hasta el coche para conducir hacia su casa y evitar un desastre es antológica.

LO PEOR:

  • Su duración, y no porque la sobre nada, sino porque sus tres horas pueden tirar para atrás a algunos espectadores. Os recomendamos que busquéis la butaca más cómoda para disfrutar la película.

 

Alfonso Caro

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