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La democratización de la información era una consecuencia inexorable. Desde que internet llegó a nuestras vidas, dando el salto de la esfera militar a la civil para desarrollar por completo todo su potencial, podemos hablar de una oferta informativa que hace solo un par de décadas era impensable. Y no nos confundamos, porque cuando hablamos de fuentes de información seguimos hablando de los mismos nodos (conglomerados corporativos de la sociedad de la información) que llevan décadas informando a la población mundial de lo que ellos estiman que tiene que ser noticia (Agenda-Setting), pero también tenemos que reconocer que el uso de la información que estos gigantes vierten en el día a día de los ciudadanos sí ha variado notablemente. Si hasta hace muy poco los foros de debate más allá de los propios medios de comunicación de masas (prensa escrita, radio o televisión) quedaban reducidos a encuentros de grupos de individuos que opinaban sobre los temas de actualidad con poquísima información añadida, y cuyas posturas y conclusiones apenas tenían resonancia en el resto de la sociedad en la mayoría de los casos, hoy en día, gracias a internet, estos foros de debate ya alcanzan una dimensión mundial. Personas de todos los rincones del mundo están listas para opinar sobre cualquier tema, para intercambiar información y para también organizarse en grupos de presión que puedan forzar un cambio o un retracto en las decisiones que tradicionalmente las esferas de poder han tomado sin tener en cuenta la voz del pueblo, y esto último ha pasado en más ocasiones de las que nos gustaría. Este nuevo escenario en el que la información fluye y se transforma para llegar a cualquier lugar ha sido posible gracias a internet y todas las herramientas que este avance (probablemente el más importante a todos los niveles de nuestra era) pone a nuestra disposición.

Y es que hoy en día podemos consultar la información cuando queramos y donde queramos. La popularización de los dispositivos móviles con conexión a internet ha facilitado nuestra independencia para consultar cualquier tipo de información estemos donde estemos. Y no solo eso, es que también podemos ser los mensajeros de una información que, enriquecida con nuestro propio punto de vista, se transforme en contenido original y legítimo. Internet se ha convertido en un vehículo para que todo aquel que quiera manifestar su opinión o punto de vista pueda hacer escuchar su mensaje en cualquier punto del planeta, e incluso iniciar relaciones con individuos que comulgan con su forma de pensar. Se acabaron las fronteras y las barreras físicas en la era de la información. Se acabó el oligopolio para dar paso a un torrente de páginas de información que ha puesto patas arriba el sector de los medios de comunicación, obligando a los grandes grupos a variar su modelo de negocio para subsistir en un escenario donde los medios tradicionales conviven con los medios más jóvenes y amateurs en la batalla de la información. Cada vez es más común escuchar a los que nos rodean que siguen a gurús de las finanzas, del marketing, de las tendencias, de la cultura… para complementar la información que emana de los medios generalistas, llegando en muchos casos a desarrollar una fidelidad hacia estos nuevos comunicadores mucho mayor que hacia los medios tradicionales.

El sector de los medios de comunicación cinematográficos no ha podido escapar tampoco a esta revolución global y ha experimentado profundos cambios en los últimos años. Un cambio orquestado por la irrupción de los medios digitales en el sector: Websites de cine, blogs o líderes de opinión (ahora se les llama influenciers porque en inglés todo queda mejor…) se han apuntado al carro y desde sus espacios han construido plataformas digitales para expresar y difundir su pasión por el séptimo arte. Los medios tradicionales se han visto obligados a ceder parte de su sitio a nuevos medios digitales menos profesionales (y entendemos como profesionales todos aquellos medios alojados en una estructura empresarial, con sus contratos, sus sueldos y demás tejido empresarial) que pese a sus limitaciones son capaces de competir, en algunos casos, en compromiso, calidad de contenidos y cinefilia con cualquier medio tradicional (y por tanto profesional) de comunicación. No sólo productoras, distribuidoras, exhibidores y demás agentes de la industria han entendido el importante papel que asumen estos nuevos canales de información, sino que también ha sido el propio público el que ha encontrado en estas opciones una alternativa muy potente que en muchos casos se ajusta mucho mejor a sus propios intereses.

El año pasado asistíamos al nacimiento de los Premios Feroz, aquellos que otorgan los informadores ciematográficos especializados de nuestro país, y lo hacían con un éxito que ni sus propios organizadores habrían contemplado en sus previsiones más optimistas. Este 2015 ha significado el afianzamiento definitivo para estos galardones, que ya son referente en la actualidad cinematográfica nacional. Los Premios Feroz eran necesarios y sólo había que esperar a que alguien se atreviese a dar el paso para que la prensa también tenga algo que decir a la hora de reconocer el trabajo de nuestros creadores. Y si los Premios Feroz eran necesarios, también lo son los Blogos de Oro, los premios que fallan los medios digitales más jóvenes, que espoleados por las facilidades de difusión en la era digital poco a poco se están convirtiendo en los espacios de consulta referencia para las generaciones de cinéfilos más jóvenes (y no tanto) de este país. Es muy probable que el propio relevo generacional natural termine por confirmar que la hegemonía de los medios tradicionales está ya muy cerca de perderse. 

Si en su primera edición, la de 2014, los Blogos de Oro reunieron a 66 blogs de cine, este año han sido cerca de 170 los medios digitales que han participado en las votaciones. Su número casi se ha triplicado, y la entrega de premios, realizada como no podía ser de otra manera a través de la red social Twitter, ocupó las primeras posiciones de tendencia en el popular canal durante más de cuatro horas el pasado domingo 29 de marzo. Todas las previsiones apuntan a que estos premios seguirán creciendo y la organización ya está preparando su 3ª edición, una edición en la que estamos seguros participarán muchos más medios digitales e incorporará muchas novedades que sumarán competitividad a la propuesta.

La industria, los escritores cinematográficos y los periodistas disfrutan ya de su momento para premiar los mejores trabajos e interpretaciones cada año. A esta oferta se suman ahora los blogueros de internet, que a través de la red comparten su pasión por el cine, convirtiendo su websites y sus canales sociales en verdaderos foros de debate abiertos a todo el público, donde todos los aficionados pueden opinar (y ser escuchados) bajo las premisas del diálogo y el respeto. Que estos medios tengan su propia voz es tan justo como necesario, pues no olvidemos que muchas de estas páginas realizan un trabajo diario realmente encomiable, generando contenidos de manera totalmente altruistas que muchas veces están a la altura de los generados por los tradicionales. Los actores de la industria lo saben, y por ello no dudan en contar con ellos para cubrir sus acciones. La importancia de estos medios digitales es cada día mayor y en su independencia y su influencia en redes reside una de sus mayores fortalezas. Y no, en contra de lo que unos pocos siguen obcecados en pensar, ni suponen (en ningún caso) una amenaza ni suponen (en la mayoría de los casos) un desprestigio para el sector. Tan solo son la consecuencia inevitable de la libertad de información en esta era digital.

Si los Premios Feroz llegaron en 2013 para quedarse, Los Blogos de Oro caminan por la misma senda, y no será nada difícil (ni descabellado) apostar por el futuro de estos premios, que representan un espectro de pequeños medios digitales que cada crece más, que cada día mejora sus contenidos, y que cada día tiene más fuerza.

 

Alfonso Caro

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