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El cine, entre sus muchos aspectos a destacar, se caracteriza por encontrar esa parte de cada uno que se identifica con algún elemento que aparece en la gran pantalla. Sea en la película que sea. No importa si lo que estamos viendo es un largometraje intimista enmarcado en un mundo de ciencia ficción. El espectador más atento encontrará un rincón del argumento con el que se sentirse totalmente reflejado, a pesar de la disparidad con la realidad que extraiga de este. Sin embargo, y de forma general, la identificación del público con una película se produce de forma mucho más sencilla y menos rebuscada, empezando por las historias humanas y con una base realista que va más allá de la pantalla. Probablemente, sea este tipo de cine y no el fantástico intimista el que logre una mayor empatía con los espectadores lo que, sin duda, es un elemento prácticamente indispensable para lograr el éxito argumental de un largometraje.

 

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LETICIA DOLERA encuentra con REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL la forma de lograr dicha identificación del público sin alejarse de su propio objetivo. El debut de esta actriz y directora resulta tan satisfactorio que, incluso aquel que no sienta que el estilo de esta película es el suyo, puede disfrutarla de la misma forma que el resto dada la sencillez y la naturalidad de las premisas que plantea. El gran acierto de LETICIA DOLERA en su ópera prima reside en la búsqueda de sinceridad narrativa, obviando aspectos que no han de ser destacados para centrar la atención del espectador en la simple descripción de una parte de la vida de la mayoría, aquella que dedicamos al encuentro de la propia personalidad a través de varios tropiezos que, con la distancia, encontramos incluso divertidos. Por supuesto, el humor es la pieza fundamental de este largometraje. No olvida el drama del que nace cualquier tragicomedia que, más que ayudar al crecimiento narrativo, distancia al espectador del eje principal y, sin embargo, en conjunto parece que estos pequeños abismos dramáticos encajan perfectamente con el resto de los hechos que ocurren en pantalla.

 

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La fuerza que se desgrana de REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL la encontramos no solo en la parte argumental, sino en un estilo pop, colorista y divertido al que el cine patrio apenas nos tiene acostumbrados. De esta forma, no esconde unas influencias cinematográficas que resultan evidentes y, en gran parte, necesarias para el buen funcionamiento de la película. Así, extrae de directores como WES ANDERSON (EL GRAN HOTEL BUDAPEST, 2014) o películas como AMELIE (JEAN-PIERRE JEUNET, 2001) el modo de encajar en un mismo marco cinematográfico espacios imaginativos con situaciones que resultan tan ridículas como realistas. La destreza de LETICIA DOLERA  a la hora de dirigir le ha resultado más que útil para crear una obra que, a pesar de todos los adornos estilísticos que hacen de este largometraje lo que realmente es, sigue creyendo en la sencillez y en la cordura narrativa, ofreciendo una construcción que encuentra en el buen humor y en el buen gusto su principal característica. La sorpresa de REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL la encontramos prácticamente durante todo el trascurso de la película. Y, sin embargo, es la parte interpretativa la que da a conocer referencias que probablemente no debamos olvidar. Así, aparte del protagonismo concedido a LETICIA DOLERA, es inevitable destacar la interpretación tanto de MANUEL BURQUE como de MIKI ESPARBÉ (PERDIENDO EL NORTE, 2015), dos roles que hacen del conjunto interpretativo un elemento más a señalar de una película en la que apenas existen tropezones de algún tipo.

REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL es un ejemplo de cómo el cine de nuestro país realmente no se estanca en un solo estilo o en una sola referencia, sino que explora diferentes facetas cinematográficas logrando brillantes resultados. Y no solo eso. Supone la primera incursión de LETICIA DOLERA en el largometraje, explotando su propio estilo, plasmando su propia personalidad y ofreciendo al espectador una mezcla de comedia, realidad y empatía, y el resultado no podría ser más satisfactorio.

 

 

LO MEJOR:

  • La originalidad y el humor con el que se trata la historia.
  • El estilo encaja perfectamente con las intenciones que tiene el argumento.
  • Los personajes secundarios resultan prácticamente sobresalientes.

LO PEOR:

  • Las referencias estilísticas resultan, en ocasiones, bastante evidentes.
  • El tono en el que se enmarca la película puede saturar a aquellos espectadores que no estén familiarizados con este tipo de expresión.

 

 

Sheyla López

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