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Escribir sobre un director tan complejo en su forma y en su discurso como es LEOS CARAX no es fácil. Su condición (puede que autoimpuesta u otorgada por la crítica) de heredero de JEAN-LUC GODARD no añade ningún tipo de facilidad a la hora de desgranar su intrincado cine. Aunque su película más compleja e inabarcable quizá sea HOLY MOTORS, todo su cine es claramente diferenciable; funciona con arranques de ira o pasión, renqueando; acelerando y frenando imágenes, sonido y discurso por igual.

MALA SANGRE, segunda película del realizador (estrenada allá por el año 1986), cumple todas estas características y distorsiona un relato criminal de cine negro para convertirlo en un inclasificable tour que sigue las andanzas de un jovencísimo DENIS LAVANT en el transcurso de un golpe criminal a una empresa farmacéutica.

Es curioso como todo el plantel de la película es realmente conocido en la actualidad a pesar de que en el año 1986 eran todos muy jóvenes. En MALA SANGRE tenemos a unas jovencísimas JULIE DELPY y JULIETTE BINOCHE así como el ya mencionado DENIS LAVANT, actor fetiche de LEOS CARAX y que en su adolescencia ya tenía esa mirada indescifrable y esa sordidez que le caracteriza.

 

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Es la relación de este joven delincuente al que da vida DENIS LAVANT con las dos mujeres interpretadas por DELPY y BINOCHE el verdadero motor de esta cinta criminal. Si bien su argumento puede dar pie a pensar que CARAX quería narrar un golpe delictivo, esto solo sirve como una suerte de macguffin, dejando el peso de la película a las crípticas conversaciones que mantienen estos tres personajes, sobre todo LAVANT y BINOCHE.

No obstante, el verdadero acierto de la película es más visual que discursivo y es que, cuando CARAX abandona esos indescifrables diálogos y opta por escenas o momentos más directos o visuales, logra maravillosos hallazgos y dota de gran potencia a la película, aunque sólo sea durante unos minutos. Al final, el desarrollo salta por igual de momentos más pausados, en los que ambos personajes mantienen interminables debates a estas escenas, imprescindibles para entender a los personajes y que en cierto modo son las que convierten al cine de CARAX en algo tan enérgico.

 

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Si recordamos en HOLY MOTORS la impresionante escena de la iglesia, con ese grupo de acordeonistas tocando, podemos encontrar una contrapartida en MALA SANGRE en la que DENIS LAVANT salta, corre y se convulsiona al ritmo de MODERN LOVE, de DAVID BOWIE. Estos retazos de cine tan puros y enérgicos, donde sólo existen imagen y sonido son, probablemente, los más destacados en el cine de CARAX. Quizá no resulta tan interesante, sin embargo, el discurso de la cinta pero sí es cierto que éste, por ser tan complejo, puede necesitar más de una revisión. Y es que CARAX hace, en cierto modo un cine único e inabarcable, que puede decir todo o no decir absolutamente nada dependiendo del espectador.

Quizá MALA SANGRE no enamora, pero sí que consigue conquistar al público. Defectuosa y a la vez tremendamente pulida, es una muestra más de que algunos genios y privilegiados tienen la capacidad de trasladar su subconsciente un formato cinematográfico, plasmarlo en forma de imágenes y sonidos.

 

 

LO MEJOR:

  • El increíble talento en la dirección de CARAX y su capacidad para crear momentos y situaciones arrebatadoras.
  • Cine en una de sus formas más puras.

LO PEOR:

  • Cuesta aferrarse y no perder el hilo de las interminables conversaciones y discursos de la película.

 

 

Guillermo Martínez

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Intento de físico que descubrió demasiado tarde que el cine era su pasión. Desde entonces, compagino la carrera con el séptimo arte (el arte que más alegrías me ha dado). Desde los clásicos hasta el cine más actual, todo ha trascendido la mera afición para convertirse casi en una forma de vida. Y qué mejor forma de disfrutar algo tan grande que poder escribir sobre ello.

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