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ANDREW HAIGH se ha erigido (por derecho propio y a pesar de su corta filmografía) como uno de los máximos exponentes de un cine que trata únicamente sobre los personajes y sus sentimientos, despojado de cualquier tipo de artificios externos (visuales o narrativos), de tal forma que el centro de gravedad de la película son siempre las relaciones entre los protagonistas. Relaciones ásperas, dolorosas, a flor de piel. Duelen porque son honestas, reales, mil veces vistas en el cine, pero contadas como casi nunca.

Esta pequeña introducción es necesaria para entender el triunfo de este director, no ya en 45 AÑOS, sino también en su anterior película, WEEKEND. Ambas son dos relatos de pareja, muy distintos (casi opuestos), pero narrados de la misma forma y con similar estructura: la descomposición de una relación consagrada (45 AÑOS) o de una inexistente (WEEKEND). Dos formas opuestas de ver lo mismo.

 

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Pero es en 45 AÑOS donde ANDREW HAIGH ha conseguido un mejor trabajo; por una parte, más maduro y cinematográfico; por otra, menos visceral, pero igualmente dramático. Lleva el propio drama a donde menos se esperaría, a una relación en la etapa más tranquila de la vida: la vejez. Cuando todas las pasiones y deseos permanecen ya enterrados en el pasado, o en la propia tranquilidad de los años de senectud, 45 AÑOS hace explotar la idílica vida de una pareja de jubilados cuando el marido descubre que el cuerpo de un amor de juventud, fallecido en la montaña, ha sido encontrado 50 años después. Este hallazgo desencadenará la regresión del personaje hacia un pasado inalcanzable y frustrado, y en esa regresión se llevará por delante la confianza de su mujer, asaltada por el terror y las dudas al ver que su amor ha sido corrompido por un recuerdo, justo cuando se acerca la celebración del 45 aniversario de su matrimonio.

45 AÑOS es una película de dos personajes. El de Geoff está brillantemente interpretado por TOM COURTENAY (LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO, DOCTOR ZHIVAGO), pero es el trabajo de la mujer, Kate, a la que da vida CHARLOTTE RAMPLING (MELANCOLÍA), el que se llevará todos los aplausos. No solo lleva el peso del propio drama de la película, sino que se adapta perfectamente a esa narración tan dramática y, a la vez, tan soterrada bajo la normalidad; CHARLOTTE RAMPLING evoluciona tan sutilmente como su matrimonio, que se desmorona. Lo que es curiosidad se transforma en duda; la duda, en miedo; el miedo, en pánico, y el pánico, en tristeza y resignación.

 

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Hay un par de escenas que rompen un poco con esa progresión tan suave e inevitable de la cinta: son dos puñaladas al personaje femenino y dos ejemplos del buen hacer en la dirección de ANDREW HAIGH, que consigue desmontar a unos personajes a partir de un relato mínimo, sustentado en momentos tan impresionantes como estos y, a la vez, en una turbia cotidianidad.

Tan bien medido está el drama en la película que, a veces, parece demasiado calculado. No es en absoluto artificial, pero la propia estructura temporal de la película encorseta, en cierto modo, su evolución, haciéndola no todo lo natural que podría ser. Es una pieza de joyería, tallada con mucho mimo y talento, preocupada, ante todo, por hacer progresar como debe un drama tan medido como este. 45 AÑOS es una pieza de ingeniería cinematográfica que se las apaña para no perder ni un ápice de su alma ni su honestidad. Brillante.

 

 

LO MEJOR:

  • Impresionante trabajo de CHARLOTTE RAMPLING y TOM COURTENAY.
  • Drama maravillosamente contado y medido.
  • Un trabajo de dirección y narración muy sincero.

LO PEOR:

  • Da la sensación de que, quizá, esté todo demasiado calculado para darle sentido a la premisa.

 

 

Guillermo Martínez

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