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Bette Davis El PalomitronCualquier excusa es buena para recordar a una de las actrices más importantes de la historia del cine. El estreno de Feud: Bette and Joan nos invita a repasar una filmografía lejos de ser perfecta (recordemos que en aquella época los actores estaban obligados por contrato a participar en lo que sus respectivas productoras decidiesen), pero plagada de grandes películas y personajes que han forjado una de las mayores leyendas de Hollywood. A Bette Davis nunca le ha importado lo que el público pensase de ella, y buena prueba de ello es el extenso arco de personajes decadentes, libertinos, independientes y adelantados a su época a los que dio vida.

Ganadora de dos Premios de la Academia por Peligrosa (1935) y Jezabel (1938), a continuación repasamos las 10 (+1 no oficial) nominaciones al Oscar que ha tenido la popular actriz basándonos en su calidad interpretativa y con un carácter claramente orientativo y, por supuesto, subjetivo.

11. La estrella (The Star, Stuart Heisler, 1952)

Bette Davis La estrella El Palomitron

Tras el gigantesco éxito de la célebre El crepúsculo de los dioses, no fueron pocos los guionistas que intentaron repetir la fórmula en multitud de películas que ya nadie recuerda. En La estrella, Davis interpreta a la ex estrella del celuloide Margaret Elliot, una actriz venida a menos que busca regresar por todo lo alto al único mundo que conoce. ¿El gran aliciente? Ver a la histórica actriz emborrachándose con su Oscar mientras pasea con su coche por Hollywood Boulevard.

Davis conseguía su décima nominación al Oscar por interpretar a una actriz anclada en el pasado (atención a su momento como vendedora de El Corte Inglés) que tenía demasiados puntos en común con la propia intérprete (ambas se emborrachaban, tenían un carácter temperamental y mangoneaban a sus directores), aunque también diferencias importantes (a Davis jamás le importó su apariencia en las películas, y esta Margaret Elliot está obsesionada con parecer lo más joven y sexy posible). “A mí me gustó; al público, regular”, afirmaba la actriz años después.

 

10. El señor Skeffington (Mr. Skeffington, Vincent Sherman, 1944)

Bette Davis El señor Skeffington El Palomitron

El señor Skeffington trata sobre una hermosa joven cuyo hermano comete un fraude bursátil y se ve obligada a casarse con el millonario Skeffington del título, amargándole la vida durante un buen puñado de años. Davis interpreta a esa radiante joven que cada mañana tiene a varios pretendientes camelándosela y que, con complejo de Cher, no concibe el paso del tiempo sobre su rostro cuando se hace anciana. Por mucho que nos sorprenda, la vital interpretación de Davis sí nos hace creer que pueda ser una sex symbol de la época, pero es en la última parte de la cinta cuando su interpretación se resiente debido a la espantosa prótesis con la que simula su vejez.

Si bien la cinta estuvo firmada por Vincent Sherman, cualquier diario de rodaje confirmaría que la verdadera directora fue la propia Bette Davis, que exigía cambios de diálogos, suprimía las escenas que no le convencían y hasta ordenaba qué planos rodar. El gran magnate de la Warner escribió a los guionistas y les dijo que los retrasos en el plan de rodaje se debían “a que la directora Bette Davis trabaja despacio“. Tras una grabación en la que todo el equipo acabó exhausto de su tozudez y exigencias, Davis logró una nueva nominación al Oscar, que perdió en favor de Ingrid Bergman por la notable Luz que agoniza.

 

9. Peligrosa (Dangerous, Alfred E. Green, 1935)

De forma poco sutil, un grupo de hombres sentados alrededor de una mesa nos introducen al comienzo de Peligrosa a Joyce Heath, una actriz (de nuevo) en horas bajas debido a su mala suerte. Minutos después aparece en pantalla interpretada por una Bette Davis ebria de vino y tics que nos enseñó lo difícil que es parecer borracho sin caer en el ridículo (Emily Blunt, no te olvidamos). Más tarde asistimos a una poco convincente historia de amor en la que un hombre ejerce como tabla de salvación (cómo no) intentando relanzar su carrera a la par que llevársela al catre. Poco se puede reseñar de una interpretación lastrada por un guion poco lucido, pero en Peligrosa encontramos un puñado de momentos que demuestran el enorme potencial que, años más tarde, la convertiría en leyenda.

A pesar de estar orgullosa de un primer Oscar que supuso un gigantesco paso adelante en su incipiente carrera como actriz, Davis confesó en sus memorias que aquel reconocimiento le pareció un premio de consolación por haberla ignorado el año anterior con Cautivo del deseo. En su opinión (y en la nuestra también), la Katharine Hepburn de Sueños de juventud era quien debería haberse llevado la estatuilla aquel año. Cuesta creer que en una carrera llena de grandes personajes e interpretaciones, Peligrosa le haya valido uno de los (solo) dos Oscar que la Academia le proporcionó.

 

8. La extraña pasajera (Now, Voyager, Irving Rapper, 1942)

Bette Davis La extraña pasajera El Palomitron

La reprimida Charlotte Vale de Bette Davis poco o nada tiene que ver con los papeles que interpretó antes y después. Los primeros 20 minutos de La extraña pasajera bien podrían ser una precuela de Yo soy Betty, la fea, en la que descubrimos a una Davis más fea que nunca (ese “pelo rata”, esas cejas, esa ropa extragrande), nacida de penalti (esto es importante en el argumento) y maltratada psicológicamente por una madre autoritaria que la considera de su propiedad. A continuación asistimos a su proceso de “reinserción” tras pasar unos meses en un sanatorio e ir a la peluquería.

Si bien es cierto que la última media hora de La extraña pasajera no está para nada a la altura del resto del metraje, la extraordinaria labor de Davis (es una actriz totalmente diferente durante la primera mitad de la cinta) consigue que mantengamos el interés en su viaje de autodescubrimiento. Este melodrama le proporcionó a Davis su séptima nominación al Oscar (que perdió a favor de Greer Garson por La señora Miniver) y ostenta el título de ser la película más taquillera dentro de la filmografía de la actriz norteamericana.

7. Amarga victoria (Dark Victory, Edmund Goulding, 1939)

Bette Davis en Amarga victoria - El Palomitron

En Amarga victoria, a Judith Traherne, una joven de 23 años (porque Bette Davis no solo ha interpretado a señoras al borde del colapso), se le diagnostica un tumor cerebral. Su doctor (y posterior amante) y su mejor amiga le ocultarán que no hay cura posible para dejarla vivir en paz sus últimos días. Es en el primer reconocimiento médico cuando Davis se mete al espectador en el bolsillo: la alegría y seguridad de su personaje se entremezclan con una terrible sensación de que nada va bien. Porque Judith tarda más de una hora de metraje en descubrir lo que le pasa, pero la sutil interpretación de la actriz nos muestra, ya desde el comienzo, unos gestos y expresiones melancólicas que nos dan claras evidencias de que, en su interior, lo sabe desde mucho antes.

La actriz recordaba el rodaje como uno de los más complicados de su carrera. Su vida sentimental estaba destrozada y, según el propio director, había comenzado a rodar mental y físicamente enferma. Tras unos pocos días de grabación suplicó que le diesen el papel a otra actriz, y se mostró muy descontenta con varias de sus secuencias: “Yo no era la chica de Amarga victoria. Era Bette Davis llorando por mi propio dolor“. Un año después de haber ganado el Oscar por Jezabel, Davis se quedó a las puertas, siendo derrotada por Vivien Leigh en la mastodóntica Lo que el viento se llevó.

 

6. La carta (The Letter, William Wyler, 1940)

Bette Davis en La carta - El Palomitron

La quinta nominación al Oscar de Davis se produjo de la mano de William Wyler en una de las películas favoritas de la propia actriz. Basada en la obra de teatro de Somerset Maugham, La carta cuenta la historia de Leslie Crosbie, quien declara legítima defensa tras asesinar a un hombre en su plantación. Sin embargo, la misteriosa aparición de una carta revela nuevos detalles que dan un giro al transcurso de los acontecimientos. El impasible rostro de Davis nada más comenzar la cinta, cuando vacía el cargador del revólver sobre el pecho de su víctima, nos descubre otro malvado personaje para la amplia colección de la actriz. ¿Fue merecida su nueva nominación a los premios más prestigiosos de Hollywood? Rotundamente sí. El estupendo plano secuencia en que miente a su abogado sobre la carta nos descubre en apenas cuatro minutos una enorme variedad de registros dramáticos que la dibujan, de nuevo, como una femme fatale desesperada.

El célebre director consideró que el personaje de Davis era demasiado mezquino y el público no conectaría con ella, por lo que filmó varias escenas para un final alternativo que finalmente no vio la luz, pues la actriz le hizo entrar en razón: “Si filmamos eso, perderemos al público inteligente. Es imposible complacer a todo el mundo en cada película”. Amén, hermana.

 

5. La loba (The Little Foxes, William Wyler, 1941)

Bette Davis en La loba - El Palomitron

Espero que te mueras. Espero que te mueras pronto. Estaré esperando a que te mueras“. Basada en una obra teatral sobre una mujer que conspira contra su propia familia para lograr una riqueza mayor, La loba le brindó a la actriz otra estupenda oportunidad de lucimiento como la avariciosa y prepotente Regina Giddens, papel en el que representa a la mayor villana de su filmografía. Un guion que le permite lucirse en infinidad de ocasiones (recordemos esa magistral secuencia en la que observa impasible cómo su marido sufre un infarto) y una dirección meticulosamente planificada hacen de La loba no solo una gran película, sino también otra interpretación memorable de la legendaria actriz.

La loba logró 9 nominaciones en los Oscar, pero se fue de vacío. Davis logró ser nominada a Mejor actriz por cuarto año consecutivo (para que luego hablemos de Meryl…), pero fue derrotada por Joan Fontaine en Sospecha. El rodaje de la cinta estuvo marcado por un montón de crisis nerviosas por parte de la actriz que la obligaron a ausentarse varios días, y por la muerte de su padre.

 

4. Jezabel (Jezebel, William Wyler, 1938)

Bette Davis en Jezabel - El Palomitron

Jezabel fue un personaje bíblico que asesinó a varios profetas y el Señor decretó que los eunucos debían arrojarla por una ventana para que los perros devorasen su cadáver. El título de la cinta de Wyler resulta ciertamente engañoso: la Davis que da vida a esta Jezabel cinematográfica (en realidad el personaje se llama Julie Marsden) es caprichosa, egoísta, manipuladora y llega tarde a sus propias fiestas, pero no es ningún Anticristo. La actriz demuestra todo su carisma en secuencias como la del baile al que todas las mujeres solteras deben asistir vestidas de blanco y ella llega con un despampanante vestido rojo: sus miradas de regocijo y superioridad ante el resto de invitados sirven para perfilar la psicología de un personaje adelantado a su tiempo que más tarde vivirá su inevitable evolución psicológica a través de una cruel expiación.

Tan solo tres años después de haber logrado su primer Oscar, Bette Davis conseguía su segunda y última estatuilla por su primera colaboración con William Wyler. La actriz confesaría años más tarde que, gracias al director, no solo comenzó a participar en cine taquillero, sino que también aprendió a dominar su tempo dramático. “Me decía que debía relajarme. Me decía que hay escenas importantes, pero que no todas los son, y que debía aprender a no actuar siempre con el mismo registro, como si mi vida dependiese de ello“. Confesó también lo orgullosa que estaba de la película: “El Oscar que gané por Jezabel fue merecido. La alegría de ganar mi segundo Oscar solo quedó ensombrecida por el hecho de que la Academia no concediese a Willy el de Mejor director. Mi interpretación salió de sus manos. El guion salió de sus manos. Jezabel es una película estupenda. Y fue todo obra suya“.

 

3. Cautivo del deseo (Of Human Bondage, John Cromwell, 1934)

Bette Davis en Cautivo del deseo - El Palomitron

La primera secuencia en el restaurante da todas las claves sobre Mildred, el personaje de Davis: una camarera ansiosa de encontrar a un hombre poderoso para darse a la buena vida, y que es el anticristo en persona con cualquiera que se cruce en su camino y no le interese. Philip (Leslie Howard) se enamora ciegamente de semejante monstruo, y ella, aprovechando la ingenuidad del joven estudiante, le manipula hasta sacarle hasta el último cuarto. En realidad Cautivo del deseo trata sobre él, un hombre ciegamente enamorado que, ante cada nuevo desplante, se da cuenta de que sería mucho más feliz lejos de esa mujer y se esfuerza por pasar página, pero que lo abandona todo cada vez que ella (por su interés) vuelve a él. A pesar de su juventud (en aquella época apenas tenía 25 años), Bette Davis da un recital sobre cómo interpretar a un personaje manipulador, indefendible, nauseabundo y sin un solo rasgo positivo en una cinta poco conocida pero que suponía una de las cimas de su carrera. Atención al momento en que Phil le pide matrimonio. Ahí está el diablo.

Esta primera nominación de Davis al Oscar fue una rareza en la Academia. La actriz suplicó al jefazo de la Warner que rescindiese su contrato para poder participar en la cinta y que su carrera se consolidase por fin. Jack L. Warner accedió únicamente porque pensaba que ella fracasaría en su intento de lograr ser una actriz de prestigio, pero cuando el nombre de Davis sonaba entre los favoritos para las nominaciones, él inició una campaña de desprestigio. Como siempre, el pez grande se come al chico, y las influencias de uno de los hombres más poderosos de Hollywood surtieron su efecto y ella no logró la esperada nominación. Un montón de voces se alzaron a favor de la actriz y el presidente de la Academia la declaró, por primera y única vez en la historia, como una candidata al Oscar, a pesar de no estar oficialmente nominada. A partir del año siguiente las nominaciones se decidirían por los miembros de la Academia de cada especialidad, y no por un pequeño comité, como había sucedido hasta entonces.

2. ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, Robert Aldrich, 1962)

Bette Davis en ¿Qué fue de Baby Jane? - El Palomitron

La última nominación que consiguió Bette Davis en los premios más prestigiosos de Hollywood fue de la mano de Robert Aldrich y del más icónico personaje de su carrera: Jane Hudson, un juguete roto que no ha sabido reconocer que sus quince minutos de gloria quedaron muy atrás, y que se encarga de cuidar (y atormentar) a su hermana, postrada en una silla de ruedas. Davis conseguía lo imposible con Baby Jane: empezamos odiándola, luego la temimos y al final nos compadecimos de ella. Momentos tan caricaturescos como Baby Jane vestida igual que en su niñez (y maquillada con la escopeta de Homer Simpson) cantando su one hit wonderI’ve written a letter to daddy” o un final híbrido de El crepúsculo de los dioses hicieron de su grotesca interpretación una de las mejores y más recordadas de su carrera.

El morbo de ver juntas en pantalla a dos gigantes de Hollywood en horas bajas y que se habían odiado durante toda la vida acrecentó la curiosidad del público por ¿Qué fue de Baby Jane? y acabó convirtiéndola en una de las películas más taquilleras de aquel año. La posterior nominación de Davis y el (injustísimo) ninguneo a Joan Crawford acrecentó todavía más el rencor: según el libro Bette & Joan – The Divine Feud (Shaun Considine, 1989), esta última hizo campaña en contra de su compañera de reparto y, en su absoluta desesperación, se ofreció a otras candidatas (incluida Anne Bancroft, que partía como favorita y no podía acudir a la gala) para recogerlo en su nombre. Al final Crawford subió, victoriosa, a recoger el codiciado galardón que, efectivamente, había recaído en manos de la protagonista de El milagro de Anna Sullivan. Suponemos que Davis, desde su asiento y en shock al ver a su archienemiga en el escenario, debió de apretar bien fuerte los puños.

1. Eva al desnudo (All About Eve, Joseph L. Mankiewicz, 1950)

Bette Davis en Eva al desnudo - El Palomitron

Es complicado escoger una de entre todas las grandes interpretaciones que nos ha dado Bette Davis a lo largo de su extensísima carrera, pero probablemente la Margo Channing de Eva al desnudo sea la cúspide de una filmografía que ha permitido a la actriz brillar en infinidad de escenarios. Un guion afiladísimo, unas interpretaciones prodigiosas y una potente dirección de Joseph L. Mankiewizc han convertido a la película en un incuestionable clásico atemporal.

Como reconocería Davis años más tarde, Eva al desnudo supuso una vuelta a lo grande tras unas cuantas (bastantes) películas fallidas. Su papel como (inconsciente) mentora de una trepa que solo quiere medrar como actriz pisoteando a cualquiera que se interponga en su camino está plagado de enormes momentos de lucimiento (la fiesta, la cena, la despedida final) que no hicieron más que engrandecer todavía más la leyenda.

Si bien la película arrasó en los Oscar (entre sus seis estatuillas cuenta con las de Mejor película, director y guion), la actriz se fue de vacío en un año imborrable para la historia del cine. Tanto Davis como Anne Baxter (la no tan mosquita muerta Eva del título) o Gloria Swanson (El crepúsculo de los dioses) ofrecieron unas interpretaciones que han trascendido a su tiempo y forman parte de la cultura popular. Sin embargo, el codiciado Oscar a Mejor actriz se lo llevó la novata Judy Holliday por Nacida ayer, en una de las mayores sorpresas de la historia de estos premios.

 

El próximo lunes 6 de marzo, apenas un día después de su emisión en EE. UU., llegará a la plataforma HBO España el primer episodio de Feud: Bette and Joan, miniserie de 8 capítulos inspirada en el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? donde la ya latente enemistad entre Bette Davis y Joan Crawford estalló definitivamente, dando lugar a cientos de anécdotas que serían recogidas en multitud de publicaciones y harían las delicias de los mitómanos más hambrientos de los circos mediáticos. Es ya definitivo que la nueva serie de Ryan Murphy ayudará a las nuevas generaciones a conocer la famosa cinta de Robert Aldrich, y solo nos queda esperar que estas se interesen también por el resto de la filmografía de esos dos monstruos interpretativos.

 

Jose Cruz

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