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MALAGA100La edición del festival de Málaga este año ha servido para afianzar el gran contraste que se está produciendo en el panorama cinematográfico español, producto de una crisis salvaje que está afectando a todos los segmentos de la sociedad, y en especial, y en gran parte debido a la pasividad del gobierno y el Ministerio de Cultura, de cara al sector del cine.

Hace pocas semanas asistíamos a la desalentadora noticia del cierre de ALTA FILMS, una distribuidora decana del cine en nuestro país. Este panorama está provocando que los que tienen la suerte de rodar cine amparados por la maquinaria tradicional, vean con recelo como las nuevas fuentes de financiación logran sacar adelante proyectos otrora imposibles. Éste recelo no es miedo a la nueva competencia, ni a la desbordante calidad de sus propuestas, sino miedo a que el sector identifique en estas herramientas nuevas alternativas  un instrumento que consiga más rentabilidad que las aparatosas, caras, y elitistas vías tradicionales; y digo elitistas porque éstas últimas están reservadas sólo a unos pocos.

El cine hecho con medios pugna con un nuevo cine hecho prácticamente con dos duros, si jugamos a las comparaciones; es comprensible, lógico, y totalmente defendible. Es el juego del rey de la montaña, la posición de ventaja de la que sólo unos gozan es el anhelo de una turba de creadores que amenaza con desestabilizar su castillo de poder y fama. Y es precisamente ahora cuando el público, más educado que nunca, exige y clama por un cine hecho con medios, pero también de calidad y frescura, los adalides de los nuevos creadores, los condenados a reunir presupuestos ínfimos a través de esas ONGS contemporáneas  y globales que son las plataformas de crowdfunding, por poner el ejemplo más conocido, cercano, y en boca de todos los que presumen de saber de qué va el tema.

Es cierto que ya les gustaría a estos nuevos creadores disponer de un par de millones de euros para afrontar los proyectos, y por eso me asalta la duda: ¿se habrían rodado productos tan refrescantes como CASTING, o tan hipnóticos como STOCKHOLM si sus presupuestos hubiesen sido más holgados? ¿A más presupuesto y mayor implicación, por tanto, de todos los actores que toman partido en la gestación de una película de ésta naturaleza, y hablo de productores, productores asociados, distribuidoras, actores de primera línea…, se habrían contado las mismas historias y de la misma manera?  Eterna duda que me asalta y por mucho que lo ponga en común siento que lo nunca tendré claro, hasta que no viva la experiencia de primera mano, cosa que está muy lejos de que pase.

El jurado ha premiado a la industria tradicional, pero no ha podido evitar reconocer el talento que los jóvenes creadores han desplegado estos días, llamada de atención de alguna manera a la élite, que lejos de acomodarse, tiene que escuchar hoy más que nunca al público. No se puede hacer el cine que a ellos les gusta, hay que hacer el cine que pide el público, y esto debe ser una norma necesaria y vital no ya sólo para mantener la industria de la que ellos hablan, sino para crear una verdaderamente conectada con los gustos del público, que es el que en verdad tiene la llave en la mano.

COMBUSTIÓN se hunde en taquilla en su primer fin de semana, con unos escasos 0,3 millones de euros de recaudación. Un tortazo que no hace más que confirmar que sin una calidad mínima, aquí no hay nada que hacer. Y sí, la culpa la tiene el IVA, la retirada de subvenciones por parte de las cadenas, las políticas de estos o aquellos, todo es acertado, pero no es definitivo. La solución es hacer buen cine, cine hecho con pasión, cine que conecte con el público, cine que garantice al público entretenimiento, ya sea radiografiando situaciones vividas por todos, ya sea presentando mundos y posibilidades que ayuden a evadirse del frío gris que nos rodea cotidianamente.

Así que no nos pongamos divos, y aprovechemos las oportunidades que tenemos al alcance de la mano, porque de lo contrario el buen cine que uno estaba señalado para rodar se convertirá en una obra intranscendente, fácilmente olvidable, y lo que es peor, etérea.

Así que examen de conciencia para algunos (que no son todos los que están en esa posición privilegiada) y otro café solo, y los que haga falta, al resto, a esos que están empezando.

Alfonso Caro

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.

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