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Wim Wenders, Alicia Vikander y Celyn Jones estuvieron ayer de visita en Donostia presentando Submergence, la cinta que dio el pistoletazo de salida (de manera oficial) a la 65.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián en la gala inaugural celebrada como cada año en el Kursaal, la primera noche del Zinemaldia.

En Submergence (Inmersión en nuestro país), Wim Wenders adapta la novela homónima de J. M. Ledgard, que no es sino una historia de amor a distancia marcada por la añoranza y el existencialismo. Danielle (Alicia Vikander) es una devota de su trabajo como biomatemática, volcada en encontrar el origen de toda vida en las profundidades del mar, allí donde ni tan siquiera llega la luz. Durante una de sus estancias en un idílico hotel en la costa francesa, conoce a James (James McAvoy), espía afincado en Nairobi. Sus respectivos trabajos (y otros vericuetos del destino) hacen que después de unos intensos días juntos sus caminos tengan que separarse.

El inicio de la cinta lo pueblan en su mayoría flashbacks mediante los cuales asistimos a la construcción de la relación entre los protagonistas. Se trata de una relación que brota de la manera más (y a la vez menos) casual posible. Para Danny, los días de retiro no parecen tales, ya que frente a su tan amado océano Atlántico, su día a día se basa en estar inmersa en sus investigaciones y obsesiones científicas. No resulta un personaje que invite a empatizar, y del mismo modo, su carácter y prioridades hacen chirriar y sentir algo forzado el espontáneo y rápido comienzo de su idilio con James. El supuesto ingeniero hidráulico (tapadera para luchar contra el terrorismo en África) convence más, aunque en el momento en que el deber los llama y prometen no dejar en el olvido su incipiente romance, el guion hace aguas y vende un amor idealizado y potente que raramente vemos por alguna parte.

En cuanto a McAvoy y Vikander, tienen bien demostrado su talento, pero la química entre ellos es más un quiero que un puedo. Eso también contribuye a que, en gran medida, no percibamos como tal la hipotéticamente fuerte relación que es la base entorno a la cual se sostiene la totalidad del argumento.

Tras la despedida, comienza más nítidamente la narrativa dividida en dos para poder seguir la historia de Danny y también la de James, cada uno por su lado. Hay importantes temas de actualidad como trasfondo en la historia: el terrorismo, sin ir más lejos, y los estudios oceánicos de Danielle que, por su parte, también resultan bastante interesantes. Sin embargo (y lamentablemente), las tramas pivotan tanto y durante minutajes tan breves que se hace harto difícil conectar con alguna de las dos historias o personajes.

Por otra parte, hay durante toda la cinta una constante intención trascendental y metafórica, el planteamiento de la comunión entre ese amor que todo lo puede y el martirio por los estragos de la distancia y el olvido. Un paralelismo con el mar y sus insondables límites, esos que la biomatemática se propone encontrar aun a riesgo de quedar atrapada allí, en un limbo del que nadie será capaz de rescatarla.

De nuevo, todo lo que no funciona en sus pretensiones es un fallo de base. Porque ¿cómo abarcar todo lo que Wenders quería transmitir si el pilar central, que es la historia de amor, nos deja fríos o incluso reticentes a creérnosla? Inmersión deja cierto regusto a superficialidad, y por ello la reflexión o mensaje que busca lanzar no llega a calar hondo: porque no nos sentimos partícipes de lo que se nos está contando en pantalla.

Bonitos paisajes, algunos brochazos sobre el yihadismo, y la dicotomía vida/muerte: eso es lo que nos deja Inmersión. Una película que se sumerge por sí sola, sin conseguir arrastrarnos con ella a las profundidades abisales.

LO MEJOR:

  • La composición de los créditos iniciales en su vaivén entre el agua y la superficie.
  • La bella fotografía del paisaje normando plagado de acantilados.
  • La última secuencia, momento en el que más llegan a nuestras emociones.
  • La garantía que supone contar con James McAvoy y Alicia Vikander

LO PEOR:

  • …aunque su dudosa química no ayude a fortalecer el núcleo duro de la cinta.
  • Lo poco que profundizan en las tramas individuales.
  • El tono tan pausado y repetitivamente transcendental que emplea Wenders a lo largo de todo el metraje.
  • Los 110 minutos de duración acentúan aún más la sensación de desconexión con la película.

Aitziber Polo

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