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A estas alturas parece prácticamente inevitable tener la sensación de que nada nos va a sorprender en el universo cinematográfico (y, a decir verdad, en el mundo en general) y que cualquier cinta que vamos a ver tiene reminiscencias de otras que ya hemos visto. Y es cierto: innovar hoy en día se antoja una asignatura pendiente tanto en el panorama comercial como en la escena más indie. Sin embargo, ¿quién dijo que eso fuera, necesariamente, negativo?

Si bien la fórmula cómica de Una noche con mi ex suegro nos resulta familiar, y por resultarnos familiar también nos lo resultan hasta los aires de superioridad que desprende J. K. Simmons al principio de la cinta (y que tanto nos gustan, todo sea dicho), esto no siempre es un aspecto que desmerezca el producto. A fin de cuentas, el objetivo último de una comedia es entretener y Una noche con mi ex suegro cumple ese cometido aunque, quizá, sin dejarnos todo el buen sabor de boca que debiera.

Una noche con mi ex suegro cabalga entre road movie y buddie movie con el agradecido toque de que los protagonistas ni son colegas, ni ex convictos, ni amantes, ni policías ni todos los tándem que se nos podrían ocurrir en principio. Son dos personas unidas por un lazo casi azaresco: la ex novia de uno es la hija del otro. Y esa relación yerno/suegro a la que tantas veces se suele recurrir en las comedias (a veces, como en el caso de la trilogía Los padres de ella, incluso es el tema principal de la cinta) es lo que hace que, en conjunto, la práctica totalidad de todo lo que nos enseña Gavin Wiesen en Una noche con mi ex suegro nos suene peligrosamente familiar.

Ahora bien, ya lo señalábamos unas cuantas líneas atrás, esto no tiene siempre que suponer un aspecto negativo y, en este caso, podemos olvidarnos de los clichés durante algunas escenas y salvar la cinta. Una cinta que, aunque entretenida, no logra que pasemos de la sonrisa a la carcajada como nos habría gustado. Claro que eso es una gesta al alcance de muy pocos productos en la actualidad…

Los responsables de que Una noche con mi ex suegro logre funcionar mínimamente aun con su lista de contras son, sin duda, sus protagonistas Emile Hirsch (La autopsia de Jane Doe) y J. K. Simmons (Whiplash) y la química que se respira entre ambos. Los aires de bohemio despistado y un tanto pringado le van al pelo a Hirsch desde que lo viéramos en aquella refrescante comedia teen La vecina de al lado (¿cuántos andarán suspirando todavía por Elisha Cuthbert?) y a J. K. Simmons, lo de ser un hombre de imponente presencia, con un tempo calculado y que sabe tanto hacerse respetar como intimidar a la vez, también le va como anillo al dedo. No es de extrañar, pues, que ambos conformen una pareja cuyos guiños funcionen de manera creíble. También los secundarios, sobre todo Taran Killam (Gary), saben lo que se hacen, y es precisamente este, junto a Kristen Schaal (Roberta), ambas caras muy conocidas de la comedia estadounidense, los responsables tanto de alguna escena demasiado recurrente en este tipo de cintas como también de los intentos más certeros de provocar que nuestra sonrisa llegue a ser más amplia.

Una noche con mi ex suegro supone un intento más del panorama indie por elaborar una comedia para todos los públicos, con un notable reparto protagonista y con un guion que, aunque logra mantener un ritmo constante durante todo el filme y no tiene altibajos muy desmedidos, es consciente de sus limitaciones y no tiene más pretensiones que la de centrarse en que el espectador pase una hora y media despreocupado de todo lo que no sea la pantalla que tiene ante sus ojos y lo que el destino tenga a bien depararles a Martin (Hirsch) y al señor Gallo (Simmons).

LO MEJOR:

  • Su falta de pretensiones.
  • El dúo formado por Emile Hirsch y J. K. Simmons.
  • Las escenas que nos brindan Roberta y Gary.

LO PEOR:

  • Carece de la cantidad de escenas cómicas que pide una cinta así.
  • Su argumento nos es demasiado familiar.
  • No llega a provocarnos las carcajadas que debería.

Silvia Martínez

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