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La memoria es subjetiva y traicionera. Partiendo de esta premisa Sarah Treem y Hagai Levi han construido una historia compleja y cargada de profundidad de la que Showtime acaba de estrenar su segunda temporada. The Affair ha regresado manteniendo el lenguaje narrativo del año pasado pero ampliando los puntos de vista. En sus dos primeros episodios, que bien podrían haberse emitido encadenados, asistimos a los nuevos acontecimientos en las vidas de Alison y Noah también desde la perspectiva de sus ex parejas.

Siendo los puntos de vista subjetivos el principal sello distintivo de la serie, entendemos y celebramos que se haya conservado el peculiar estilo de narración aunque se les haya ido la mano en alguna escena, sobre todo en la interacción entre Cole y Alison en la cabaña de ésta.

Dominic West and Ruth Wilson
Dominic West y Ruth Wilson

La historia continúa avanzando, al igual que en la primera temporada, paralelamente y a modo de flashforwards entre la relación personal de los protagonistas y el drama policial con altas dosis de misterio en el que está envuelto Noah. Treem y Levi siguen manteniendo el pulso narrativo y combinan ambas tramas sin que se noten las costuras.

El drama de lo cotidiano

Lo realmente destacable en la segunda temporada de The Affair vuelve a ser la construcción de tramas y argumentos complejos a partir de una idea tan simple como la infidelidad. Con una precisión en los detalles asombrosa, asistimos al derrumbe de las dos familias políticas de los protagonistas, curiosamente cuando éstas no son la causa principal de ambas rupturas (o precisamente por eso) y comprobamos cómo lo idílico de comenzar una nueva relación desaparece de golpe cuando hay que afrontar las consecuencias de todo lo que se ha dejado atrás: el cambio de residencia, la custodia de los hijos, una empeorada situación económica y la repartición de bienes conyugales que pueden hacer que cualquiera se plantee si las decisiones tomadas correspondían más a un acto de locura propio de adolescentes que a una idea lo suficientemente reflexionada. Intuyendo ya lo que nos aguardan los ocho episodios restantes, celebramos que el nivel sigue siendo elevado.

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Maura Tierney

LO MEJOR

  • Maura Tierney está soberbia
  • La trama no muestra (aún) síntomas de agotamiento

LO PEOR

  • Precisamente el hecho de ampliar los puntos de vista impide que la historia avance a mayor velocidad. Es un peaje inevitable

Fon López

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He crecido viendo a Pamela Anderson correr a cámara lenta por la arena de California, a una Carmen Maura transexual pidiendo que le rieguen en mitad de la calle, a Raquel Meroño haciendo de adolescente con 30 años, a Divine comiendo excrementos y a las gemelas Olsen como icono de adorabilidad. Mezcla este combo de referencias culturales en una coctelera y te harás una idea de por qué estoy aquí. O todo lo contrario.

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