Compartir

safari-portada-el-palomitron

El ecuador del Festival ya ha pasado y han comenzado a perfilarse las posibles ganadoras. De momento, las que han acaparado mejores críticas han sido Mimosas, de Oliver Laxe, y Heartstone, de Guðmundur Arnar Guðmundsson, si bien siempre hay espacio para las sorpresas en una edición tan polémica como esta.

De momento, la llegada de Safari y Malgré la nuit a la Sección Oficial, estrenadas en esta sexta jornada, hace ver que la competición sigue abierta y que aún quedan películas en esta edición con ganas de impactar y crear titulares.

Fiore, un drama adolescente encuadrado en Las Nuevas Olas, ha sido otra de las apuestas que más han gustado, aunque parece tener menos opciones que otras propuestas, ya que el Jurado suele premiar narrativas más innovadoras.

Safari

safari-el-palomitron

(Por Fon López)

El dinero que se mueve en torno al turismo de caza en África es directamente proporcional a la opacidad que rodea a esta práctica. Aquí mismo parecimos no tomar consciencia del tema hasta que nuestro rey emérito se lesionó cazando elefantes en Botsuana.

Por ello, el director Ulrich Seidl ha decidido no interferir entre el espectador y estos turistas y se ha limitado a colocar la cámara para mostrar lo que sucede en África, adulterando lo menos posible la realidad. Así, ha conseguido que varias familias austriacas se dejen retratar cazando animales en libertad, celebrando cada muerte y justificando la actividad.

Y es que las imágenes son lo suficientemente elocuentes como para que el espectador saque sus propias conclusiones. Los comentarios racistas de los cazadores, sus fácilmente desmontables argumentos a favor de la caza en los safaris y sus diálogos frente a la cámara se entremezclan con secuencias altamente desagradables de los animales agonizando y de los trabajadores locales destripando los cadáveres.

Seidl entiende que tenemos la obligación de asistir al proceso completo de caza de un animal, desde que los cazadores planifican en sus alojamientos qué animales van a matar en función de sus tarifas para más tarde dispararles indiscriminadamente, dejarles agonizar si no mueren al instante, fotografiarse con sus cadáveres a modo de trofeo, llevarles al matadero para que les arranquen la piel y los descuarticen y, finalmente, acaben convirtiéndose en piezas de museo.

La cámara no se aparta en ningún momento de la acción, por muy brusca que sea, porque así sucede y así tenemos que conocerla. Aunque no sea apta para las miradas más sensibles, Safari es un excelente retrato de una sociedad poderosa y sin escrúpulos que se sirve de los recursos humanos y naturales de países necesitados de otro tipo de ayudas más justas y sostenibles.

Malgré la nuit

malgre-la-nuit-el-palomitron

(Por Pablo Herrera)

La última película de Philippe Grandrieux es una de las propuestas más extrañas que vamos a ver este año en Sevilla. Con un inicio confuso y surrealista, durante la primera hora y media de los 150 minutos que dura el filme nos encontramos perdidos, sin saber qué estamos viendo ni qué nos quieren contar.

Solo una cosa parece clara: Lenz (Kristian Marr) está buscando a Madeleine, quien parece ser su único y verdadero amor. Dos chicas se cruzan en su camino, Lena (Roxane Mesquida) y Hélene (Ariane Labed), un antiguo amor de juventud sumida en una espiral de autodestrucción. Junto a la ayuda de su amigo Leo (Paul Hamy), Lenz tratará de unir las piezas sobre el destino de Madeleine.

Aunque en este pequeño resumen parezca claro, el espectador tarda más de media película en darse cuenta de ello. Con un montaje poético, oscuro, sin apenas diálogos y con una yuxtaposición constante, así como un exceso de primeros planos, cuesta diferenciar los diferentes personajes femeninos, así como sus motivaciones, y su verdadera relación con el protagonista.

Llena de encuentros sexuales y escenas eróticas, la película también se zambulle de lleno en el mundo de las parafilias y el deseo aunque, al estilo de Nymphomaniac o Saló o los 120 días de Sodoma, se busca asquear al espectador más que excitarlo.

Completamente hipnótica y onírica, lo que podría resultar pesado por su excesivo metraje, termina funcionando por la fascinación que crea la forma de narrar de Grandrieux, especialmente una vez que las piezas comienzan, poco a poco, a ir tomando sentido.

Estamos ante una película que no es apta para impacientes ni para aquellos que prefieran grandes escenas de acción o grandilocuentes romances. En Malgré la nuit la incomodidad llega desde el primer momento. Tanto que, desde los primeros veinte minutos, fuimos viendo cómo la sala se iba vaciando poco a poco en el pase de prensa. Solo unos pocos aguantaron hasta el final y, de ellos, solo otros pocos se atrevieron a aplaudir al finalizar.

Habíamos caído rendidos al embrujo de la propuesta.

Justo cuando parece que va a acabar sin responder a la pregunta más fundamental, cuya respuesta aparece a mitad de la película entre planos yuxtapuestos y surrealismo, Grandieux nos regala una última palabra, una palabra que resuelve todas nuestras dudas si ya nos habíamos embarcado en su mundo sucio y oscuro abandonando la lógica.

No es, aunque pueda dar lugar a comparaciones, una película surrealista a lo Mulholland Drive, ya que al final todo encaja y no hay lugar para teorías. Sabemos cuál es el tiempo, sabemos quién es quién y sabemos por qué cada uno está donde está. Aunque tal vez necesitemos revisionarla para entenderla por completo.

El director hace saltar la narrativa para terminar la película volviendo a ella, demostrándonos que se puede contar una historia de una forma totalmente diferente y que la entendamos igual de bien que si la hacemos de forma tradicional (si tenemos estómago y paciencia para llegar al final).

Malgré la nuit ha impactado a todos los que la han visto y se perfila como otra posible favorita si se busca aquella propuesta más arriesgada, diferente y llamativa, en el que no llama la atención solo la historia, como en Staying Vertical, sino también la forma de contarla.

Fiore

fiore-el-palomitron

(Por Fon López)

No podía faltar en Las Nuevas Olas un drama sobre adolescentes delincuentes, y este año ha sido la italiana Fiore la representante del género. Flor, la traducción del título al castellano, “simboliza inocencia y sensibilidad” según Claudio Giovannesi, director de la película que ha estado presentando estos días en Sevilla. Al autor le parecía que estos rasgos definían perfectamente al personaje de Daphne, una joven sin madre y con un padre exconvicto, que se gana la vida cometiendo pequeños hurtos, por los que acaba encerrada en un correccional de menores.

Presa del hastío y de la mala relación con sus compañeras de módulo, la presencia de un joven interno al otro lado de la valla es lo único que le motiva para sobrellevar la cautividad. A través de cartas escondidas y conversaciones desde la ventana, nace una historia de amor romántico que Giovannesi ha defendido ante las preguntas del público de la sala: “Cuando llegas a la cárcel, lo primero de lo que te desprendes es del teléfono móvil y de las armas. Me pareció interesante contar un romance contemporáneo en el que el único medio de comunicación eran las cartas”.

Para imprimirle verosimilitud a los personajes adolescentes, contrataron en la mayoría de los casos a personas no profesionales y que hubieran pasado algún tiempo en la cárcel. Josciua Algeri (Josh, el chico del que se enamora Daphne) estuvo tres años en prisión, los cuales aprovechó para asistir a talleres de teatro. Encontrar a la Daphne ideal les costó más trabajo: “Estuvimos viendo durante seis meses a actrices profesionales y amateurs que tuvieran relación directa e indirecta con la cárcel, pero no dábamos con la adecuada. Un día fuimos a comer al bar que estaba frente a la oficina donde preparábamos la película y la camarera que nos atendió era Daphne Scoccia. Mi directora de casting me animó a probarla y ella nos dijo que habíamos encontrado a la persona idónea para el papel”.

Scoccia vivió su adolescencia alejada de sus padres, al igual que su personaje. Quizá ha sido esa cercanía de ambas la que haya servido para obrar el milagro. La actriz soporta magistralmente a una cámara que no se despega de ella durante las dos horas de película. Todo lo que transmite parece real: la tristeza en la mirada, la falta de empatía con los que están a su alrededor y la necesidad de afecto que focaliza en Josh. “Fiore no es una película sobre la cárcel. El tema principal es el amor”, dice Giovannesi. “La gran diferencia entre los adultos y los adolescentes es la distinta percepción del tiempo. Para nosotros, lo más importante es el futuro, y nos centramos en conseguir mejorar a medio y largo plazo. Para ellos es el presente, por eso no les importa sacrificar parte de su futuro, aumentar sus condenas, por satisfacer sus necesidades más inmediatas”.

Aunque parezca que seis días de SEFF han dado para mucho, apuestas como Personal Shopper o United States of Love aún están pendientes de su estreno, por lo que podemos afirmar que queda mucho cine de calidad (y con posibilidades) por delante. De momento, parece que el nivel está tan alto como años anteriores.

Pablo Herrera y Fon López

No hay comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.