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El despacho cerrado de un implacable investigador privado inundado por el humo de los cigarrillos. La cara de nuestro detectivesco protagonista tenuemente iluminada por la luz de una lámpara solitaria y los neones que acechan por la ventana des de las calles del sucio L.A. en los últimos estertores de los años sesenta (la acción se sitúa en 1970 pero, como dice el profeta Homer Simpson, “para mí los 60 acabaron un día de 1978”). La insinuación erótica de una ex-pareja, maravillosa femme fatale, y un trabajo sencillo sobre un secuestro que resulta ser el inicio de una entramada red de corrupción y drogas que conduce de forma casi inevitable a la duda existencial. Pero no. Sustituid al implacable investigador privado por Doc Sportello (un antihéroe con pies sucios a quién seguimos durante un “mal viaje” que le lleva a sumergirse en el más oscuro y fondo de los océanos), el humo de los cigarrillos por el humo de los porros, y añadid a la ecuación unas patillas muy largas, muy anchas, y muy frondosas. El resultado es PURO VICIO (cuyo guión, del propio P. T. A., es una adaptación de la novela de mismo nombre del esquivo THOMAS PYNCHON), un ejercicio casi impecable de cine negro al estilo de PAUL THOMAS ANDERSON, que nos presenta el disparatado submundo del crimen y las drogas a principios de los setenta con secuencias con más carga erótica que CINCUENTA SOMBRAS DE GREY entera y momentos de tensión e intriga rotos por brillantes momentos cómicos de muchos quilates.

 

Inherent Vice film

 

Todo esto está muy bien. Cine negro con comedia disparatada, histriónica y alocada. Pero, ¿de qué habla PURO VICIO? PURO VICIO habla de generaciones perdidas en los años del desfase y el apogeo de la droga, de hombres y mujeres cuya única tara (vicio oculto) es haber pasado los años sesenta y haberlos sobrevivido. El rey de esos hombres y mujeres es Doc (otra brillante actuación de JOAQUIN PHOENIX), y la única manera que tiene de aguantar el paso de los años es convenciéndose de que vive en un mundo en el que poco o nada tiene sentido (a eso ayudan los alucinógenos que consume sin cesar): con esas puede aguantar (y justifica) las continuas apariciones de la omnipresente voz en off de JOANNA NEWSOM, que da a Doc (y a nosotros los espectadores) detalles importantes de la trama. En el plano estético, ANDERSON no sucumbe a referentes obvios de la época que retrata, sino que vuelve a sus constantes (la cámara en mano, las tomas de larga duración y la brillante composición estática) apoyándose en un brillante trabajo de saturación fotográfica de Robert Elswit (ha trabajado con P.T. ANDERSON en todos sus filmes excepto BOOGIE NIGHTS), y en el sonoro, JONNY GREENWOOD (ex-guitarrista de RADIOHEAD) escribe una banda sonora más accesible que sus anteriores colaboraciones con ANDERSON, que refleja a la perfección el ambiente sórdido del Los Ángeles de mediados de siglo XX.

Efectivamente es, en sus múltiples recovecos narrativos, en su atosigante aparición y desaparición de personajes (eso sí, únicos, extravagantes e irresistibles todos ellos) y en sus capas de suciedad hippie, exceso y humor ácido (nunca mejor dicho), donde reside el verdadero sentido de la película: ni siquiera nuestro protagonista entiende nada de lo que le está ocurriendo, precisamente porque toda PURO VICIO es un producto de lo que es el (valga la redundancia) vicio puro. Así, cuando todo empieza a tomar sentido, JOSH BROLIN succiona con muchas ganas un plátano recubierto de chocolate, o grita sin cesar (¡y en japonés!) que quiere más tortitas: todo es un calculadísimo agujero de caos y desequilibrio. El perfeccionismo de la imperfección.

 

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En resumen, PURO VICIO contiene divertida comedia, complicado cine negro, y crudo análisis de la California de principios de los setenta. PAUL THOMAS ANDERSON ha realizado otra película notable que dejará totalmente satisfechos a los (como yo) entusiastas del cine y la mente del autor californiano, pero que quizás confundirá a los que se le acerquen con tino. A estos últimos os digo: antes de enfrentaros a ella recordad que lo que importa no es tanto saber quién es el responsable de la trama criminal, sino lo profundo que se hunde en ella nuestro malogrado hippie de pies sucios.

 

LO MEJOR:

  • La brillantez técnica (fotografía de Elswit, música de Greenwood, vestuario, diseño de producción y dirección de arte, todo nos transporta a los humeantes tugurios por los que se pasea Doc)
  • Las actuaciones de todo el reparto (en especial de PHOENIX y BROLIN).
  • Las disparatas secuencias que envuelven a MARTIN SHORT.

 

LO PEOR:

  •  La gran cantidad de personajes hace difícil el seguimiento de la trama si no se entra en la película.

 

Pol Llongueras

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