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El drama, entendido como un marco temático que en ciertas cuestiones cinematográficas abarca cada rincón de un filme, supone el desarrollo de una historia desde un sentido estrictamente elocuente, donde la expresión de los hechos va más allá de la simple sucesión de estos, donde es importante hacer hincapié en aspectos que determinen el rumbo del argumento y, al mismo tiempo, consigan la máxima atracción que, por otra parte, es en general la finalidad máxima de una película.

Sin embargo, y en más ocasiones de las que cabría esperar, la fórmula dramática pierde el rumbo, avanza a pasos casi agigantados hacia un inminente desconcierto argumental y, una vez el daño está hecho, es difícil llegar a un clímax cinematográfico que arregle lo ya estropeado de una manera coherente y lógica. Esto ocurre con NO LLORES, VUELA, la nueva película de la directora CLAUDIA LLOSA (LA TETA ASUSTADA, MADEINUSA) donde la exploración de los límites dramáticos poco tiene que ver con lo que realmente pretende mostrar la película. Con más ambición de la que puede llegar a alcanzar, este largometraje apenas deja lugar al sentido en lo que a guion se refiere. Su historia comienza de una forma irregular, subrayando los aspectos fuertes que a lo largo del filme cobrarán más protagonismo. Y, sin embargo, dicho protagonismo queda en un segundo plano a la hora de unir las piezas de un guion que deja al espectador con cuestiones sin resolver y con una sensación de duda que abarca prácticamente toda la narración.

 

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El mensaje principal de la película reside en varios puntos que pretenden conectar a lo largo del avance de esta. La separación familiar, el drama casi maquillado que refuerza su argumento sin desarrollar realmente otros aspectos vitales para el entendimiento de NO LLORES, VUELA y el contexto en el que se mueve la historia apenas dejan espacio para la comprensión de un guion que flaquea en muchos momentos donde debería reforzar su argumento. La calidad del guion se ve reducida por situaciones que bien parecen preparadas para que ocurran, forzando de una manera más bien descarada hechos que apenas tienen la relevancia que se supone deben tener. Así, esconde la historia principal tras sucesos que parecen destinados al relleno sin sentido, uniendo subtramas que logran realmente distraer la atención.

Con una narración innecesariamente sinuosa, cargada de metáforas que bien podrían haberse evitado en favor de un relato consecuente con lo que quiere mostrar en pantalla, NO LLORES, VUELA abusa de forma nada sutil de las imágenes poéticas que pretenden distanciar esta película del discurso comercial. Sin embargo, en esta noble intención, pierde el rumbo llegando a un camino sin salida en que el último tramo resulta tan decepcionante como sorprendente, dando lugar a la desagradable sensación que produce haber esperado más de lo que se ha conseguido.

 

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Aun así, es innegable la calidad del reparto que conforma el último trabajo de CLAUDIA  LLOSA. Encabezado por una siempre estupenda JENNIFER CONNELLY (UNA MENTE MARAVILLOSA, NOÉ) en el papel principal y cara visible de la problemática del guion, convierte una secuencia sin apenas trascendencia en un elemento que merece la pena destacar. Así, completando el elenco, MÉLANIE LAURENT (PRINCIPIANTES, MALDITOS BASTARDOS) da una lección de actuación a pesar de interpretar a un personaje que pierde fuerza a lo largo del filme. Y, sin embargo, logra salvar con su caracterización lo que parece insalvable.

Mención aparte merece el papel del marco en el que se mueve todo el argumento de la película que en ciertas ocasiones para tratarse de un personaje más del reparto. Así, la influencia en la historia de la propia naturaleza, la relevancia que tienen ciertos elementos naturales en el desarrollo del guion y una fotografía que remarca de forma prácticamente sobresaliente destacando sobre casi todos los aspectos que conforman la película, forman un conjunto visual digno de admirar.

NO LLORES, VUELA es una muestra de que la sorpresa cinematográfica no se ha de buscar siempre en la elipsis de los hechos, ni en la destrucción del ritmo lineal. La falta de coherencia en aspectos necesarios para el entendimiento y para el seguimiento de lo que ocurre en pantalla supone una traba a la hora de valorar una película que a priori puede suponer un éxito, bien por una historia original o, simplemente, por la aparición de estrellas cinematográficas de tan alto nivel. Pero bien se sabe que la inclusión de un reparto sobresaliente no garantiza necesariamente el éxito ante el público.

 

 

LO MEJOR

  • Las interpretaciones protagonistas destacan sobre cualquier elemento de la película.
  • La fotografía y el marco natural en el que se desenvuelve la historia.

LO PEOR

  • La destrucción de la linealidad no la hace especial, la hace confusa.
  • El guion apenas satisface las intenciones que parece tener la película.
  • El empleo de flashbacks resulta, en general, innecesario.

 

 

Sheyla López

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