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Gary Webb fue el Julian Assange de los años noventa. Una persona capaz de levantarle las faldas y enseñar las vergüenzas de todo un país -o mejor dicho, a la gestión del Gobierno del mismo-, a la vez que huía de la (in)justicia, sólo por señalar las irregularidades del Gobierno (o diferentes asociaciones gubernamentales) y llamar la atención del pueblo, ciego ante tan aberrantes acontecimientos. Pero, como Julian Assange, Gary Webb también cometió pecados periodísticos: pecados como la exageración y la presunción de culpabilidad e inocencia. Al contrario que la fallida y mediocre EL QUINTO PODER (peor película que esta, pero más crítica con sus personajes), MATAR AL MENSAJERO no se concentra en los defectos profesionales de Webb, sino que se esfuerza en que el espectador simpatice con él y conozca sus fallos (personales, no profesionales, insistimos) para crear empatía con este gran mártir de la información.

 

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El director de este thriller más que solvente con JEREMY RENNER a la cabeza, MICHAEL CUESTA, es más conocido por su trabajo dirigiendo varios capítulos de ficción televisiva como HOMELAND, DEXTER (de las que también es productor ejecutivo) o A DOS METROS BAJO TIERRA. Y esa es una de las cosas que se le pueden reprochar a MATAR AL MENSAJERO: a veces da la sensación de que falta exprimir la trama, que necesita tomarse un par de escenas para que el espectador se asiente entre nombres y personajes que aparecen y desaparecen de la pantalla pero que tienen una relevancia significativa en la trama de investigación periodística, que el desfile de actores (estrellas de Hollywood y del mundo de las series de televisión) se justifique con grandes papeles y momentos memorables -más allá de algún peinado imposible-. En definitiva: MATAR AL MENSAJERO se hubiera disfrutado más como una mini-serie de la HBO o de FX, puesto que lo único de lo que peca en este sentido es de falta de tiempo (o exceso de ambición) para contar toda la historia completa: hilos que quedan colgando y cabos que quedan sin atar son más comunes de lo que deberían en un film que, si bien no es la panacea, supone un entretenimiento inteligente y sano, una gran opción para ver en el cine.

Pese a su condición de “película basada en hechos reales”, MATAR AL MENSAJERO tiene momentos artificiales que destacan por encima del resto por su desarrollo y fin más cercano a la realidad del cine más convencional y hollywoodiense. Pero, aún con sus múltiples fallos, este acercamiento al thriller de espías del estilo GREENGRASS (con sus cámaras en mano y sus ángulos apretados, pero sin su vocación de casi-documentalista), triunfa siendo inteligente y apasionante, mientras señala los enlaces entre la CIA, las Contras nicaragüenses y el mercado del crack y la cocaína de los Estados Unidos con los artículos de Webb (DARK ALLIANCE, una de las primeras noticias virales de internet) y la novela de Nick Shoy como material de base, respaldado en unas más que notables actuaciones de todo el reparto (y unos superlativos RENNER y DEWITT) y la resultona dirección de CUESTA.

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 En última instancia, MATAR AL MENSAJERO (amén de ser absorbente y contar con grandes cantidades de suspense) es una oportunidad perfecta para que se conozca mejor al personaje que fue Gary Webb y la investigación que cambió (y acabó con) su carrera. Una oportunidad que no se puede dejar pasar.

 

 

LO MEJOR:

  • Las interpretaciones (incluso de los secundarios con una sola escena), a destacar a JEREMY RENNER (en un papel que le exige mucha vis dramática) y a ROSMARIE DEWITT (su sufrida mujer en la ficción)
  • La sensación de suspense e intriga que MICHAEL CUESTA construye de forma más que notable con la mínima acción
  • No encumbra ni santifica a Webb (ofreciendo un retrato lo más cercano al objetivismo absoluto)…

LO PEOR:

  • … Pero tampoco se atreve a criticar los modus operandi o los fallos de su investigación
  • Quedan huecos por llenar en la historia (¡qué buena serie hubiera salido de MATAR AL MENSAJERO!)

 

Pol Llongueras

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