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Cuando uno habla de KEN LOACH debe ponerse de pie. La inconmensurable filmografía del director inglés es una de las mayores muestras de versatilidad, firmeza y reivindicación que podemos encontrar en el panorama artístico europeo. Con JIMMY’S HALL no sólo no defrauda, sino que firma una obra de visionado obligatorio.

James (BARRY WARD), Jimmy para los amigos, vuelve a Irlanda después de un exilio forzado de 10 años en Nueva York. Parece que por fin, a mediados de los años treinta, el ambiente ya se ha calmado en la isla y esos que tuvieron que huir o fueron arrestados por la guerra civil (sí, a principios de los años veinte hubo una cruda guerra civil en Irlanda), pueden volver a las calles de sus pueblos. Llega con alguna cana más, un puñado extra de cultura y la firme intención de no volver a entrar en los conflictos sociales y políticos que le obligaron a partir y dejar sola a su anciana madre. Rápidamente queda demostrado que eso no será posible. Los jóvenes del pueblo lo interceptan en seguida y le ruegan, casi exigen, que vuelva a abrir el salón, el “hall”. Los antiguos compañeros de Jimmy se vuelven a unir y en pocos días tienen reconstruido ese sitio donde aprender a bailar, leer, tocar algún instrumento, boxeo y una infinidad más de actividades folclóricas y alegres. Como era de imaginar, no tardan mucho los detractores en reaparecer y repetir la violencia que diez años antes había culminado en un conflicto armado. JIMMY’S HALL es una película de comunidad, de resistencia ante los poderosos y los opresores; una película que cautiva y enfurece a partes iguales.

 

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¿Qué decir del gran KEN LOACH? LADYBIRD LADYBIRD, SWEET SIXTEEN, EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA o BUSCANDO A ERIC (sin lugar a dudas una de las mejores, y más desconocidas, comedias de la década pasada). Ganador de innombrables galardones (nada más y nada menos que 24 nominaciones en Cannes), reconocimiento pleno por parte de la crítica y una gran aceptación dentro del público independiente, cada uno de estos elementos convierten a LOACH en un icono del cine y una leyenda viviente del séptimo arte. Es imposible entender su cine sin conocer su espíritu revolucionario y politizado. Habrá muchos que tendrán cosas que echarle en cara (también están en su derecho), pero jamás se le podrá tachar de cobarde o de quedarse a medias tintas. Se ha pronunciando sobre todos los aspectos políticos que le afectan, hasta ha causado cierto revuelo últimamente apoyando el derecho a decidir del pueblo catalán (recordemos que en 1995 dirigió TIERRA Y LIBERTAD y que conoce bastante bien las idiosincrasias que conviven en el estado español). Muchos relacionarán sus obras con una estética poco cuidada y con ciertos nexos con el look del agresivo DOGMA 95. Pues bien, esto ya hace unos años que termino, y JIMMY’S HALL continua con esta nueva etapa en la que los aspectos técnicos rozan la perfección. Sonido, arte, montaje, fotografía, no hay ni un solo departamento que no se luzca en esta producción. Además, vuelve a contar con la delicada pluma de PAUL LAVERTY (su guionista de cabecera) para escribir esta obra que abrirá los ojos a más de uno.

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La tesis intelectual que se esconde detrás de JIMMY’S HALL es clara y concisa: no se pueden combatir las sonrisas con prohibiciones; si el pueblo se mantiene unido y activo, no habrá poder que pueda sucumbirlo. Como es habitual en LOACH, nos hace los guiños suficientes como para que nos veamos reconocidos y reflexionemos sobre lo cíclica que puede llegar a ser la historia. La opresión de los años treinta en Irlanda no es una anécdota, sino el fruto de una evolución que viene de muy atrás y que, lamentablemente, sigue y sigue hasta nuestros tiempos. Al finalizar la proyección uno se queda con la imperiosa necesidad de respuestas; de poder hablar 1, 2, 20 horas con el director y llegar a una conclusión, a una solución. Aunque nos pese, esta “idea feliz” que resolvería todos los problemas no existe; pero sí que JIMMY’S HALL nos da alguna que otra pista. Podemos creernos que el ser humano es vil y egoísta, que siempre mirará por el beneficio propio, que si tiene poder oprimirá, que si puede robar robará y que si consigue subir algún escalón se olvidará al instante de que algún día estuvo abajo. Pero también tenemos la opción de pensar en positivo, de creer en nosotros y librarnos del odio, de volver a sonreír. Debemos invitar a ese que esta en el otro lado, sentarnos y hablar, y aunque Jimmy lo intenta por activa y por pasiva y no encuentra otra cosa que un muro, debemos persistir hasta cambiar el mundo. Todas estas contradicciones aparecen en JIMMY’S HALL, en cada escena la esperanza y la rendición juegan un pulso incesante que nos obliga a pensar y reflexionar. Es todo un lujo poder gozar de un film que te empuja y te levanta; que no espera que lo mires para distraerte y “echar unas risas”.

 

LO MEJOR:

  • La estética te deja sin habla. Es uno de esos films que te obliga a enamorarte de un lugar. Si esta película triunfa, los viajes a Irlanda se van a disparar.
  • Lo poco que le tiembla la mano a KEN LOACH. Un ejemplo de firmeza y tenacidad; de ideas claras y una gran inventiva para llevarlas a cabo.

LO PEOR:

  • Que después de casi 100 años podamos seguir viendo puentes entre esa realidad y la nuestra.
  • Que, al igual que otras grandes producciones con carácter reivindicativo y político, vaya a pasar de puntillas por los Oscars que ya se acercan.

 

Adrià Naranjo

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