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HISTORIAS DE LAVAPIÉS no es solo cine comprometido o de denuncia. HISTORIAS DE LAVAPIÉS es la realidad que vive nuestro cine más allá de las producciones respaldadas por los gigantes mediáticos y las distribuidoras internacionales. Sacar adelante un proyecto haciendo verdaderas piruetas económicas (y no hablamos sólo del rodaje, sino también de todo el proceso de post-producción y la farragosa odisea de encontrar salas que finalmente proyecten la película), con un tesón forjado en acero y los kilos de optimismo y enderaza suficientes para poder hacer frente a los asegurados momentos en los que la moral y la esperanza luchan por escapar para ya no volver, no está al alcance de todos. Desgraciadamente esta es la realidad que muchos profesionales de nuestro cine viven; y lo que es peor, es también la realidad a la que que se han acostumbrado.

RAMÓN LUQUE levanta con HISTORIAS DE LAVAPIÉS un relato conformado por cuatro historias que tienen dos puntos en común: el barrio de lavapiés y el protagonista de la película, epicentro en el que confluyen las cuatro historias, aunque no por esto estemos hablando de una cinta de vidas cruzadas. El director ha querido que miremos la realidad de uno de los barrios más castizos de Madrid a través de los ojos de Ernesto, un burgués que conoció tiempos mejores, con todos los fallos y todas las virtudes que podemos atribuir a una persona corriente.

Ernesto tiene un amigo que se cuelga de una prostituta y la mete en su casa, una empleada doméstica inmigrante que trabaja como una burra pero a la que la suerte hace tiempo que la dio la espalda y un mendigo para el que dormir en el rellano de su portal es una rutina. A todo esto, a Ernesto se le suma la vuelta a sus labores de profesor en un colegio del que fue “retirado” durante un año por tomarse la justicia por su mano con un padre abusador de uno de sus alumnos.

 

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Con estas cuatro historias RAMÓN LUQUE trata de aportar una visión de la realidad del barrio madrileño bajo una óptica muy realista y cotidiana. Porque el director huye en todo momento de las florituras o recursos narrativos artificiosos para optar por invitar al espectador a observar el día a día de Ernesto y asistir al devenir de los personajes que pueblan la película. Porque HISTORIAS DE LAVAPIÉS es cine de denuncia social, ese que se echa tanto de menos en la producciones mayores del cine español, que si bien rebosan calidad, muchas veces parece que dan la espalda a los problemas que todos vivimos en estos tiempos, y esto juega mucho a su favor, porque de vez en cuando es muy recomendable parar a pensar y estudiar nuevas ópticas a nuestros preocupaciones más comunes.

El principal problema del que adolece la cinta, no obstante, es la descompensación de sus historias. Mientras todo lo que acontece en el colegio donde Ernesto vuelve a practicar la docencia se perfila como la propuesta más potente de la película, planteando problemáticas realmente verídicas (la impotencia del profesorado ante la burocracia, la pérdida del estatus de respeto del profesor no solo frente al alumno, sino también frente a unos padres que tergiversan continuamente las leyes y derechos en beneficio propio o directamente la falta de medios), el resto de historias parecen avanzar a su sombra, perdiendo importancia en el mejor de los casos (las historias de la empleada doméstica o el mendigo) o directamente perdiendo credibilidad (cuesta mucho comprender la ceguera de Juan, el amigo de Ernesto enamorado de una prostituta).

 

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Y como no podía ser de otra manera en una producción de esta naturaleza, toca reparto coral encabezado por GUILLERMO TOLEDO (Ernesto), que destaca sobre el resto por horas de vuelo y por el tratamiento que recibe su personaje, y al que secundan SANDRA COLLANTES, RAFAEL REAÑO, LIDIA CARDONA, CLAUDIA COELHO o ENRIQUE ASENJO, entre otros. Una buena galería de actores muy solventes cuyo bagaje en esto del cine y los escenarios viene ya de lejos. Junto a ellos, sorprende encontrarnos con el multidisciplinar RAMÓN GARCÍA DEL POMAR (escritor, músico, diseñador y actor, que da vida al vagabundo que duerme en el portal de Ernesto) y con los cameos de ANA FERNÁNDEZ y JAVIER GUTIÉRREZ, actor que debería estar ya vaciando una balda entera porque la lluvia de premios que le viene por su papel en LA ISLA MÍNIMA está garantizada.

HISTORIAS DE LAVAPIÉS no es una película perfecta, pero tampoco da la sensación que esto fuese una prioridad a la hora de ser planificada. HISTORIAS DE LAVAPIÉS es un trocito de un barrio de Madrid, que se ha rodado supliendo la escasez de medios con la ilusión de todo un equipo volcado. Y ante la ilusión no hay nada que hacer. Todo sale adelante.

 

LO MEJOR:

  • La primera secuencia, que se desarrolla en un museo cosmopolita de Lavapiés. Una puyita al postureo y el modernismo del que pecan algunos.
  • El trabajo coral de todo el reparto.
  • Es cine concebido para denunciar y para que echemos un vistazo a nuestro alrededor

LO PEOR:

  • La historia de Juan y la prostituta. Es imposible empatizar con Juan.
  • Que este cine tenga unos circuitos de exhibición tan limitados, más allá de los festivales de cine o alguna que otra sala especializada.
  • Que al cine con medios le cueste tanto contar este tipo de historias.

 

Alfonso Caro

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