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FILTH

 

IRVINE WELSH escribió ESCORIA en 1998, cinco años después de TRAINSPOTTING. Así que mientras un inglés llamado DANNY BOYLE dirigía la versión en película (con un desconocido EWAN MCGREGOR), el señor WELSH estaba delante de su máquina de escribir dando forma a su nueva novela. Muy atrevida, muy escabrosa y muy escocesa que ahora JON S. BAIRD convierte en largometraje.

ESCORIA narra las andanzas del Sargento Bruce Robertson, el típico policía con el que nadie desearía toparse si actuara fuera de la ley: corrupto, putero, soez, misógino, y suelta perlas tales como “Sólo los maricones y los arrabaleros cogen el sida” o “todas las universitarias deberían prostituirse”. El autor describe –como suele hacer- en primera persona su testimonio, una bajada a los infiernos y las consecuentes respuestas a su ser. Frases directas, describiendo sin apabullar, con apelativos grotescos y ofensivos, y mucha jerga escocesa –sello de denominación de WELSH-. El escritor es único en relatar el estado de una sociedad decadente, que personifica en Bruce: un tipo que engulle Kit-Kats mientras reparte moralinas a su alrededor, cuando es el menos adecuado para hacerlo. Él, un abanderado del hijoputismo, está comprobando los estragos de los excesos en su ser: irritación en sus genitales y la solitaria que se abastece dentro de sus entrañas. Sin embargo, Bruce también tiene un lado humano, que se asoma en una mínima parte del metraje, al igual que en algunas páginas del texto. Parece que él mismo se sintiera mal con esta faceta, humana incluso en él. Los monólogos darán pistas, pero no será hasta el final cuando los demonios salgan a la luz.

El  libro arranca con el último homicidio que llega a su comisaría. Sus compañeros de trabajo son los secundarios en esta novela, junto con su ex mujer, que le ha abandonado, algún que otro colega/víctima de sus fechorías, y varias de sus amiguitas.

WELSH no da tregua al lector melindroso. Asiduo al presente del singular, su visceral punto de vista se asoma por su pluma de calidad. El novelista siempre es contundente. Sus personajes son tan realistas que hasta hace dudar a veces de tanta sinceridad condensada en cuatrocientas páginas. Por eso, no se cortará en relatar una felación al policía hecha por una detenida, o sus “intensos” viajes a Ámsterdam, su lugar de relax, al menos una vez al año.

Él sabe mejor que nadie cómo criticar y mofarse de su tierra con sorna y sacar el jugo a la manera escocesa: sin miramientos y con una sinceridad apabullante. Y con mucho humor negro. Esto no falta y se mantiene intacto. Escocia (y Edimburgo concretamente) en su esplendor. Desde su buen humor, su gente pelirroja, sus delitos, sus chanchullos, sus confidencias y sus haggis. Irvine relata sin tapujos, criticando a la sociedad de su tierra que sigue abarrotando los pubs aunque todo se vaya al traste; y siempre unido a la cara B de las drogas.

Lo novedoso de ESCORIA es el monólogo interior; y es literal esto de interior, porque la que habla es la solitaria del personaje. Así la novela posee dos líneas: una la del policía, y otra que irrumpe de vez en cuando. Al principio tímidamente, después participa en mayor grado, dado que ésta se hace más fuerte por el “abastecimiento” de su anfitrión. La maquetación del libro acentúa la importancia de estas palabras sobrescribiendo sobre las palabras de Bruce: lo que dice el policía queda encubierto con las “nubes” de texto que empiezan con balbuceos, para después arrojar el rapapolvo a este pasado de rosca.

 

NOVELA VS PELÍCULA

 

ESCORIA (Irvine Welsh). Adaptaciones. Cine para leer. Cine y estrenos en El Palomitrón

 

JAMES MCAVOY de primeras podría parecer una opción joven para un personaje que debe tener unos diez años más que él. A medida que se disfruta la novela, el lector tiene en mente un ser más desmejorado y más repulsivo (algo al estilo Torrente pero pasado por la cultura británica). Sin embargo, el también escocés muestra su versatilidad, su fuerza y marca un pulso a este Bruce y lo hace suyo totalmente, igual que cuando le ha tocado hacer del Profesor Xavier. Una vez más, el actor está de diez.

En el reparto hay caras conocidas: está KATE DICKIE, más conocida como su intervención de JUEGO DE TRONOS, o JAMIE BELL, ya saben, BILLY ELLIOT –Madre mía cómo pasa el tiempo-, y GARY LEWIS, que en su día hizo de padre del niño bailarín, y ahora choca verles como colegas de trabajo. IMOGEN POOTS, EDDIE MARSAN o SHIRLEY HENDERSON también dan vida a la fauna pintoresca del novelista. En el filme el director ha suplido esa voz a lo Pepito Grillo por un médico grandilocuente (interpretado por un siempre camaleónico JIM BROADBENT).

La película sabe hacer uso de las situaciones que se prestan al gamberrismo y a visionarse con humor, como la escena de la fotocopiadora. Además, la dirección de fotografía hace méritos para reflejar el universo sórdido y extremo que rodea a Bruce, con corrupción, pornografía y prostitución por doquier; es fiel al libro y lo consigue. Tan sólo pequeños matices se cambian, pero no trastocan la historia original (por ejemplo, aquí el joven asesinado es de nacionalidad asiática). En una mínima parte del metraje, también hay espacio para enseñar la cara amable del agente, aunque la antipática es la constante, como en el texto. Y al igual que en la novela, la sorpresa final viene brutalmente –aunque no hayan salpicado con pistas en ambas- como debe ser en una película tratándose de una situación de tal envergadura (el spoiler es malo, así que lean el libro o vean el filme para comprobar de qué les hablo).

Claro que la versión cinematográfica dona a la literatura con más detalles audiovisuales, de ahí su banda sonora en la que destacan perfectamente Creep de RADIOHEAD, o el atemporal 99 red ballons. No llega a la encumbrada recopilación de TRAINSPOTTING, con ELASTICA, LOU REED o PULP, pero ayuda al transcurso del argumento y sabe cuándo hay que ir a ritmo frenético y cuando toca ser melosos.

La obra de WELSH tiene componentes y situaciones dignas del séptimo arte; de eso ya dio fe BOYLE con la magistral TRAINSPOTTING, y que ahora prepara PORNO, la secuela. FILTH, EL SUCIO no será consagrada como una película memorable, pero es de alta calidad, como su libro y como toda la obra del novelista. Mientras esperamos más frutos del autor, como el guion de la segunda parte de SPRING BREAKERS, visionemos TRAINSPOTTING por enésima vez, leamos sus relatos, volemos a Escocia y dejemos que la colosal y mordaz obra de IRVINE nos agarre de nuevo.

 

 

María Aller

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.

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