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Algunos países del tercer mundo cuyas leyes han impedido la libre distribución y creación del cine, o simplemente no lo han amparado como lo merecía, han visto como se han levantado voces para protestar contra algunas de las injusticias que los gobiernos permiten (o simplemente en favor de la libertad de expresión). Un claro ejemplo de esto es JAFAR PANAHI, director iraní ganador del Oso de Oro de este año por su documental TAXI, que fue encarcelado hace unos años por, supuestamente, rodar una película en contra del régimen iraní. Ahora PANAHI encuentra innumerables trabas a la hora de poder dirigir y distribuir sus películas.

Esta encomiable (y necesaria) labor que realizan muchos cineastas a lo largo del mundo es tan amplia como el número de injusticias que se nos puedan ocurrir. La historia de DIFRET, basada en hechos reales, es uno de estos casos.

Dirigida por ZERESENAY MEHARI, debutante en el largometraje (dirigió previamente cortometrajes), DIFRET narra la historia de una niña etíope secuestrada y violada por un grupo de hombres. Al intentar escapar, la chica (interpretada por TIZITA HAGERE) disparará y matará a uno de sus captores, hecho que provocará su detención y un posterior juicio (totalmente parcial) en el que es defendida por la protagonista de la película (MERON GETNET), una abogada que trabaja en una ONG para ayudar a mujeres sin recursos económicos.

 

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No soy conocedor de la situación de la mujer en Etiopía pero puedo intuir sin demasiada investigación que esta no es especialmente buena. La película da buena muestra de ello: el litigio está contado desde la absoluta injusticia y a favor de la total superioridad que tienen los hombres (y las tradiciones más ancestrales) en ese país. DIFRET es, por tanto, lo que algunos calificarían de película “necesaria” (no me opongo a que se califique esta película así, pero el término no me gusta especialmente).

El problema es que el cine no es sólo denuncia (aunque por supuesto tenga cabida). Detrás de una narración despojada de cualquier atisbo de manipulación, algo muy de agradecer, se esconden severos problemas, la mayoría a nivel de dirección, que hacen muy difícil considerar a Difret como una película poco más que correcta.

Una cámara al hombro y una fotografía muy  natural (que no mala) son los alegatos del director para ofrecer un relato lo más cercano a la realidad; lo menos artificial posible. Lamentablemente el resultado de esa elección deriva en una dirección terrible, con los planos brincando por la pantalla que a veces no se sabe muy bien a que enfocan y que afean enormemente el aspecto visual de la cinta.

 

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Tampoco es ningún acierto el montaje, con una sucesión infinita de fundidos a negro que cortan la acción en los momentos más insospechados para devolverla en una situación posterior (a veces incluso inconexa) que se carga la atmósfera, previamente creada a lo largo de la escena, de manera fulminante.

La dirección es una sucesión de (muy) malas decisiones que lastran de forma terrible todo el buen hacer que hay tanto en el plano narrativo como en el actoral. Pero quizá lo peor de todo es que este aspecto tan negativo le reste tanta relevancia a una historia que, contada en otros términos, debería haber sido mucho más notable. Aun así es de agradecer (y de celebrar) el intento, que consigue a medias su objetivo (al menos en la parte más importante) y que sobretodo muestra que el cine debe ser posible en cualquier lugar y cualquier término.

 

 

LO MEJOR

  • Descarnado relato de la realidad de muchas mujeres en África
  • Narrada con verosimilitud y naturalidad

LO PEOR

  • Mala dirección que acaba lastrando todo el conjunto de la película
  • Montaje muy poco acertado que corta escenas sin sentido aparente

 

Guillermo Martínez

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Intento de físico que descubrió demasiado tarde que el cine era su pasión. Desde entonces, compagino la carrera con el séptimo arte (el arte que más alegrías me ha dado). Desde los clásicos hasta el cine más actual, todo ha trascendido la mera afición para convertirse casi en una forma de vida. Y qué mejor forma de disfrutar algo tan grande que poder escribir sobre ello.

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