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¿Podríamos ser hoy en día capaces de vivir sin wifi, Bluetooth o cualquier otra conexión satélite? En los tiempos que corren, es casi una pregunta retórica. Lo que seguramente poca gente sabrá es que, más allá de protagonizar Sansón y Dalila, de Cecil B. DeMille, y ser considerada la mujer más guapa del mundo en los años treinta, Hedy Lamarr fue la precursora silenciosa de las mentadas tecnologías. La actriz judeo-austriaca dio tanto por el cine como por la ciencia, aunque de cara a la galería, para una de las dos disciplinas fue prácticamente invisible. El próximo lunes 27 llega a Movistar+ el estupendo documental de Alexandra Dean que recorre la vida de Hedy Lamarr tal cual era. Sin ahorrarse ninguno de sus logros ni desgracias. Bombshell combina certeramente imágenes de archivo con entrevistas originales y audios extraídos de una entrevista que se le realizó a Lamarr en 1990.

La estrella de cine

Si por algo fue popularmente conocida Hedy Lamarr fue por su salto al estrellato en Hollywood. Su carrera artística comenzó con dieciséis años en su Viena natal, aunque la fama internacional no le llegó hasta 1933 con Éxtasis, donde aparecía completamente desnuda. Esto la marcaría en su vida y en su carrera. Entre otras cosas, así fue como captó la atención de su primer marido, Friedrich Mandl, que se dedicaba al negocio armamentístico proveyendo a Hitler y Mussolini. Celoso y controlador, acorraló a Hedy hasta tal punto que esta abandonó sus proyectos artísticos hasta que logró huir a Francia en 1937. Desde allí viajó a Londres, donde Louis B. Mayer, de la Metro Goldwyn Mayer, se interesó en ser su agente, dando comienzo a su andadura en la meca del cine.

La inventora

Antes de iniciarse en el mundo del espectáculo, Hedy Lamarr comenzó a estudiar ingeniería. Desde bien pequeña había mostrado gran inventiva y curiosidad por saber cómo funcionaban las cosas, y precisamente durante la represión de su primer matrimonio empleaba las horas encerrada en casa en retomar esos estudios científicos que se habían quedado a medio camino.

Tras huir de su matrimonio y establecerse en Estados Unidos, no solo colaboró con el ejército contando todo lo que sabía a raíz de estar casada con Mandl, sino que ideó una forma de comunicación secreta que, basándose en saltos de frecuencia de radio, lograba que los nazis no interceptasen los mensajes aliados. Nadie creyó en su momento que ella fuera la artífice de tan revolucionario invento: su belleza y el hecho de ser mujer entorpecían que fuera valorada y reconocida como debería. Su patente fue utilizada por el ejército estadounidense, sin recibir Hedy compensación económica alguna.

Una mujer valiente e independiente

Hedy Lamarr fue tremendamente emprendedora en todos los aspectos de su vida. Era lo que suele llamarse “una mujer adelantada a su tiempo”. El solo hecho de haber estado casada seis veces dice mucho de ella, en el sentido de que fue una mujer que se atrevió a alejarse de maridos que, uno tras otro, la hicieron vivir un infierno.

Tampoco tuvo ningún titubeo a la hora de alejarse de B. Mayer cuando este seguía encasillándola en cierto tipo de papeles por el simple hecho de haber salido desnuda en Éxtasis. Él clasificaba a las actrices en base a ese criterio machista, y Lamarr cortó con todo ello y llegó a producir por su cuenta hasta tres películas. Sobra decir que su arrojo no fue bien recibido en una industria a la que no gustaba nada que los artistas tomasen algo de control fuera de los focos, menos aún cuando se trataba de una mujer.

Sobre estas líneas, una de las alusiones que la propia Lamarr hacía a la carrera que encumbró su éxito: “Cualquier chica puede parecer glamurosa. Lo único que tiene que hacer es quedarse quieta y parecer estúpida”. No hay mucho más que añadir. Hedy era una mujer nada pretenciosa en su vida, a la que le frustraba enormemente que su belleza en aquella época fuese símil de poca inteligencia. En su mente se escondía un genio que nunca dejó de explotar a escondidas, y siempre le turbó que, mientras tanto, el público tuviese de ella una imagen creada, una fantasía. Porque ella era mucho más que una cara bonita.

Su padre le insistía desde que era una niña en una valiosa enseñanza “Sé tú misma”. Hedy Lamarr nos deja a nosotros otra: “Las más grandes personas con las más grandes ideas pueden ser suprimidas por las más pequeñas personas con las más pequeñas mentes. Piensa a lo grande de todas formas”.

LO MEJOR:

  • La participación en el documental de admirables mujeres contemporáneas como Diane Kruger o Susan Sarandon (productora).
  • Poder escuchar los testimonios en voz de la propia Hedy Lamarr.
  • Que por fin se haya hecho un reconocimiento a esta gran mujer.

LO PEOR:

  • Que haya tenido que venir este documental a hacer un homenaje que, desde que la historia tiene memoria, les correspondía no solo a ella, sino a tantas otras mentes brillantes que han sido ignoradas por su género.

Aitziber Polo

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