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El género shojo suele malinterpretarse. Si bien la definición técnica más extendida lo categoriza como un “manga para chicas adolescentes”, no deja de ser una simple etiqueta. Y a la hora de etiquetar la cultura nos podemos encontrar con taxonomías que alejan al público de ciertas obras.

Sin embargo Norma Editorial ha apostado con fuerza por los títulos propios de esta demografía durante este año (algo que además potencia con sus “previews Shojo”), abriendo la veda a títulos que, independientemente de como se cataloguen, no deberían perderse nunca.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Akatsuki no Yona, bautizado en nuestro país como Yona, Princesa del Amanecer, es una de estas obras. Un título que cuenta con un gran elenco de personajes —especialmente su protagonista—, un extenso folklore asiático basado en los Tres Reinos de Corea y un argumento con tintes de fantasía con capacidad de no dejar a nadie indiferente. Y es que si sus tres primeros tomos ya tenían un gran potencial, ahora, con las bases sentadas, su nueva entrega explora el núcleo de la obra.

Nos adentramos una vez más en le reino de Kôka, en una historia de venganza y descubrimiento, a través de nuestra reseña de Yona, Princesa del Amanecer #4. ¿Nos acompañáis?

Los tomos dos y tres de Yona suponen un punto de inflexión. Una curva marcada por la evolución de la chica a lo largo de su viaje. Si bien, su primera entrega sienta unas bases claras y hace las veces de toma de contacto, no es hasta los siguientes tomos cuando la chica hace acto de valentía y cambia las tornas. De princesa a guerrera.

Es un aspecto fundamental porque, de nuevo, empodera al personaje de Yona. La convierte en una mujer fuerte. Con sus miedos, sus preocupaciones y sus debilidades, por supuesto, pero es eso lo que la convierte en lo que es. Porque supera a la adversidad y crece como persona.

Y no solo lo hace ella. Porque ahora la princesa cuenta con el apoyo de tres personajes masculinos, incluyendo el primero de los dragones —una inclusión que sienta de maravilla a la obra y que goza de claras influencias del folklore oriental. Así el grupo emprende un viaje para conseguir un nuevo aliado, el Dragón Azul.

Siguiendo estas pautas, Yona, Princesa del Amanecer #4 se convierte en una lectura lenta y sentida. Kusanagi juega las cartas con cuidado y prefiere mantener los compases a bajo ritmo pero con buen pulso. Algo que se hace sentir especialmente en el desarrollo de personajes. Porque nos permite conocer un poco mas a Kija, en como el chico siente una inevitable atracción —que, se entiende, no es estrictamente romántica— por la princesa y como siente la presión de Hak, que lucha por su amor desde las sombras también.

De hecho es algo que se aprecia en como la autora dispone el dibujo en este tomo. Porque contamos con mucho primer plano, un gran énfasis en los rostros de los personajes y el atrevimiento de utilizar páginas completas para representar momentos protagonizados por la suerte de harem que está realizando la obra.

Y aunque Yona es el objetivo principal de esta práctica, gozando de algunas escenas dignas de mención, en las que la chica adopta una posición de determinación, asume su posición como líder y decide que no va a ser la vida quien le derrote a ella. Algo que su dibujo consigue expresar a la perfección, jugando con la perspectiva, el entramado e incluso la forma en la que la princesa arquea sus ojos. Un juego de detalles que pueden pasar a simple vista pero que sacan a relucir la maestría de Mizuho Kusanagi.

Y es esta forma de centrarse en Kija y Yona —cada uno con su propio protagonismo— la que ofrece cierto dinamismo a la obra. Porque Yona no es Hiryuu. Y es algo que la chica tiene completamente claro y que no duda en demostrar. Ella no es el rey de la leyenda, pero gracias al poder de los cuatro dragones construirá su propio legado.

«Kija… no soy el rey Hiryuu. Pero te quiero conmigo. Perdóname por ser tan egoísta.»

Yona no está desvalida. Y es algo que demuestra al dragón blanco a lo largo de todo el periplo. Él es quien aprende de ella. La ve durmiendo al raso, alimentándose de lo que encuentran en la montaña, practicando con el arco en mitad de la noche… su misión nunca es egoísta. Y la dicotomia que se forma entre ambos por el deseo de protegerse el uno al otro tira abajo los muros de las pretensiones del género y fomenta una relación igualitaria que eleva a Yona, la destaca como alguien mucho más fuerte de lo que parece.

Pero incluso así, Yona, Princesa del Amanecer #4 tiene lugar para el drama. Tiene lugar para crear historias ajenas, para crear su propio mundo. La obra no da nunca nada por establecido. No hay A o B, sino que abre las puertas a un mundo desconocido con sus propias leyes, culturas e incluso temores. Y así, mientras que la aldea del dragón blanco lo protegía como a un ser divino, la situación referente al dragón azul es sumamente diferente.

Porque su poder se considera una maldición. Su propia madre escoge el suicidio antes de aceptar ser la madre de tal aberración. Toda la aldea resulta una representación de los “raros”, aquellos a quienes no se quiere, los repudiados. Esconden sus rostros bajo máscaras y a ellos mismos, a su vez, en las entrañas de las montañas. Es una vida de reclusión, solitaria y oscura. Una que pretende demostrar la desigualdad, el no dar nada por hecho en ningún momento.

Es una forma única de construir su historia. El que el joven haya sido criado por el antiguo dragón, un hombre incompetente —un repudiado entre los repudiados— que se ve a si mismo como un ser maldito. E incluso así, con los (des)cuidados de Ao, el Dragón Azul se ve en la necesidad de proteger la aldea. Incluso tras su marcha, incluso tras quedarse solo —atado a una maldición que lo matará en algún momento— él decide perseverar y proteger a aquellos que lo ven como a un monstruo.

Su máscara es la única que se justifica dentro de la obra, como un símbolo de redención, de miedo. Del pavor a que sus ojos, sus poderes, puedan herir a alguien más. Y ahí es donde entra en juego Yona. Porque la chica se convierte en el rayo de sol que él nunca ha visto.

«No me importa lo más mínimo… que cargues con tan terrible condena. Quiero aceptarte como amigo.»

Y kusanagi vuelve a hacerlo. Es una inversión de roles. Porque es Yona quien le protege, es ella quien le acoge y decide cargar sobre sus hombros la maldición. Tras más de una década de soledad, es Yona quien rompe sus cadenas y le ofrece una mano cálida.

Y no es solo una inversión que apele a su género —por el hecho sabido de que en las obras Shojo suele ser la mujer quien acaba siendo protegida por el hombre— sino también a sus propias normas. Porque son los cuatro dragones quien deben proteger al legado de Hiryuu, a la elegida. Pero cuando se descubre que los mismos no dejan de ser jóvenes inestables con la posibilidad de usar poderes que les superan, es ella quien actua como panacea para sus males. Es ella quien les acoge y les brinda su ayuda. Es ella la heroína.

Y es por eso que cuando el Dragón Azul llega ante Yona y se libera de su máscara en las últimas escenas del tomo se entiende que se ha llegado a un culmen. Que él la ha aceptado como su ama. No en el sentido estricto de la palabra, sino en el que la convierte en aquella que guíe sus pasos hacia un mundo mejor. Uno que construirá —que ya construye— ella con sus propias manos.

Yona, Princesa del Amanecer #4 sigue los pasos de sus entregas anteriores y celebra su compra con un pequeño regalo para todos sus compradores. En este caso, al igual que en el tomo anterior, se trata de un posavasos imantado protagonizado por la Bestia del Trueno en un carácter imponente, con cierto tono chulesco. Sin duda, una de las mejores caras que podría ofrecernos el personaje.

Esta vez, en lo referente a la edición, nos encontramos con una portada de motivos florales y colores intensos que casi parecen hacer referencia a como Yona ha florecido y ha alcanzado un nuevo estatus. A su vez, el hecho de que ocupe la portado junto a Yoon simboliza la creciente amistad entre ellos y como la princesa cuida de él mientras es el chico quien se encarga de todos los aspectos técnicos.

Es por eso que ambos intercambian las flores en posición de abrazo, como recordando lo recíproco de su relación. Algo que choca sobremanera con la portada anterior, con la representación de la venganza y la lucha por el poder y que funciona en sintonia con los tempos pausados de esta entrega. Una portada, con permiso, preciosa y que siente mucho por sus personajes.

Nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas divididas en un total de seis capítulos. De igual forma que en su anterior publicación. El volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma cortesía de Sandra Nogués (BRKDoll Studio).

Óscar Martínez

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2 Comentarios

  1. Me encanta como analizas la obra. Esa manera de profundizar en los detalles, analizando punto por punto. Este tomo a mi me ha parecido muy emotivo, me encanta como nos presenta a ese dragón azul que lo primero que ve es la oscuridad, el rechazo. Esta obra merece un hueco en muchas más estanterías y agradezco enormemente el trabajazo que haceís. Un saludo y volveré por aquí cuando termine el tomo 5.

    • Ha sido algo muy bonito encontrarse este comentario, así que muchas gracias por tomarte tu tiempo, leer la entrada y comentarla. Espero que sigas leyendo la obra y pasándote por aquí, que la vamos analizando a medida que salen al mercado, hay muchos momentos emotivos similares más adelante. Y, de nuevo, las gracias a ti por valorar lo que hacemos, es muy importante ese apoyo.

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