74 SSIFF: CRÍTICA: GLAXO
ANTECEDENTES
Benjamín Naishtat es uno de esos directores que no necesitan demasiadas presentaciones para despertar interés. Tras títulos como Rojo o Historia del miedo, su cine ha demostrado una especial inclinación por explorar los rincones más oscuros de la sociedad argentina, siempre desde una mirada incómoda y con cierta vocación de thriller. Con Glaxo, adaptación de la novela de Hernán Ronsino, Naishtat vuelve a adentrarse en un territorio marcado por la violencia, la culpa y las heridas del pasado.
La premisa, sobre el papel, resulta atractiva. Una pequeña ciudad argentina de finales de los años cincuenta, cuatro jóvenes unidos por una amistad aparentemente indestructible y la llegada de un antiguo comisario de policía y su esposa, cuya presencia terminará alterándolo todo. El problema es que aquello que comienza prometiendo bastante más de lo que finalmente ofrece termina por aburrir.
LA PELÍCULA
Glaxo comienza con los ingredientes necesarios para construir un thriller oscuro y sugerente. Durante sus primeros compases, Naishtat sabe generar inquietud. Comienza con una buena atmósfera mostrándonos unas escenas en las que (incluso con un toque humorístico) el olor a pólvora se encuentra presente.
Sin embargo, esa promesa inicial se va diluyendo poco a poco. El thriller pierde tensión y, con ella, buena parte de su capacidad para sorprender. Lo que en un primer momento parecía encaminado hacia un relato complejo y oscuro acaba resultando bastante más convencional de lo esperado. Uno de los principales problemas está precisamente en su desarrollo. La película plantea conflictos, secretos y heridas que deberían tener mucho más peso, pero no siempre consigue que estos elementos trasciendan a la superficie. Las relaciones entre los personajes tampoco alcanzan la profundidad necesaria para que sus decisiones terminen de afectarnos como deberían.

Y ahí es donde Glaxo empieza a parecerse demasiado a un telefilm. No porque su planteamiento carezca de interés, sino porque determinadas escenas y, especialmente, algunos diálogos, no consiguen escapar de lugares comunes. La película parece pedirle al espectador que encuentre una complejidad que el propio guión no termina de desarrollar. También resulta llamativo el contraste entre lo que propone su atmósfera y lo que finalmente ofrece su historia. Hay momentos en los que Glaxo parece estar a punto de convertirse en un thriller mucho más incómodo y arriesgado, pero termina optando por caminos demasiado previsibles. La tensión se sustituye progresivamente por una narración más plana, y el interés que despierta su primer tramo no consigue mantenerse hasta el final.
ELLAS/ELLOS
El reparto tiene ante sí personajes marcados por secretos y conflictos que podrían haber dado mucho más de sí. Sin embargo, las interpretaciones terminan estando condicionadas por un guion que no siempre permite que los personajes evolucionen con la profundidad necesaria.
La cuestión no está tanto en la falta de trabajo de los intérpretes como en que sus personajes parecen quedar atrapados dentro de una historia que, conforme avanza, pierde capacidad para sorprender.

LA SORPRESA
La verdadera sorpresa de Glaxo es, precisamente, que termine resultando menos arriesgada de lo que su planteamiento inicial hacía pensar.
LA SECUENCIA/EL MOMENTO
Hay varios momentos del primer tramo en los que Glaxo consigue transmitir esa sensación de que algo terrible está a punto de suceder. Las secuencias del cine por la noche son magníficas.
TE GUSTARÁ SI…
Si buscas un thriller de ambientación clásica, con cuentas pendientes entre personajes (aunque sin mucha mordiente).
LO MEJOR
- Su planteamiento inicial.
- La atmósfera y la ambientación de la Argentina de finales de los años cincuenta.
LO PEOR
- El thriller pierde fuerza progresivamente.
- Los diálogos y algunas escenas resultan demasiado convencionales.
- Los personajes no alcanzan la profundidad que promete la historia.
- Su desarrollo termina acercándose demasiado al telefilm.
Jorge G. Leguina













