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Ver a una mujer - El Palomitrón

La sección Resistencias acostumbra a traernos algunas de las propuestas más interesantes y arriesgadas del Festival de Sevilla. Recientemente el certamen ha invitado a la cineasta Mònica Rovira, creadora de Ver a una mujer. Este documental narrado (en parte) en primera persona es el proceso de cuatro años de trabajo en los que la historia ha ido transformándose a medida que la propia vida de la directora cambiaba.

Lo que en principio iba a ser el proceso de observación de Sarai, la primera amante de Rovira, acaba convirtiéndose en una mirada introspectiva de la autora. La ruptura de la pareja provoca un forzoso cambio de rumbo en la narrativa del proyecto que, inevitablemente, no pudo continuar tal y como se había concebido. El azar estuvo presente incluso desde antes de comenzar a rodar. Mientras hacía pruebas de lenguaje para otra película que finalmente no se culminó, surgió la idea de Ver a una mujer. Cuando la historia con Sarai terminó, el punto de vista dio un giro de 180 grados.

La estructura final se divide en tres tiempos. En el primero, se conservan las imágenes del proyecto inicial en las que el plano consiste en la observación del ser amado. Tras un período de tiempo separadas después de la ruptura, Mònica propone a Sarai irse cinco días a la montaña junto a un cámara y una sonidista y reflexionar sobre su historia. “El primer día estaba muy cabreada y con ansiedad. No sabía si entrar en el cuadro, pero al final me lancé. Durante esos cinco días apenas hablábamos entre nosotros”, comentó Rovira en un encuentro con el público del festival. En todo el retiro apenas se grabaron siete horas. Después de lo que sucedió allí, y que se refleja en la película, la cineasta pasó un período de duelo antes de enfrentarse al montaje y la construcción de la historia. “Fui a ver a José Luis Guerín y me dijo ‘Mònica, ¿dónde está tu voz?’, y ahí me di cuenta de que debía mojarme más y contar qué coño me pasaba”.

A partir de ahí comienza el tercer tiempo de la película. Rovira grabó situaciones en distintos formatos de vídeo y, de las propias preguntas que se hacía a sí misma, surgió la arquitectura del filme. Es justo entre el final del segundo bloque y el tercero cuando la película se eleva en belleza y discurso. “La Mònica de antes de Ver a una mujer no sabía nada; la Mònica de hoy no sabe mucho más, pero han pasado cuatro años y al menos ahora tengo este proyecto”.

Fon López

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