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EL CINE EN CASA: ANÁLISIS PRODUCTO FINAL. SEINFELD – THE COMPLETE SERIES

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Seinfeld El Palomitron

Con la explosión de la televisión en los noventa (creciente número de televisiones por satélite, por cable y el incremento de públicas con producción propia), llegó también el incremento de competición por los mismos espectadores: las cadenas encargadas de producir seriales debían entregar trabajos más competentes, más acordes con la evolución a marchas forzadas que la televisión estaba sufriendo. Y se unió al descontento general (quizás es más adecuada la palabra “hastío”) de los antes espectadores, criados bajo el influjo del televisor y su imparable avance hasta cada pequeño rincón del mundo, que querían formar parte de su mundo, mientras que, a la vez, arreglaban los pequeños errores que siempre pensaron que había. Gente como Larry David (cocreador de la serie junto a Jerry Seinfeld) apreció el potencial del formato sitcom y decidió darle un lavado de cara al mismo. En sus palabras, que podemos encontrar en los extras de los DVD del pack Seinfeld – The Complete Series que Sony Pictures Home Entertainment ha reeditado, “queríamos romper con las convenciones, hacer algo diferente, […] queríamos ser nosotros mismos”. Y como bien sabemos, lo consiguieron: Seinfeld se convirtió por derecho propio en una de las series más influyentes al llenar las parrillas de programación de los Estados Unidos y el resto del mundo (en algunos países, como en Suecia, aún sigue emitiéndose). De hecho, Jerry Seinfeld (guionista, director y actor protagonista de la serie) ha bromeado alguna vez con que el éxito de la serie está acabándose, puesto que “hay estados en los que la serie solo puede verse cuatro veces al día”.

Seinfeld El Palomitron

Con una duración de nueve temporadas (y un total de ciento ochenta capítulos), la serie apretó las tuercas del formato y de los tabús preexistentes. Porque antes de Seinfeld no se había hablado en televisión de masturbación o productos para la higiene femenina, ni se había matado a algún personaje solo por el efecto cómico: la serie de la NBC sustituyó la “blancura” del humor habitual por la irreverencia absoluta, el humor adulto y cáustico, y una visión no demasiado amable de los fastidios y rarezas de la vida moderna. En definitiva, Seinfeld abrazó por detrás a las audiencias de los años noventa y les susurró al oído: “Oye, no es malo ser honesto, aunque esa honestidad te haga parecer un poco malo”. Sus personajes solamente expresaban en voz alta las preocupaciones de la sociedad contemporánea. Por supuesto, ellos lo llevaban siempre un paso más allá, pero eso era exactamente lo que convertía la serie en algo tan sumamente divertido: no tenía miedo de agarrar por los mismísimos las ansiedades del hombre de a pie y airearlas en una pira pública.

Su reparto principal, los cuatro fantásticos de la comedia noventera, y su inalterabilidad a lo largo de los nueve años durante los que se alargó el serial (Jerry Seinfeld, Jason Alexander, Julia Louis-Dreyfus y Michael Richards) fue parte de lo que hizo de Seinfeld una fórmula irrepetible y una institución cómica de primer orden, sin miedo a rechazar los ardides habituales para hacer a sus personajes simpáticos. Nos encontrábamos ante una serie sin complejos, sin miedo a ser irrespetuosa en momentos en los que siempre se había enseñado a ser educados, honestos y directos cuando se requería diplomacia y suavidad, e interesados cuando la etiqueta reclamaba compasión, decidida a llevar hasta el extremo su leitmotiv narrativo: “No hay abrazos, no hay moralina”.

EL PACKAGING

Seinfeld El PalomitronEste magnífico cofre es, para los que se consideren absolutos fanáticos de Seinfeld, una golosina demasiado sabrosa como para ignorarla. Porqué, aunque tengan cada temporada en formatoindividual y los extras sean los mismos que en las temporadas por separado, el cofre en el que se presenta es el verdadero valor añadido que todo coleccionista quiere y debe tener en su estantería. Una solución práctica y económica para el almacenaje de la serie, que reúne la colección de 33 discos en un reducidísimo espacio. Una serie para la historia, en un empaquetado para la historia.

LOS EXTRAS

Seinfeld El Palomitron

Con una serie con tantas virtudes y tan conocidas como Seinfeld, lo que decanta la balanza hacia la adquisición de su formato físico son claramente los contenidos adicionales. Y en esta edición coleccionista de Seinfeld – The Complete Series, estos sonprácticamente inacabables, porque si podemos darle una nueva dimensión al serial con el visionado con la pista de audio Blablabla, que añade comentarios de los creadores, también podemos hacerlo con una pista de subtítulos especial llamada Notas sobre nada, que suelta datos curiosos sobre secuencias, momentos y capítulos.

Y luego están los documentales con vocación de making of: entrevistas con ejecutivos de la cadena, directores, guionistas, productores y miembros del reparto sobre la concepción de la serie y su camino de producción hasta su emisión durante su primer año, y el iniciático Cómo empezó se completa con pequeños documentales específicos para cada episodio individual llamados Intimidades. Los segundos maravillarán a los curiosos en busca de curiosidades de la serie, ya que en cada uno de ellos se relata alguna anécdota del rodaje o la concepción de dicho episodio con presteza y una corta duración que evita que el espectador pierda interés. A estos se añaden pequeños featurettes exclusivos de los extras de cada temporada. En la tercera, Kramer contra Kramer: de Kenny a Cosmo; en la quinta, Jason + Larry = George, explorando la creaciónconjunta del personaje (recicla algún material de Cómo empezó, pero añade entrevistas no vistas con guionistas del programa); en la sexta, Corriendo con el huevo (documental de dos partes que aporta aún más información sobre la concepción de la serie); en la séptima, La reina del castillo: La historia de Elaine Benes (un tributo al personaje y la actriz que la interpreta) y dos piezas sobre Larry David (Despedida de Larry David y ¿Dónde está Larry? La estrella invitada secreta de Seinfeld), que abandonó la serie en esta temporada; en la octava, Jerry Seinfeld: capitán de submarino, que reflexiona sobre la importancia del personaje principal en la serie, y en la novena y última temporada, La última vuelta, sobre el rodaje del último episodio de la serie.

seinfeld

Y no acaba aquí la cosa: también podemos encontrar escenas eliminadas de la serie (llamadas En la caja fuerte), divertidas tomas falsas (Aunque no tiene nada de malo), monólogos exclusivos de Jerry Seinfeld para The Tonight Show (Amo de sus dominios), promos y avances de la NBC para cada una de sus temporadas (Patrocinado por Industrias Vandelay), galerías de fotos detrás y delante de las cámaras y, en las últimas cuatro temporadas, unas pequeñas piezas de animación llamadas Sein-imación, que animan secuencias de la serie en las que un personaje cuenta una historia.

¿Preparados para revivir los noventa en tu salón? ¿Para acompañar a Elaine, George, Kramer y, por supuesto, a Seinfeld en sus locas discusiones sobre las relaciones, las expectativas, y la extrañez de la vida moderna? ¿Preparados para descubrir una de las mejores sitcoms jamás hechas? No dejéis pasar la oportunidad de haceros con este pack.

Pol Llongueras

FIESTA DE EMPRESA

Fiesta de empresa El Palomitrón

Si juntamos la desternillante y eficaz Resacón en Las Vegas y la infumable Noche de fin de año, el resultado será Fiesta de empresa, por lo que nos encontramos en un intermedio: ni tan divertida como la primera ni tan desastrosa como la segunda. En este caso, los directores Will Speck y Josh Gordon (Un pequeño cambio, Patinazo a la gloria) vuelven a juntarse para narrar el desmadre en una fiesta de empresa ambientada en época navideña, tomando como claro precedente la ya mencionada Resacón en Las Vegas, pero quedándose en su conjunto a medio gas.

Para que una comedia funcione, en primer lugar necesita contar con actores que dominen el terreno de la comicidad; y esto es justo lo que los directores de Fiesta de empresa han hecho en este caso, rodeándose de nombres como los de Jennifer Aniston, Jason Bateman o T. J. Miller, entre otros. Hasta hace poco, Jennifer Aniston siempre ha sido considerada la niña buena de Hollywood, interpretando papeles de chica dulce y romántica. Sin embargo, en títulos como Cómo acabar sin tu jefe 2 o Somos los Miller rompe con esa imagen, demostrando al mundo otra faceta interpretativa, y aquí ocurre exactamente eso: la dulce Rachel de Friends se convierte en una despiadada jefa a la que las fiestas poca gracia le hacen. También cabe destacar a otro de sus protagonistas, T. J. Miller, una de las claves para que esta película nos deleite con gags ingeniosos y muy divertidos (aunque no demasiados en cuanto al número). Algunos secundarios aportan frescura y agilidad a la trama, como es el caso de Courtney B. Vance (Masters of Sex), Matt Walsh (Como reinas) o la siempre convincente Kate McKinnon (Cazafantasmas, Ted 2).

Fiesta de empresa Will Speck El Palomitrón

Cuando visualizamos el nombre de Jason Bateman en el póster promocional de alguna película, nuestras expectativas se elevan y las risas parecen estar aseguradas. En este filme, los directores de Fiesta de empresa quieren sacar el lado más tierno y serio del actor y, aunque nadie duda de sus dotes interpretativas en otros géneros, por favor, en esta ocasión necesitamos la faceta más alocada de Jason Bateman.

Y relacionado con esta intención, surge el problema global de la película: se trata de mezclar desmadre y gamberrismo con una moraleja y romanticismo incluido. Una mezcla algo arriesgada y que convierte a Fiesta de empresa en un filme olvidable y que provoca por momentos algún que otro bostezo. A veces hay que centrarse y no pretender que el target de la película sea todo tipo de público, como ya ocurría en Resacón en Las Vegas, donde el desmadre no tenía fin y su director tenía muy claro que su misión primordial era producir carcajadas sin fin, y así lo logró.

Jason Bateman Fiesta de empresa El Palomitrón

Las comedias que pretenden ser alocadas no se toman en serio a ellas mismas y es en estos casos cuando claramente funcionan; y en Fiesta de empresa parece que a veces sí se toma a sí misma en serio. Además, ello implica que las sonrisas ganen a las carcajadas, y sí, los mejores momentos son aquellos que tienen lugar en la fiesta donde no hay límites y las personas en vez de empleados parecen animales. Hubiera sido una gran idea apostar más por esa fiesta, acompañada de una banda sonora que aporte al filme mucha fuerza, que otras historias paralelas como la de Jason Bateman y Olivia Munn, que sacan a uno de la historia.

Fiesta de empresa es una comedia ambientada en época navideña que puede ser catalogada como alocada, pero debería haberlo sido más aún. A lo largo de sus 106 minutos hay demasiados altibajos y contiene diálogos poco ingeniosos y plagados de chistes simples. A pesar de ello, esta comedia entretendrá y divertirá a los seguidores de este género, aunque no la incluirán dentro de su top ten.

LO MEJOR:

  • El desmadre ocasionado en la anunciada fiesta de empresa.
  • Su banda sonora agiliza la película.

LO PEOR:

  • Deja un sabor a poder haber sido más gamberra.
  • Alguna que otra historia paralela.
  • Un Jason Bateman poco aprovechado.

 

Gabriela Rubio

PATERSON

Driver Paterson El Palomitrón

La vida de Paterson transcurre de forma casi inmutable durante los siete días de la semana que Jim Jarmusch decide mostrarnos en la película: despertado por su astuto reloj biológico al lado de su pareja, Laura (una artista apasionada por la repetición de patrones monocromáticos, entrañable en sus excentricidades), en el cobijo de su habitación, desayuna un bol de cereales, trabaja en su autobús, saca a pasear al perro de su pareja y toma una cerveza en el mismo bar pintoresco cada noche. Pero esta inmutabilidad responde, más que a un estatismo fruto del hastío existencial, a un estado de perfección que el carismático aunque poco hablador personaje (interpretado con una sutileza arrebatadora por Adam Driver) está convencido de haber adquirido. Y aunque a priori se le pueda tachar de fracasado (aunque sus poesías son buenas, es obvio que sigue encerrado en un trabajo que no le permite crecer como ser humano), vemos con el paso de los días que es en esa monotonía en la que Paterson va encontrando un rastro de maravillosas recompensas: el beso al despertarse junto a su amada, las conversaciones de las que es invitado involuntario mientras conduce el autobús y la contemplación de la vida privada que le otorga su asiento privilegiado al frente de este, o la cerveza que comparte con un grupo de desconocidos cada noche de la semana.

Driver y Farahani Paterson

¿Es Paterson entonces la historia de Paterson (el hombre) enamorado de su vida en Paterson (el pueblo donde vive), de la rutina circular que supone la vida de un hombre modesto en una ciudad modesta con un trabajo modesto? No; mejor aún: Paterson es un enamorado de las pequeñas variaciones en su rutina. Es ese tipo de hombre que encuentra la belleza y el amor en una caja de cerillas, o el talento inabarcable en un rapero practicando en una lavandería a altas horas de la noche. Y la cosa con su poesía (cuyo acercamiento es desde la más pura voluntad de expresión) va por el mismo camino: Paterson trabaja con la expresión sensible de sus sentimientos huyendo de metáforas, pero identificando a la perfección los símbolos de su amor por las pequeñas cosas. Jarmusch celebra las pequeñas diferencias de este déjà vu vital de nuestro protagonista tragicómico con la sutileza y austeridad propias del cine indie norteamericano, convirtiéndolas en pequeñas epifanías que nos alejan y nos acercan al mundo poético, y llama al público a recuperar la pasión por las formas y los caminos en los que los sentimientos más puros se presentan al hombre moderno, demasiado ocupado en vivir su vida a través de los teléfonos móviles.

Driver Paterson El Palomitrón

Jarmusch, como es costumbre en gran parte de su filmografía, concibe sus obras como invitaciones a la reflexión y a la implicación emocional, a desentrañar el secreto de esta vida que, como pasajera que es (ya examinó la maldición de la inmortalidad en la maravillosa película de 2013 Solo los amantes sobreviven), nos pide a gritos que nos refugiemos de lo feo y doloroso para aplaudir la hermosura de la sencillez y la simetría: es nuestra única opción para ser felices durante el corto tiempo que estamos recluidos en el paraíso terrenal que nosotros mismos llenamos de horrores. Si Jim Jarmusch fuera a dejar la dirección cinematográfica sin entregarnos ninguna película más, Paterson sería el mejor y más bonito epitafio.

LO MEJOR:

  • La actuación de Adam Driver, la mejor (por ahora) de su prometedora carrera en el cine.
  • La poesía de Ron Padgett.
  • La benevolencia con la que Jarmusch trata a sus personajes.
  • Que se aleje del cine masticado y exija una contribución al espectador.

LO PEOR:

  • Nada.

Pol Longueras

HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE

Hasta el último hombre El Palomitrón

Un simple vistazo a la historia de Hasta el último hombre vale para entender por qué Mel Gibson ha decidido que esta sea precisamente su vuelta a la dirección cinematográfica. Más cerca del retrato intimista que del documento histórico, la historia se centra más en mostrar el sufrimiento y sacrificio de un solo hombre por sus ideales que el contexto social del país. Parece que Gibson ha hecho lo que Jolie intentó un par de años atrás con Invencible, solo que este ha exprimido considerablemente mejor los ingredientes de su historia, alejándose de la transversalidad y acercándose a la figura del hombre como portador de su moral hasta las últimas consecuencias, como un calvario moderno del que el damnificado sale reforzado y reconocido. Vaya, algo con lo que el australiano está más que familiarizado, tanto en la ficción como fuera de ella.

Así, primero el protagonista sufre los efectos de una paternidad deficiente por la mella que hace la Primera Guerra Mundial en la mente de su padre, un correcto Hugo Weaving convertido en ese 21st Century Schizoid Man de King Crimson y trasladado a los efectos de la Gran Guerra; después, cuando decide enfrentarse a su deber para con su país y sus compatriotas, sufre las vejaciones tanto de su compañía como de sus superiores militares (entre ellos Vince Vaughn), que por suerte superan la desagradable tendencia del cine actual de convertir a algunos secundarios en extras con frases, y son dotados de personalidad y cierta definición por los guionistas de la cinta (mucha más que, por ejemplo, al romance del protagonista). Andrew Garfield se calza con su mejor acento sureño (aunque su interpretación se encuentra varios peldaños por debajo de su mímesis vocal) y aguanta estoicamente todos los desprecios en una muestra más de lo comprometido que se encuentra su personaje con su causa.

Mel Gibson Hasta el último hombre El Palomitrón

Y con la marcha de los hombres a la toma de Okinawa, Mel Gibson nos propone la película como una reflexión sobre los horrores de la guerra, enalteciendo al primer objetor de conciencia en recibir la Medalla de Honor hasta el altar de la figura mesiánica: decidido a sacrificarse por sus hombres, sometido a su Pasión particular durante el entrenamiento en los barracones y su enfrentamiento constante con el establishment militar, obrador de milagros (el rescate de 75 personas heridas del campo de batalla). Decidido a no escatimar en imaginario visual cristiano, “Mad Mel” incluso le otorga a su protagonista unos estigmas y le desciende de su infierno particular de Okinawa hacia la Tierra, ahora salvada en un baño de luz solar redentor.

La principal cualidad de Gibson como director ha sido siempre su poderosa representación del combate violento en pantalla, y en Hasta el último hombre no va a defraudar a ningún espectador que busque en ella la víscera más pura y el campo de batalla más cruento de los últimos años en el cine. Las escenas bélicas en el tercer acto de la película son una manguera a presión de mugre, barro, metralla, sangre, miembros reventados y ratas alimentándose de los caídos, y añaden un contrapunto macabro en la matriz de un convencional (aunque sobrio) filme sobre la Segunda Guerra Mundial. El australiano consigue una acción narrativamente emocionante, con un montaje claro y una dirección muy correcta.

Andrew Garfield Hasta el último hombre El Palomitrón

Eso sí, no deja de planear nunca sobre la película una duda ética en referencia a lo ambivalente de su premisa, ya que esta actúa a la vez como desafío a la autoridad militar impuesta en tiempos de guerra y como ensalzamiento de las disputas armadas. ¿No choca todo el tercer acto de ensañamiento desmesurado y acción bélica con las ideas del núcleo empático de la película, respondiendo más al disfrute chabacano del espectador medio que a una continuación del discurso? Quizás sí, pero lo cortés no quita lo valiente. Gibson trabaja con un material visualmente potente, con una historia interesantísima desde el punto de vista ético, y su solvencia como director pone el resto para convertir a Hasta el último hombre, pese a sus fallos, en un más que digno regreso a la dirección de películas.

 

LO MEJOR:

  • Supone la vuelta de un maravilloso narrador de historias tras las cámaras después de diez años de ausencia.
  • El festín visual de entrañas y extremidades reventadas del tercer acto.
  • La película es endemoniadamente entretenida.

 

LO PEOR:

  • Su mensaje en pro de la objeción de conciencia queda herido de muerte con el ensañamiento de la cámara de Gibson en las secuencias de batalla.
  • Las actuaciones no están demasiado a la altura de la épica de la película.
  • El insípido romance de la cinta.

 

Pol Llongueras

COCO: LO NUEVO DE PIXAR YA TIENE VOZ

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coco-pixar-palomitronFrente a las secuelas en las que Pixar lleva trabajando un tiempo (y por las que muchos estamos impacientes, véase Cars 3, Los Increíbles 2 o Toy Story 4), y tras los cinco largos años que los fans llevan esperando saber algo más aparte del título, al fin tenemos nuevas noticias de Coco.

La historia nos presenta a Miguel Rivera, un niño mexicano de 12 años perteneciente a una familia de zapateros cuya pasión es la música. Sin embargo, es algo que no tiene cabida. ¿La razón? El bisabuelo de Miguel abandonó a su bisabuela Imelda, y esta constituyó un matriarcado en el que la música se declaró muerta para la familia. Aun con todo, es el deseo secreto de Miguel.

Inspirado por su artista favorito de todos los tiempos, Ernesto de la Cruz, Miguel descubre una conexión entre ambos y verá su historia comenzar cuando, accidentalmente, entre en el mundo de los muertos. En él conocerá a un espíritu llamado Héctor que le ayudará a encontrar a su ídolo, antes de que se le acabe el tiempo, para conseguir la bendición de la música en su familia.

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Las nuevas noticias tienen que ver con las voces que darán a vida a estos personajes. La de Miguel será interpretada por Anthony González y la de su ídolo Ernesto por Benjamin Bratt (Miss Agente Especial). Gael García Bernal (Mozart in the jungle) dará voz al compañero de aventuras fantasmales Héctor, y como colaboraciones especiales se ha confirmado a Renée Victor (Paranormal Activity: The Marked Ones) para interpretar la voz de Imelda. La dirección correrá a cargo de Lee Unkrich (Toy Story 3), con la codirección y la creación del guion de Adrian Molina.

Se estrena el 22 de noviembre de 2017, tras el estreno de Cars 3 (16 de junio de 2017 en EE. UU.). Hasta nuevas noticias, os dejamos el teaser trailer de Cars 3, a la que también le tenemos más que ganas.

Cris Domínguez

EL EDITOR DE LIBROS

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Los biopics corren el riesgo de caer en una narración plana y monótona, donde los hechos se reproducen a modo de documental, olvidando su director por completo su sello cinematográfico. En El editor de libros (torpemente traducida del título original Genius, dicho sea de paso) Michael Grandage tropieza con varias piedras a lo largo del filme, que si no fuera por sus dos protagonistas, Colin Firth y Jude Law, podría pasar por un telefilme perfectamente olvidable. Este género, al ser traspasado al cine, requiere de una cierta conciencia por parte del director, no solo respecto al fondo, sino también en cuanto a la forma, que en muchas ocasiones se mantiene erróneamente al margen.

El editor de libros comienza de manera elegante y ágil, pasando a ser el espectador testigo del primer encuentro del editor Max Perkins, interpretado por Colin Firth, con la obra de Thomas Wolfe; un inicio que hace prever una narración llena de matices necesarios y nada superflua. Qué bien saben engañar los directores a veces para introducirnos en historias que más adelante caerán en algo insulso y que desprenden pereza en el ritmo narrativo.

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Esta película no solo narra la historia de Thomas Wolfe desde el momento de su primera toma de contacto con el mundo editorial, sino que va más allá, cuestionando la dudosa labor del editor a la hora de limitar la obra de los escritores. Acertadamente protesta Wolfe en una de las escenas del filme diciendo que si a León Tolstoi se le hubiera recortado su obra Guerra y paz, solo se hubiera quedado en lo primero, Guerra. Y este aspecto es, probablemente (junto a la labor de los actores del filme), lo mejor de este: cómo se expone esa crítica hacia los editores, ese poder que poseen sobre una obra que verá la luz en una forma distinta a la que originariamente fue creada por su autor. Los editores juegan en ciertas ocasiones a ser Dios. De hecho, al señor Grandage no le hubiera ido nada mal tener un editor a su lado a la hora de filmar esta película.

Colin Firth y Jude Law son los dos pilares de El editor de libros, y su ausencia haría resquebrajar todas las demás piezas de esta película. La narración es plana, aunque muchas escenas se salvan gracias a un maravilloso Jude Law, que algunos catalogarán de histriónico y sobreactuado, aunque preferimos decir que estamos ante uno de los mejores papeles de su carrera; un auténtico monstruo a la hora de enfrentarse a la cámara y dar vida a un personaje tan complejo como lo fue Thomas Wolfe. Colin Firth brilla en cada escena, a pesar de interpretar a un comedido y desapercibido Max Perkins, logrando una actuación impecable y eficaz y que en ningún momento resulta ser eclipsado por un enérgico Jude Law.

La relación entre editor y escritor es lo que realmente hace crecer y avanzar a este biopic, que se entorpece y ralentiza cuando el foco cae en sus relaciones con las mujeres de su vida, interpretadas por Laura Linney, siempre correcta y a la que nada se le puede reprochar, y Nicole Kidman, a la que esta vez vemos sobreactuada y poco creíble. El editor de libros peca justamente de eso: de incluir personajes o historias paralelas que no dejan avanzar la película con la agilidad necesaria, otorgándole de esta manera un aire de telefilme. El director insiste en introducir en la historia a Ernest Hemingway (Dominic West), que aparece con un papel insignificante, así como también a F. Scott Fitzgerald (Guy Pearce), dos escritores cuya historia es de gran interés y merece ser contada, pero no en esta película. Sus inclusiones con calzador se quedan en simples pinceladas, y da la impresión de que Michael Grandage pretendía enriquecer la historia con grandes nombres a modo de engaño.

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El duelo Firth-Law funciona y salva la película, creando en el espectador el deseo de que la cámara no se aparte de estos personajes, que siga profundizando en su relación y, por lo tanto, en sus dos personalidades tan dispares y a la vez tan complementarias entre sí.

El editor de libros se deja ver, aunque podría haber arriesgado más y prescindido de ciertos elementos que poco aportan a la historia. Sin embargo, este filme nos regala momentos apoteósicos a nivel interpretativo de los dos protagonistas y plantea el papel de los editores con respecto a las obras que caen en sus manos. Este biopic, a pesar de tener varios hándicaps, debe ser recomendado, ya sea por el hecho de que siempre se agradece la unión de cine y literatura, aunque en este caso hay que dejar las grandes esperanzas en casa.

LO MEJOR:

  • Colin Firth y Jude Law.
  • La duda que se crea con respecto a la labor del editor.
  • Que el cine apueste por la literatura.

LO PEOR:

  • Sus personajes secundarios, que no aportan demasiado a la película e incluso llegan a entorpecerla.
  • Su falta de ambición.
  • Que en ocasiones recuerde a un telefilme.

Gabriela Rubio

POPSTAR: NEVER STOP NEVER STOPPING

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popstars e palomitronExisten películas que consiguen refrescar el ambiente que crea la industria cinematográfica y todo lo que arrastra. A veces, algunos audaces creadores de contenidos de humor se atreven a asomarse a la magnánima industria del cine, y pocos consiguen sobresalir. Es el caso de Andy Samberg (Brooklyn Nine-Nine), Akiva Schaffer y Jorma Taccone, miembros del programa de humor Saturday Night Live (NBC) y conocidos en Internet como The Lonely Island, creadores del temazo de aquel verano de 2011 I Just Had Sex, interpretado por Akon. El trío, cuyas parodias musicales tan simples como pegadizas los llevaron al estrellato, ha coescrito, dirigido y protagonizado Popstar: Never Stop Never Stopping junto al productor versado en la comedia Judd Apatow (La boda de mi mejor amiga, Begin Again). Una comedia despiadadamente paródica de los desastres que la fama acarrea cuando se encuentra en las manos incorrectas.

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Las estrellas de la música angloparlante deben querer (o al menos apreciar mucho) a este horrible a la par que adorable trío de eternos adolescentes, que se ganan la vida riéndose de los grandes éxitos de la industria. De no ser así, no participarían en este curioso experimento que es Popstar, donde el peculiar grupo consigue que nuestros ídolos se rían de ellos mismos y sus pequeñas excentricidades.

La película se desarrolla a modo de documental para narrar la vida de una neoestrella del pop. Un producto fabricado reluciente por fuera, pero vacío por dentro, incapaz de ver más allá de su tambaleante éxito. Justin Timberlake, Pink, Mariah CareyRingo Starr, Usher o 50 Cent son solo algunos de los famosos que aparecen relatando el impacto mediático del ficticio rapero Conner Friel (también conocido como Conner4Real), un tipo infantil e irresponsable que perderá la cabeza por conseguir cada vez más atención por parte del público hasta perder su propia dignidad y principios. Una estrella que fue catapultada a una fama precipitada junto a sus amigos de la infancia Lawrence y Owen como The Style Boyz, siempre aupado por su representante, interpretado por Tim Meadows (lo recordaréis por Chicas malas o Niños grandes).

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Desgraciadamente, las pérdidas que ha sufrido la cinta de Universal Studios la convierten tristemente en un flop. Tal es el caso que la productora ha decidido sacarla al mercado directamente, sin pasar por la gran pantalla. Su carácter provocador no ha sido suficiente para el público norteamericano, acostumbrado a las emociones fuertes y al dramatismo hollywoodiense, características que curiosamente se ven parodiadas en la propia película. Las sensaciones que provoca Popstar son tan variadas como insuficientes; el ambiente es demasiado recargado, los chistes son típicos, aunque a veces llevados al límite. Las situaciones son un tanto grotescas y la elegancia brilla por su ausencia, otra crítica a ese “lujo de plástico” tan de moda entre las nuevas generaciones musicales.

Irónicamente, la superficialidad que tanto critica Popstar se convierte en su principal punto débil. El guion no consigue darle la emotividad que los cinéfilos buscamos siempre en un largometraje. Ojo, que con emotividad nos referimos más bien a esas cosquillas, ese arte de saber tocarnos algún punto sensible que consiga hacernos conectar con la película. En su infinita ironía y carácter canalla, rodeada por un aura de estrellas y gente importante, la comedia de The Lonely Island aprueba a duras penas un proyecto que carece de pretensión para toda su ambición.

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Seguramente no sea de las películas más profundas ni más inspiradoras del 2016, y los que buscan vibrar y emocionarse con el cine no encontrarán en esta un lugar donde refugiarse. Sin embargo, y al tratarse de un primer flirteo de Samberg y compañía con la gran pantalla, es una comedia fresca que los amantes del humor más salvaje disfrutarán.

LO MEJOR:

  • Humor transgresivo y polémico.
  • Números musicales surrealistas e hilarantes (abajo os dejamos uno de los temas más bestia)
  • La satisfacción de ver a los famosos desenvolverse en un ambiente más relajado para reírse de ellos mismos y su propio mundo.

LO PEOR:

  • Algunos gags son fáciles y están repetidos hasta la saciedad.
  • No inspira mucho; si acaso, te hace odiar la industria musical.
  • La intensidad es desigual y hay una carencia de contrastes importante: pasan de un extremo a otro sin pararse en los detalles.

 

 

Naomi Barki

ATRAPADOS. UN PROMETEDOR PILOTO

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Atrapados. Primeras impresiones de la serie islandesa en El palomitrónMovistar Series Xtra estrena Atrapados (miércoles 7 de diciembre a las 22:35) para reforzar la apuesta del canal por las series europeas (hace unos meses os hablábamos también de su estreno Sección Zero). Una apuesta que cada vez nos gusta más, dada la calidad que acompaña a muchas de sus propuestas.

Esta vez la sorpresa se llama Atrapados, una serie de diez capítulos con la que Islandia, que hasta ahora en el mundo de las series se había conformado con servir como plató natural para ficciones tan importantes (y populares) como Juego de tronos, pide la vez en el tablero de las ficciones europeas en general, y las nórdicas en concreto. Porque visto el piloto de Atrapados será muy fácil para el espectador rescatar de su memoria títulos como las danesas The Killing o Bron/Broen, si hablamos de series, o Terriblemente feliz, si hablamos de sorpresitas reservadas casi en exclusiva (y por desgracia) para los festivales de cine.

Atrapados. Primeras impresiones de la serie islandesa en el PalomitrónAtrapados viene avalada por un éxito bastante notable en Francia y el Reino Unido, y unas críticas muy positivas en el Festival de Toronto. Y es que el visionado de su primer capítulo basta para darse cuenta de que el producto promete, y mucho.

Baltasar Kormákur, un director que vuelve casa (y a sus orígenes) tras su decepcionante Everest, una de las cintas más desaprovechadas de 2015, compone con mucha habilidad una intriga que encuentra su personalidad en la particular conjunción de muchos elementos que, de manera aislada, ya se han visto en el género por activa y por pasiva, no nos vayamos a engañar. Si bien todo resulta poco novedoso, lo que sí funciona (y lo hace de miedo) es su vertebración para conformar el punto de partida de Atrapados. Así, la trama arranca presentándonos un pequeño, aislado e inhóspito pueblecito costero islandés que se ve sacudido por el hallazgo de un cadáver descuartizado flotando en sus aguas. Este macabro episodio coincide con la llegada de un ferry con 300 turistas a su bahía, lo que pone a las autoridades, poco acostumbradas a sucesos de este calibre, en alerta. Las sospechas se focalizan rápidamente en alguno de los pasajeros del ferry, aunque en la atmósfera flota la sensación de que quizá no todos los habitantes del pueblo estén libres de culpa o pecado. Pero es con la suma de un temporal de nieve que promete aislar al pueblo y colapsar sus comunicaciones cuando la propuesta empieza a ganar enteros rápidamente. Nadie más podrá entrar, pero nadie más podrá tampoco salir.

Atrapados. Primeras impresiones en El Palomitrón

Dos son los elementos que juegan muy a favor de Atrapados: por un lado, su espectacular fotografía (no podía ser de otra manera si hablamos de Islandia), y, por otro, su diseño de producción, que nos contagia la soledad de sus localizaciones, que desde hace tiempo parece también habitar en buena parte de la galería de personajes que nos vamos encontrando.

Y entre ellos está (y destacando) el jefe de la policía local, Andri Olafssun, interpretado por Ólafur Darri Ólafsson, actor poco conocido por estos lares salvo que tengáis buena memoria (era el cervecero piloto del helicóptero al que salta Walter Mitty arropado por las notas de Space Oddity, del genial David Bowie), y que pronto veréis también en Emerald City, la nueva serie que adapta el universo literario de L. Frank Baum y que estrenará el canal Cosmo en nuestro país en 2017. Un protagonista vencido por su situación sentimental, y para el que este suceso puede suponer la oportunidad de recuperar sus oxidadas capacidades policiales, y también de liderazgo.

Un piloto que nos ha dejado muy buen sabor de boca, y que, visto lo visto, garantiza que será bastante complicado que la cosa se tuerza en exceso. Lo que no será difícil es que, cuando el espectador acabe este primer capítulo, el único atrapado sea él.

Alfonso Caro