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Acercarse a la banda terrorista ETA a través del cine siempre ha sido un ejercicio complicado. Son más de 60 los filmes que, de una manera u otra, integran el terrorismo vasco en su trama, y su enfoque nunca ha dejado a ninguna de las partes totalmente satisfechas, como es natural. El capítulo del terrorismo es un capítulo de dolor en nuestra historia más reciente, y todavía queda mucho por hacer a este respecto, lamentablemente. Por mucho que nuestros directores hayan perseguido la objetividad a través de producciones pretendidamente documentalistas, resulta casi imposible encontrar un filme que no se mueva (aunque sea con sutileza) en los delicados senderos de la alineación con una parte del conflicto u otra, porque en este género la mínima humanización del personaje ya es entendida como un envite por los unos o por los otros.

Un terreno, el del cine sobre terrorismo, que usualmente ha estado reservado para los cineastas más provocativos de nuestro cine y que, tras la muerte de Franco experimentó una proliferación muy notable de títulos, desde aquellos que tocaban el atentado a la figura de Carrero Blanco, COMANDO TXIKIA: MUERTE DE UN PRESIDENTE (JOSÉ LUIS MADRID, 1976) y OPERACIÓN OGRO (GILLO PONTECORVO, 1979), hasta todos los que han repasado procesos judiciales, realidades sociales del País Vasco, recreaciones de atentados o han intentado reflejar los dramas personales de los comandos vascos, muchas veces con el componente afectivo como detonante de sus inseguridades o conflictos internos. Sin duda, y si nos tenemos que quedar con algún director que ha destacado por su tratamiento del tema, el cine de IMANOL URIBE es el que ha obtenido resultados más satisfactorios en su exploración del conflicto. EL PROCESO DE BURGOS (1979), LA FUGA DE SEGOVIA (1981) y LA MUERTE DE MIKEL (1984) son tres de los trabajos más redondos que se han rodado en nuestro país sobre la temática. El mismo director firmó en 1994 DÍAS CONTADOS, la toma de contacto de toda una generación con el conflicto, y también uno de los mejores thrillers que ha filmado nuestra industria.

 

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NEGOCIADOR, que recrea con total libertad las negociaciones entre ETA y el PSE vasco en 2005 y 2006 en territorio francés, supone un punto y aparte en la manera de enfocar este “subgénero”, porque COBEAGA se limita a armar una comedia de personajes, en la que el conflicto terroristas-estado solo es un contexto para explorar las relaciones humanas. El director renuncia posicionarse y evita transitar por senderos ideológicos que puedan apartarle de la comedia de relaciones y situaciones que supone, en el fondo, NEGOCIADOR.

Ligeramente descompensada, NEGOCIADOR lucha tanto por la no involucración con su contexto que la primera parte del filme avanza con frialdad, sin aportar prácticamente datos a un espectador que asiste a un planteamiento histórico-político sin saber bien a qué atenerse o qué esperar de la cinta. Salpicada por momentos de situaciones realmente surrealistas, que funcionarían mucho mejor si el fondo de la trama no fuese tan polémico, la película de COBEAGA tarda en arrancar, y cuando lo hace, lo hace desprendiéndose de los complejos del formalismo para dar rienda suelta a la comedia en estado puro. Un cambio realmente brusco que, en cualquier caso, asegura una buena colección de carcajadas, porque es en esta segunda parte del filme donde COBEAGA se mueve como pez en el agua, aportando toda su experiencia en un género que no le guarda ningún secreto. Este subidón de comedia, plagado de un buen abanico de secuencias hilarantes, y su escasa duración (80 minutos) terminan de descompensar el conjunto, y facilitan que su desenlace parezca mucho más acelerado de o que en realidad es.

 

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En el plano interpretativo, todos los implicados cubren con notaza el expediente y, así, da gusto recrearse con el trabajo de RAMÓN BAREA (LA HERIDA), JOSEAN BENGOETXEA (LOREAK) y de MELINA MATTHEWS (RETORNADOS) y ÓSCAR LADOIRE (que repite con COBEAGA tras PAGAFANTAS o el más reciente cortometraje DEMOCRACIA), ambos en roles más secundarios. Mención aparte merece el desternillante papelón de RAÚL ARECES como uno de los jefazos de ETA. Suyos son, de lejos, los mejores momentos de la cinta.

NEGOCIADOR es muy arriesgada y valiente, pero supone un ejercicio demasiado personal de la comedia en dos vertientes que no terminan de solaparse con precisión. Dos formas de entender el humor: la que acompaña a las relaciones humanas y nuestras torpezas más naturales y la que acompaña a las efectivas situaciones en las que la tensión y el infortunio se dan la mano con una efectividad muy clásica, pero también muy contundente.

 

LO MEJOR: 

  • Se desmarca del conflicto vasco desde el primer minuto.
  • El dibujo de los personajes es tan inteligente que su humanización no implica posicionamientos.
  • RAÚL ARECES, una bestia de la comedia al que cada día es más complicado encontrar un rival.
  • El cameo de SECUN DE LA ROSA. Roza la lágrima viva. Impagable.

LO PEOR:

  • La apuesta es tan sorprendente en sus primeros compases que algunos espectadores tendrán dificultades para meterse en la película.
  • Su escasa duración, que ayuda a que el conjunto no luzca como debería.

 

Alfonso Caro

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