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Resulta muy complicado aproximarse a la figura de un director cuyo país de origen es radicalmente distinto al tuyo, no solo porque esté alejado en distancia, sino por tener una situación política opuesta y por ser diferente en costumbres e incluso en la forma de ver y entender el cine. No obstante, al ver el cine de Jia Zhangke, de algún modo esas barreras culturales y sociales no lo son tanto, pues ha conseguido imprimir a sus películas un marcado aire de universalidad, a pesar de que se limita a narrar la historia más reciente de China de una forma u otra; una historia narrada no a través de hechos históricos, sino a través de las consecuencias que tienen ciertos aspectos políticos o sociales en la propia población: inmigración, pobreza, desesperanza o violencia son los elementos que vertebran su pesimista visión del país oriental, pero siempre (o casi siempre) con un aire de tímido optimismo. Los personajes pobres pueblan sus películas, mayormente jóvenes, mayormente desencantados y en busca de algo mejor. Esta es gran parte de la importancia de Jia Zhangke: haber huido del cine oriental más artístico, colorista y desenfadado para filmar, en ese país que tanto parece amar y odiar, una suerte de neorrealismo (a veces casi documentalista) local y universal a la vez.

Jia Zhangke como director

jia zhangke el palomitronNunca nos ha gustado realizar artículos sobre directores hablando de su vida; para eso se puede visitar algún libro o la Wikipedia, pero, en este caso, parece ser casi necesario hacer una breve referencia al contexto histórico en el que se desarrolla su carrera para poner de manifiesto la razón por la cual hace el cine que hace.

Jia Zhangke nació en el año 1970 y comenzó pronto a interesarse por el cine. En los años 90, cuando inició sus andaduras en el séptimo arte, estaba ya inmerso en lo que se conoce como la sexta generación de cine chino, en la que aparecen, entre otros, Zhang Yuan o Wang Xiaoshuai, directores criados en una China cambiante y cuyas películas se acercan a ese neorrealismo ya mencionado, con presupuestos exiguos y un ánimo de retratar el costumbrismo de las ciudades, encarnado en personajes jóvenes, sin futuro. En este contexto, Jia Zhangke se ha erigido como uno de los exponentes del cine independiente chino, y, además, como uno de los directores con mayor proyección internacional de ese país. Ha recibido galardones y nominaciones en algunos de los más importantes festivales del mundo, como el de Berlín, San Sebastián o Cannes, donde recibió el galardón a Mejor guion por Un toque de violencia y cuatro nominaciones a la Palma de Oro, la última por Más allá de las montañas.

 

Jia Zhangke como neorrealista

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La película que, de algún modo, puso su nombre en los titulares del cine chino (y, de forma más tímida, en el ámbito internacional) fue Xiao Wu (Pickpocket), una película rodada con un ínfimo presupuesto y actores no profesionales que narra la historia de un ladrón y timador de poca monta, Xiao Wu, que intenta escapar de la pobreza, a la vez se siente incapaz de hacer algo por evitarla. Pero su aroma neorrealista va mucho más allá de la mera concepción de la película: la ciudad y las calles están pobladas por multitud de variopintos personajes, reflejos culturales y sociales de la China de los 90. Retratos con la efigie de Mao Zedong pueblan los edificios, y un aire decadente y tristemente optimista inunda las calles de la ciudad en la que Xiao Wu vive, deambulando sin pausa. Es un cine algo sucio y feo y, a la vez, deja entrever el gran gusto cinematográfico que posee Jia Zhangke por la iluminación de interiores y exteriores, por el encuadre o por el movimiento. El costumbrismo cinematográfico es el punto de partida a una obra que se ramifica siempre a partir de esta película; que aparece, de una forma u otra, en prácticamente todos sus trabajos posteriores.

Jia Zhangke como documentalista

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No abandonó demasiado pronto la senda del realismo y se embarcó, años después de Xiao Wu, en el terreno del documental. Zhangke parece estar obsesionado con un retrato de la realidad totalmente alejado de cualquier tipo de efectismo o decoración adicional. En su documental In Public, que parece un heredero de los documentales de James Benning, graba escenas mundanas de estaciones de tren o autobús de China; escenas en las que la cámara capta los detalles de la (a veces interesante) normalidad de una estación de tren.

Más adelante dirigió otro documental, Dong, sobre un pintor que conocía y que tenía una íntima relación con una película que estrenó a la vez (Naturaleza muerta) y de la que hablaremos más adelante. Una vez más, su pasión por no ser más que un espectador de la acción le llevo a seguir a este pintor y grabar cómo pintaba y trabajaba.

Lo que ocurrió con sus tres siguientes (y últimos documentales) sucedió, progresivamente también, con sus obras de ficción. Sin abandonar sus inicios, Jia Zhangke comenzó a volverse algo más global dentro de la propia China y a buscar historias más grandes, con problemas centrales más universales que en sus primeros trabajos: la industrialización, la inmigración o la corrupción. Así nacieron sus tres últimos documentales, Useless, Ciudad 24 e Historias de Shanghái, trabajos sobra la evolución de las grandes ciudades y la evolución que China ha sufrido en consonancia.

Jia Zhangke como autor

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Pero donde más ha destacado (a nuestro parecer) el director chino es en el cine de ficción que realizó a partir del año 2000, y que, nuevamente, recoge las semillas sembradas por Xiao Wu y por sus documentales para realizar un cine de difícil definición. Y aquí abrimos un pequeño paréntesis para intentar explicar lo que queremos decir: se habla de “cine concienciado” o “cine social” cuando el cine trata estos temas de forma constante y principal. También hemos escuchado la etiqueta de “cine comprometido”, pero de nuevo nos parece inexacta para referirse a Jia Zhangke, ya que este consigue poner de relieve todos esos temas “sociales” sin hacer una película sobre ellos. Por ejemplo, Más allá de las montañas es una devastadora película sobre una relación materno-filial que, además, y de forma no involuntaria (pero desde luego bastante poco buscada), consigue poner de relieve el verdadero drama de la inmigración en las últimas décadas en China. Del mismo modo, Un toque de violencia es un estudio de la propia violencia que funciona a muchos niveles más como retrato de la desesperanza, el caos y la corrupción. Podría decirse que Jia Zhangke consigue retratar la sociedad al completo desde sus partes más pequeñas: sus habitantes y sus pasiones personales.

Buen ejemplo de esto es su película Naturaleza muerta, en la que habla de la decadencia del progreso en China (enmarcado en la zona en la que se construyó la presa de las Tres Gargantas), y que, a través de personajes pobres en busca de sus seres queridos, pone de manifiesto cómo una obra de ingeniería tan imponente no trajo más que pobreza y depresión a una zona ya de por sí deprimida.

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Años después conseguiría el premio a Mejor guion en Cannes con su obra Un toque de violencia, probablemente la más alejada de lo que venía haciendo hasta ahora y, sin embargo, una muestra más de coherencia con su idea de cine. Un toque de violencia es un retrato crudísimo sobre las raíces de esta y las formas en la que la agresividad puede surgir cuando ya no queda nada más a lo que aferrarse. Se puede ver, salvando las distancias, como un estudio similar a la parte final de Taxi Driver: la ausencia de humanidad o de referencias morales en un mundo corrupto que desencadena situaciones extremadamente violentas. Un toque de violencia es una película estilizada, en cierto modo heredera del cine de acción oriental, pero guarda todas las constantes del cine de Zhangke, aunque cada vez queda más claro lo que ha ido evolucionando su estilo formal.

Esta sospecha se confirma con su último y mejor trabajo, Más allá de las montañas, en el que parece haber conseguido una brillante exquisitez formal y emocional, conjugando música e imagen para crear un melodrama materno-filial extraordinario: un viaje a lo largo de mucho tiempo y a través de la relación de una madre con su hijo. Una arrebatadora historia de amor puro ennegrecida por la traición o la necesidad de escapar y volver que le ha valido a su director vítores en multitud de festivales.

Zhangke ha dado el paso necesario para ser finalmente reconocido en un ámbito menos restringido que el de los festivales de cine; ha dotado a su cine de un barniz emocional muy fuerte en su última película, mostrándose como un cineasta muy amplio, heredero del cine realista y, a la vez, contemporáneo en su estilo cinematográfico. Desde final de siglo hasta ahora, China ha visto pasar a directores extraordinarios que han puesto su cine en lo más alto. Jia Zhangke se ha confirmado como uno de ellos.

Guillermo Martínez

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