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El pasado 29 de Agosto llegó a su fin una de las series más polémicas de los últimos años. Se acabó la cita semanal con el doctor más retorcido del mundo seriéfilo, ya solo nos quedará el recuerdo de una magnífica adaptación de la obra de THOMAS HARRIS. Pudimos haberla disfrutado una temporada más, pero fuerzas más allá de nuestro control han decidido terminar una relación que ha durado tres años: nuestra historia de amor con el doctor Lecter. Desde sus inicios las prácticas del sanguinario caníbal y la retorcida visión de BRYAN FULLER tuvieron poco éxito entre el público estadounidense, pero la insistencia de los fans internacionales de la serie lograron que la NBC la alargara hasta dos temporadas más.

Desde El Palomitrón queremos despedirnos del villano por excelencia del mundo de la ficción, y de la serie que lo ha elevado a su cumbre dotando de belleza sus atrocidades y pensamos que no hay mejor manera que con una última cena con el carnicero más sofisticado y los monstruos de Baltimore. Quizás sea el momento de recorrer de nuevo los pasillos más oscuros de la mente del asesino más depravado de todos los tiempos y volver a disfrutar, por última vez, del macabro teatro del Dr. Lecter.

Para llegar a su palacio mental, es necesario volver la vista atrás y recordar que Hannibal Lecter, aunque huérfano desde niño, proviene de la nobleza lituana y alta burguesía italiana, lo que explica su exquisito gusto y elegantes modales. A medida que nos adentramos en su psique, el Aria da Capo de JOHANN SEBASTIAN BACH mece nuestros oídos, y el olor a carne inunda nuestras fosas nasales, empezamos a arrepentirnos de nuestra decisión de seguir a semejante personaje. Es aquí donde la estupidez humana de la que hablaban CIPOLLA o einstein se desvela en su máximo esplendor, y descubrimos lo que nos pervierte el alma y nos vuelve vulnerables frente a tan vil predador: nuestra tendencia a convertir lo macabro en morboso. Esta curiosidad humana por lo tenebroso y su culpable disfrute de lo escabroso hacen de HANNIBAL el asesino más peligroso, capaz de adentrarse y moldear nuestras pervertibles mentes ávidas de aventuras y controversias.

 

PRIMER ACTO/APÉRITIF

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Hannibal Lecter nos abre la puerta de su casa. Llegamos a un gran salón con decoración barroca moderna. La luz de las velas alumbra una mesa ovalada de roble en la que se encuentra el Apéritif, aperitivo en francés y que resulta ser el título del piloto de la serie. Para Hannibal el alimento no es más que una pequeña parte de un ritual en el que él es el cazador, el carnicero, cocinero y finalmente consumidor. Pero como todo cocinero y artista necesita reconocimiento en su trabajo. Y sabe bien lo importante que es una buena introducción ya que de ello depende que sus invitados, y quizás futuras víctimas, decidan o no compartir sus curiosos manjares.

Así, en los inicios de temporada se produce una paulatina introducción al macabro y morboso tema que rodea la serie: estamos frente a un psiquiatra con conocimientos en cirugía, manipulador y caníbal, personaje que nos es presentado en pequeñas dosis. El primero en desvelarnos la cara oculta del doctor es Will Graham (HUGH DANCY), personaje que FULLER utiliza como hilo conductor de la serie; a través de su perceptiva mente y mediante una fotografía de pequeños detalles, es el encargado de ayudarnos a analizar y asimilar la particular obra del Destripador de Cheasepeake, junto a la de personajes igual de retorcidos capaces de enterrar humanos vivos para uso medicinal o de convertir un cuerpo humano en un instrumento de cuerda. Todo un desfile de bichos raros que consiguen que Lecter nos parezca mucho más normal. Tanta sangre nos ha abierto el apetito y estamos impacientes por probar el primer plato. Pero aún queda tiempo, no hay porqué tener prisa. Hannibal no la tiene. Prefiere mantener la expectación mientras observa a su futuro público desde bambalinas.

 

SEGUNDO ACTO/PRIMER PLATO

 

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Por fin llega el plato principal: Lengua à la papillote. Quizás dudemos cuando nuestro anfitrión nos asegure que viene de un ‘cordero hablador’, y seguramente nos sintamos algo culpables con el primer bocado. De pronto nuestros recuerdos se vuelven turbios y comprendemos que hemos caído en una trampa fatal. Como Will en la segunda temporada, hemos sido traicionados y cegados por la extraña elegancia de tan horrible personaje. Un lobo con piel de cordero entre una manada de borregos interpretado por MADS MIKKELSEN que se ha ganado un hueco en la historia por su magnífica adaptación del doctor Lecter, sin pretender ser una copia barata del genial ANTHONY HOPKINS, consiguiendo bordar un personaje tan complicado. Y es que no nos extraña que Alana Bloom (CAROLINE DHAVERNAS) cayera rendida a sus pies con la clase que desprende MIKKELSEN con traje de Tom Ford recitando a Dante Alighieri y cocinando  impronunciables platos franceses…

En resumen, y volviendo a lo importante; acabamos el segundo plato tan asqueados como fascinados; la realidad nos ha dado de frente y aprovechamos para observar, por primera vez, a la bestia en todo su esplendor. Es la hora del tercer acto. Tres golpes; se abre el telón.

 

TERCER ACTO/SEGUNDO PLATO

 

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Tenemos la bestia ante nuestros ojos. En la mesa junto a dos ramos de rosas blancas y rojas, una pierna humana emplatada. Su obra, su deseo al fin logrado. Hannibal nos deja contemplarla mientras nosotros aún nos preguntamos qué juego absurdo es éste. Se dispone a entregarnos las claves de su violenta forma de vida y esta vez, como no podía ser de otra manera, obtenemos sus más profundas confesiones gracias a Bedelia Du Maurier (GILLIAN ANDERSON) su antigua psiquiatra, colega, y una de las pocas en personas en salir ilesas de su relación con Lecter. El caníbal ha huido al viejo continente dejando atrás fantasmas y enemigos del pasado, hacia el lugar que fue testigo de su transformación, y donde Ricardo Pazzi (FORTUNTO CERLINO), homólogo italiano del agente del FBI Jack Crawford (LAURENCE FISHBURNE), persiguió a un joven Lecter conocido como il Mostro de Firenze que vuelve para cerrar una etapa. Una etapa que empezó con Will Graham y que desde la retorcida lógica lecteriana debe acabar con él.

 

POSTRE

 

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Hannibal es un hedonista.  Es un amante de la historia, un apasionado sibarita, trotamundos… En todo busca y encuentra belleza, incluso en los rincones más deformes de la lógica humana, lo que nos lleva a otra aproximación de la mente del doctor Lecter: se siente tan superior al resto de la humanidad que antepone su placer ante la vida ajena imponiendo unas prácticas que considera justas; matando y comiendo a todo aquel que no sea digno de respirar su mismo aire. Tiene una concepción naturalista del comportamiento humano y aconseja seguir nuestros instintos (siempre que sigamos vivos, claro).

En casa de Hannibal Lecter no se suele llegar al postre, pero al ser la última cena nos otorgamos el derecho a añadir esta categoría al menú ya que como hemos ido viendo, el doctor Lecter también nos ha dado buenos y dulces momentos de los que también se pueden sacar aspectos positivos. Y como pensamos que de todo se puede aprender, aquí están las cinco cosas que hemos aprendido de HANNIBAL :

  1. Es necesario encontrar la belleza en las pequeñas cosas de la vida, (sobre todo en la sangre)
  2. Disfruta de la vida mientras puedas, (ya se encargará Hannibal de acabar con ella)
  3. Sueña por encima de tus posibilidades. (Todo gran proyecto nació con un pequeño sueño)
  4. Después de una caída hay que levantarse (SIEMPRE) (véase tercera temporada)
  5. La unión hace la fuerza (y aún más la unión entre enemigos)

 

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Nos gustaría quedarnos eternamente en la mesa junto a Hannibal Lecter, Will Graham, Alana Bloom, los Verger, Jack Crawford, y todos los demás personajes que han completado tan polémica serie pero a veces aferrarse duele más que soltarse y nosotros hemos dejado ir esta maravilla seriéfila, esperando que algún día se recuerde como la serie que unió la barbarie y la sutileza y creó belleza intentando encajar en una sociedad cada vez menos sutil, menos bella y tristemente, menos humana.

 

 

Naomi Barki 

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