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El primer sábado del SEFF es también, tradicionalmente, uno de los días más fuertes. Por la mañana, cuando ya han comenzado los primeros pases de prensa, se dan a conocer las nominaciones de los Premios del Cine Europeo que se entregarán en Breslavia (Polonia), capital europea de la cultura, el próximo 10 de diciembre.

Entre las nominadas sorprendió el éxito de Julieta, la última película de Pedro Almódovar, que consiguió nominaciones a Mejor dirección, Mejor actriz (conjunto para Emma Suarez y Adriana Ugarte) y, por supuesto, a Mejor película europea. Javier Cámara, por su parte, también recibió su respectiva nominación a Mejor actor por Truman, después de perder el Goya a favor de Ricardo Darín.

Dentro de las películas del festival, la alemana Toni Erdmann, de la sección Las Nuevas Olas, se ha coronado como la gran favorita tras recibir las cinco nominaciones posibles. El largometraje polaco United States of Love, otra de las que veremos proyectadas en las salas sevillanas el próximo jueves dentro de la Sección Oficial, ha sido nominada a mejor guion.

En las proyecciones, los exorcismos reales de Liberami y los mafiosos de Dogs, que ya se pudo ver el día anterior, protagonizaron la mayor parte de las reacciones.

Liberami

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(Por Pablo Herrera)

El único documental de la Sección Oficial (aunque fuera de concurso) era también uno de los más esperados: su sinopsis y trayectoria no podían ser más atractivas.

Ganadora del premio Horizontes del Festival de Venecia, la película de Federica Di Giacomo ha sido el primer documental en mostrar imágenes reales de exorcismos, cuya difusión está prohibida por el Vaticano.

Sin embargo, Liberami huye del terror que encontramos en los clásicos del género y en las nuevas series de ficción y se enfrenta a la temática con un realismo atronador.

Intercalando las imágenes de los exorcismos del padre Cataldo, toda una institución en Sicilia, con los testimonios y escenas de la vida cotidiana de las y los poseídos, descubrimos una realidad muy diferente a la que nos habían contado.

Los poseídos llevan una vida perfectamente normal y su estado de posesión solo se manifiesta en determinados momentos, especialmente ante la confrontación con espacios sagrados y símbolos religiosos. Son ellos mismos, por su propio pie, los que acuden a estos sacerdotes del sur de Italia a que les hagan un exorcismo, algunos deseando ser el centro de atención; otros, deseando curarse de un mal que no pueden comprender.

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Salida a la luz tras tres años de grabaciones gracias a un permiso especial del obispado de Palermo, Liberami tiene la fortuna de no haber intentado interferir en las conclusiones del espectador. No hay narrador, solo una sucesión de imágenes y testimonios que nos muestran una realidad tal como se vive, permitiéndonos que seamos nosotros los que juzguemos si es real o una histeria colectiva.

Este acercamiento, según contó Di Giacomo en un encuentro tras la proyección, es lo que permitió que los sacerdotes dieran permiso para rodar el rito y que hayan dado las gracias a la realizadora por su proyecto. Todo ello a pesar de que Federica acudió a ellos contándoles la verdad: no era católica y no quería contar la historia desde el prisma de la religión, sino desde las “patologías de la vida cotidiana”, para desmitificar el exorcismo y mostrar una realidad que descubrió en sus años en Sicilia.

En lugar de centrarse en la historia de los sacerdotes, como pensaban hacer en un principio, Liberami se centra en las personas que se creen poseídas y en la búsqueda de respuestas que les lleva a la Iglesia para sacar a Satanás de su interior.

Muestra todas las caras de un fenómeno que se está extendiendo como la pólvora en los últimos años, cuando se está aumentando el número de exorcistas permitidos por diócesis y los cursos del Vaticano, que también aparecen en el documental, se llenan de sacerdotes de todo el mundo.

Las dudas de los mismos sacerdotes, algunas barbaridades en el rito que llenaron la sala de risas nerviosas y esa extraña sensación de comprobar hasta qué punto este fenómeno es percibido como real convierten al documental en una pequeña joya que deja huella en todos aquellos que se atreven a visionarla. Y es que las conclusiones son cosa nuestra.

Dogs

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(Por Fon López)

El guionista y director rumano Bogdan Mirica presenta este thriller, una de las pocas muestras del género en esta edición del SEFF, que supone su debut en el largometraje tras haberse encargado de desarrollar la serie Sombras para HBO Europe.

Dogs presenta a Roman (Dragoș Bucur), un joven de Bucarest que recibe unos terrenos de su abuelo en herencia y se desplaza para venderlos hasta la región de Dobrogea, donde estos se encuentran. Pronto descubre que el uso que se le daba a las tierras no era legal y que hay gente muy interesada en que nunca se produzca la venta.

En lugar de situar al espectador en los ojos de un único protagonista, en Dogs vamos saltando de la mirada de Roman a la del policía local Hogas (Gheorghe Visu), quienes van descubriendo paralelamente partes de la trama y nos ayudan a encontrar las piezas de un puzle que cada uno terminará completando libremente.

El filme es árido, como las localizaciones en las que ha sido rodado. Su ritmo es pausado y la información se revela con cuentagotas. Mirica acierta insinuando sin masticar la historia ni abusar de los efectismos (dos de los males habituales del thriller contemporáneo), y dirige magistralmente al grupo de actores, contenidos y con la dificultad de imprimir tensión a unas escenas poco dialogadas.

Todo esto no impide que la película impacte. El realismo sucio, con esos campesinos dispuestos a todo por mantener el statu quo y un policía rural sin recursos que tiene que cumplir las funciones de oficina, investigación e incluso forense, cala tanto o más que cualquier persecución propia del género. Fotografía y música también juegan a favor de obra.

Su primera proyección en el SEFF ha coincidido con su nominación al Premio Fipresci en los European Film Awards (ya ganó en la misma categoría del Festival de Cannes). No tiene el perfil habitual de ganadora de Las Nuevas Olas, pero en Sevilla nunca se sabe.

Dogs es una película en la que algunos malos no aparecen hasta bien avanzando el metraje y a otros ni siquiera llegaremos a conocer. Terrorífica por verosímil.

Belle Dormant

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(Por Pablo Herrera)

Adolfo Arrieta, poco conocido lejos del underground, es, a sus 74 años, uno de los directores más importantes que han pasado por el cine español y francés. No en vano, es considerado el primer director en hacer cine independiente tanto en España con El crimen de la pirindola (1965) e Imitación del Ángel (1966) como en Francia con Le jouet criminel(1969) tras vivir el Mayo del 68 en París. Pocos años más tarde, en 1974, realizaría la que ha sido considerada la primera película underground parisina, Las intrigas de Sylvia Couski.

Teniendo en cuenta esta trayectoria, no es de extrañar que Belle Dormant fuera una de las películas más esperadas de Las Nuevas Olas, y más si tenemos en cuenta que esta sesión ha sido el estreno mundial de la cinta protagonizada por Niels Schneider y Agathe Bonitzer.

Belle Dormant no es más que la historia de la Bella Durmiente llevada al mundo contemporáneo. Corre el año 2000 y el príncipe de Litonia, un país inventado pero inscrustrado con maestría en la Europa actual por Arrieta, vive obsesionado con una fecha: el día que, según la leyenda, podrá dar un beso a la princesa de Kenz y despertarla junto a su reino, en la actualidad dentro de una selva inexpugnable en su país, de un sueño de 100 años.

El príncipe tendrá que hacer frente a la negativa de su padre, que no cree en cuentos de hadas ni quiere perder el territorio que se anexionó Litonia tras la desaparición de Kenz en 1900, pero contará con la ayuda de grandes aliados. Agathe Bonitzer, en el papel de arqueóloga enviada por la UNESCO, y su tutor, Mathieu Amalric, le darán las herramientas para poder cumplir con sus destino.

Según ha comentado Arrieta en el posterior encuentro, Belle Dormant es su película más fácil hasta la fecha. El director llevaba desde niño soñando con este clásico infantil y tenía la estructura muy clara, lo que le ayudó con el montaje.

La película no es más que un cuento de hadas, con una estética cuidada y poética, propia del trabajo de este director, en el que no hay sorpresas ni giros de guion. 

Se trata, más bien, de la oportunidad de disfrutar con los bellos paisajes y castillos de Normandía, donde se rodó la película, y volver a la infancia con una ligera readaptación del cuento clásico, en los que los teléfonos móviles y el swing no rompen ni un ápice la magia propia de la versión tradicional.

Inspirado en La Bella y La Bestia de Jean Cocteu, del que el director fue amante en su juventud, es también un homenaje a una forma de hacer cine, en la que la poética es más importante que la narrativa y la fotografía prima sobre el guion.

Tras estas grandes apuestas en la apertura del Festival de Sevilla, solo queda esperar que las próximas jornadas nos sigan trayendo más cine de calidad, que nos haga reír, reflexionar y descubrir a los creadores más interesantes de la cinematografía europea.

Pablo Herrera y Fon López

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