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espiasQuizá muchos espectadores recuerden esa secuencia de apertura de Juegos de guerra, aquel filme generacional de John Badham que dejaba la toma de decisiones en los escenarios bélicos más complicados en manos de la inteligencia artificial, a fin de evitar que la ética y la moralidad que se nos presupone como seres humanos truncase el devenir de un conflicto armado. En esa secuencia, un militar se negaba a girar una llave, último paso del protocolo de lanzamiento del arsenal de cabezas nucleares norteamericanas, y se negaba a hacerlo porque con ese giro de muñeca estaba sentenciando millones de vidas y asegurando una hecatombe global de escala planetaria. En Espías desde el cielo, Gavin Hood profundiza mucho más en este aspecto y convierte el dilema moral que acompaña a la toma de decisiones militares en el eje sobre el que bascula toda la trama (un tema que ya abordó con mucho acierto en la interesante El juego de Ender), construyendo un filme de 102 minutos a partir de una incómoda situación en la que nadie quiere asumir la responsabilidad de decidir sin asegurarse de que las consecuencias no les salpiquen.

Una operación militar cuya finalidad es la captura de un grupo de peligrosos terroristas en Nairobi se convierte en una operación de eliminación al descubrir las posibilidades de un atentado inminente. El problema es que los terroristas son ciudadanos ingleses y norteamericanos (captados, radicalizados y extremistas) y el ataque debe aprobarse en suelo amigo con posibles víctimas civiles como daños colaterales.

espias4Con este punto de partida, Badham arma con mucha solvencia una cinta que camina en unos niveles de tensión bastante notables sin olvidarse de denunciar con cierto espíritu crítico (incluso paródico en algunos detalles) la burocracia de nuestra sociedad moderna, totalmente inoperante en situaciones extremas y agarrotada por su falta de decisión y también por ese cuarto poder que son los medios de comunicación, constructores de la opinión pública y verdaderos moderadores en el juego de la toma de decisiones. Y es posible que con esta denuncia guarde Espías desde el cielo su mejor baza, porque llega a ser hasta divertido asistir a cómo toda una cadena de mando se esfuerza en escurrir el bulto y evitar tomar una decisión que puede acabar con su carrera política. Solo los militares son trazados con cierto rigor y profesionalidad (comulguemos o no con sus métodos o sus soluciones), mientras que a los políticos solo les preocupa asegurarse el blindaje ante la sociedad, aunque esto signifique echar a perder una oportunidad de oro para dejar fuera de circulación a algunos de los criminales más buscados.

espias3Pilotos, militares, políticos, soldados… Todos se ven involucrados en una situación compleja, y quizá Helen Mirren y Alan Rickman sean los actores que más destaquen en sus trabajos, pero también es cierto que sus personajes son los más sólidos de la propuesta, ya que Espías desde el cielo funciona en gran parte gracias al trabajo en dirección de Gavin Hood, que sabe imprimir un ritmazo a toda la cinta, y se apoya en la excelente labor en fotografía de Haris Zambarloukos (Locke o Jack Ryan: operación sombra) para que estemos pegados al desarrollo del relato hasta llegar a su clímax. Una dirección que se preocupa mucho por sus detalles y de que también como espectadores emitamos nuestro propio juicio, y que consigue que el filme resulte altamente entretenido.

Muy recomendable para todos los fans del cine de espionaje y también para todos los espectadores que disfrutan con el debate y el análisis ético. La pena es que todo el debate moral que vertebra la película parece condenado a quedarse en eso, en una ficción de buenas intenciones, y que la realidad se adivina mucho más fría e inhumana de lo que Gavin Hood propone.

 

LO MEJOR:

  • Su riqueza de puntos de visita invita al espectador a participar y emitir su propia opinión. La conversación después del visionado está garantizada.
  • Ese detalle magistral de un político sudando a chorros y que, instantes después, y tras pasar la pelota a otro político, está más cómodo que nadie en la sala de operaciones.
  • La dirección de Gavin Hood en su primera hora. Puro cine de espías.
  • La inteligencia de la cinta a la hora de presentar con eficacia todos los elementos que participarán en la trama.

LO PEOR:

  • La sensación de que si los terroristas no fuesen ciudadanos ingleses o norteamericanos, todo habría sido mucho más rápido.
  • El tramo final removerá las conciencias solo de algunos espectadores.

 

Alfonso Caro

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