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Hace cuarenta años Sam y Suzy compartían el verano más emocionante de sus vidas. Hace cuarenta años los dos se abrazaban justo antes de ser descubiertos en su huida hacia la madurez, experimentando lo que se conoce como el primer amor. Un amor de verano, un amor que se da durante las vacaciones y en el que todo lo hostil se disipa para ver crecer las flores. Sam y Suzy son los protagonistas de MOONRISE KINGDOM, la obra más cándida y dulce del director estadounidense WES ANDERSON.

Verano de 1965. Sam (JARED GILMAN) acaba de sufrir la pérdida de sus padres. Queda huérfano a expensas de encontrar una familia de acogida que se encargue de él. Suzy (KARA HAYWARD) es una adolescente infeliz atrapada en la casa que comparte con sus tres hermanos pequeños en la isla de New Penzance, Nueva Inglaterra. Ambos pactan huir juntos. No sabemos a dónde, lo único importante es escapar juntos y dejar atrás sus vidas.

 

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ANDERSON construye en MOONRISE KINGDOM uno de esos universos que sólo él es capaz de hacer. Perfectamente en armonía con su habitual director de fotografía, ROBERT D. YEOMAN, las estampas naturales que ofrece la isla o el interior de cada una de las viviendas de madera parecen un elemento más de su mundo de fantasía. Porque MOONRISE KINGDOM se articula como una fantasía. Como el sueño de 90 minutos de duración de dos incomprendidos. El valor del amor entre Sam y Suzy no es que se hayan encontrado, sino que nunca más van a volver a sentirse solos.

Tras conocerse accidentalmente en 1964, la joven pareja inicia por correspondencia una relación a lo largo de sesudas cartas donde, con caligrafía pueril, expresan sus sentimientos más hondos, sus heridas más profundas. Tendrán que esperar todo el invierno para que al llegar el verano sus ojos se vuelvan a encontrar. Y es ahí donde estalla toda la línea argumental de la película. Porque a fin de cuentas, MOONRISE KINGDOM no es más que una huida hacia adelante, pero la isla es pequeña y pronto encontrarán la barrera del mar: a un lado la libertad, al otro la vida que los hace presos de la infelicidad. No nos importa que Suzy esté desequilibrada y sea capaz de atacar a otro niño con una tijeras afiladas, o que Sam pretenda cuidar de la pareja cuando aún moja la cama por las noches. Lo importante es que lo que sienten y eso que les lleva a escapar es todo el motor que necesitan. En esa persecución, Suzy y Sam no solo huyen de sus padres o sus cuidadores, huyen del mundo adulto precisamente porque están a las puertas de entrar en él.

 

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Es una película sobre las primeras veces y sobre el verano: esos primeros agujeros en las orejas cuando nos poníamos nuestro primer pendiente gracias a la ayuda de una aguja y mucho hielo. O ese momento en el que decidimos saltar sin ropa hacia el mar desde una roca. Pero el himno que todo lo llena en MOONRISE KINGDOM es, en definitiva, el del primer amor. Eclosionando, sobre todo, en ese primer beso junto a la orilla de la ensenada llamada Moonrise Kingdom.  Es ahí, en esa orilla donde se produce el auténtico paso de la infancia a la madurez. Suzy le permite a Sam que le toque un pecho pero le advierte de que aunque son pequeños, espera que crezcan más.

Suzy viaja con un magnetofón y una maleta cargada de libros, todos sobre poderes mágicos y habitualmente protagonizados por una heroína, aunque no siempre. Además, usa binoculares para ver las cosas más de cerca, aunque no estén muy lejos. Ese es su poder mágico. Sam por su parte se arma de todo el material que necesita un buen scout caqui y aunque no es muy brillante emplea todas la técnicas de avituallamiento. Y mientras tanto, todo es poesía. Suena LE TEMPS DE L’AMOUR de FRANÇOISE HARDY y los niños bailan despreocupados tratando de encontrarse:

 

 

Tras ellos encontramos un discurrir de personajes interpretados por actores de primera línea: desde los abogados Walt Bishop y su esposa Laura (BILL MURRAY y FRANCES MCDORMAND), al capitán de la polícia Sharp (BRUCE WILLIS), el maestro scout Ward (EDWARD NORTON) o la agente de los servicios sociales (TILDA SWINTON). Todos desfilarán por la pantalla tras la pareja protagonista en un escenario melodramático. Porque los tonos cálidos y las ropas de colores del cine de ANDERSON esconden también personajes infelices y la isla que los envuelve funciona como la cárcel de sus emociones. Una educación rígida, la frustración personal y profesional, el adulterio, los métodos poco éticos de terapia, etc. son factores que determinan la vida en New Penzance.

Y al final, quienes menos saben de la vida más saben de amor. Porque el sentimiento aún no ha sido cubierto por nada, ni por la envidia, ni por los celos, ni por las preocupaciones adultas. De lo único que saben es de estar juntos, aunque no tengan mucha conversación, aunque ella le saque bastantes centímetros a él, aunque no tengan donde ir. Siempre les quedará Moonrise Kingdom.

 

 

 

Noelia Salcedo

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