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THÉRÈSE es la última obra del director francés CLAUDE MILLER recientemente desaparecido después de una larga carrera en la que nos deja títulos emblemáticos del cine francés como LA PEQUEÑA LADRONA o LA CLASE DE NIEVE. CLAUDE MILLER participó de la Nouvelle Vague de manos de directores como TRUFFAUT con el que su cine guardará una relación de por vida. En esta ocasión realiza una adaptación de la novela del Nobel de Literatura François Mauriac Thérèse Desqueyroux.

Thérèse narra la historia de lucha interna de una mujer. Encuadrada en los grandes relatos de retratos psicológicos heredados del realismo literario, el análisis minucioso de personalidades femeninas ha generado complejas y turbadoras figuras que desvelan un mundo desconocido de unas protagonistas que se mueven entre la sumisión y de la imposición social y la satisfacción de sus propios deseos (y quien mejor que las mujeres para representar ese mundo). Descritas en un principio principalmente desde la perspectiva masculina, nos ha legado grandes personajes como la Emma Bovary de Flaubert, Ana Ozores de Clarín o Anna Karenina de Tolstói y en el caso presente, Thérèse de Mauriac. Posteriormente autoras como Virginia Wolf, Simone de Beauvoir o incluso Silvia Plath, darían su propia voz en un camino hacia la emancipación del propio pensamiento, requisito indispensable para la liberación.

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CLAUDE MIILLER busca a través de la imagen mostrarnos la tortura interior de Thérèse, una rica heredera terrateniente cuya vida está decidida de antemano. Pero Thérèse ha tenido la mala suerte de crecer en un ambiente liberal en el que ha participado de lecturas y conversaciones políticas que activan la capacidad de pensar. Y pensar no es algo que ella se pueda permitir. Si en un primer momento intenta adaptarse a un matrimonio impuesto y a una vida donde lo principal es la apariencia, pronto se dará cuenta de que eso no es posible y necesitará recurrir a una fachada de frialdad e impasibilidad que contenga la frustración que le quema por dentro.

 La actriz AUDREY TAUTOU (AMÉLIE, LAS MUÑECAS RUSAS) consigue de forma magistral ese registro de torrente encubierto por la frialdad, su rostro se convierte en un dique de contención de una mente a punto de estallar donde la rebeldía se manifestará, bien en sus sueños, bien en las acciones más desconcertantes. Lo único que Thérèse necesita es que se la reconozca, no por su papel en la familia y en la sociedad, sino por su individualidad, por sus pensamientos. Los momentos en que su frialdad se ve perturbada, ya sea por la envidia o por conocer a un hombre que es capaz de mirar su interior, están desdibujados en el relato y no alcanzan a tener la fuerza que se les presupone. Ni siquiera la interpretación de AUDREY TAUTOU consigue salir de su encorsetado registro para potenciarlos. Porque este es el principal pero de la película, no es capaz de mostrar la riqueza de matices psicológicos que asoman en el relato. La trama resulta por tanto excesivamente estática y en ocasiones entendemos más por intuición que por comunicación.

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El reparto cuenta con fantásticos intérpretes entre los que destaca GILLES LELLOUCHE (PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA) en el papel de Bernard, el marido. Representa el mundo del conformismo complaciente que no necesita pensar en el papel que le ha tocado sino simplemente vivirlo. Su personalidad, a la que se enfrenta y pretende destruir Thérèse, es deliberadamente simpática e incluso entrañable. Porque no se trata de huir de una realidad negativa que justifique su rechazo, se trata de huir de una realidad impuesta independientemente de cómo sea ésta.

La iluminación, la ambientación, la música y el paisaje contribuyen a crear esa atmósfera asfixiante que se libera por momentos en pequeños respiros que intensifican su efecto. En ocasiones ese aspecto visual se fuerza y moldea con una deliberación que se aproxima a la poesía.

LO MEJOR:

  • La interpretación de Audrey Tautou en un registro perturbador y el resto del reparto.
  • La ambientación y la iluminación que nos sumergen tanto temporal como psicológicamente en otra época y otra mentalidad.
  • Llevar al cine estos retratos de gran complejidad psicológica que entrañan gran dificultad y suponen todo un reto, que en esta ocasión solventa con relativo éxito, pero que en cualquier caso, siempre se agradecen.

LO PEOR:

  • No es capaz de mostrar muchos matices que se echan en falta y que desdibujan la profundidad del personaje y las situaciones.
  • Recurre a la explicación fácil y explícita para avanzar en una trama que debería ser sugerida y en otras ocasiones olvida sugerir momentos clave.

 

 

Marina Calvo

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