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La película está inspirada en los dramáticos hechos ocurridos en una aldea de Hungría, entre 2008 y 2009, donde varias familias de etnia gitana fueron asesinadas en una cadena de ataques racistas. Se trata sin embargo de un hecho atemporal y universal. Lo que nos cuenta ha ocurrido, está ocurriendo y puede ocurrir  en cualquier lugar del mundo.

 

El drama de la marginación, las dificultades de la aceptación de culturas y formas diferentes de vida es un tema recurrente en el cine de crítica social. Pero en esta ocasión no utiliza el impacto fácil. El espectador no puede adoptar una actitud pasiva mientras se deja conmover por imágenes desgarradoras de miseria, violencia o crueldad. Nos exige una actitud activa para adentrarnos en la vida de los personajes mostradas con un realismo minucioso. Y esto necesita tiempo, un tiempo que transcurre con la lentitud de la vida. Con una técnica de documental, que enlaza con el “cine directo” o el “free cinema”, la cámara se mueve con el protagonista, casi pegada a él, capta el sonido del ambiente, los pasos, los insectos, los lejanos ladridos de los perros e incluso parece transmitir los olores.

 

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SÓLO EL VIENTO es el relato de la vida de tres miembros de una familia romaní, la madre “Pajarito” (KATALIN TOLDI) y los hijos, Anna (GYÖNGYI LENDVAI) y Río, (LAJOS SÁRKÁNY). A través del objetivo de la cámara veremos por sus ojos y viviremos con ellos un día normal a la vez que especial. Desde que se levantan hasta que se acuestan les acompañaremos, no sólo para vivir su día, sino para sentir con ellos sus miedos,  sus humillaciones, sus alegrías, su cansancio, su desesperación, su ira y sus momentos de diversión. El director nos introduce en su película a través de tomas continuas que apenas dan respiro ni nos permiten distanciarnos. Vemos lo que ellos ven y sentimos lo que ellos sienten. Todo ello con el objetivo de una persuasión realista de gran eficacia y acompañado de magníficas interpretaciones.

 

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Es además un retrato sociológico de la cultura gitana centrado en sus esfuerzos de integración y en las dificultades a las que debe enfrentarse tanto por parte de los de su misma etnia como por el resto de la sociedad. El miedo a tomar partido, la sospecha permanente que les acompaña, su vulnerabilidad, sus esfuerzos por mantener la dignidad, están relatados desde una cotidianidad que potencia el realismo. De forma perfectamente imbricada y sin excesivo regodeo hace un recorrido por algunas de las miserias de la pobreza y la marginación en su lado más oscuro. No pretende ni idealizar ni condenar su forma de vida, sino exponerla con objetividad.

 

En el otro lado, y de soslayo se apuntan actitudes por parte del resto de la sociedad frente a estos esfuerzos. Desde los que encuentran en ellos víctimas fáciles para la humillación y para alimentar sentimientos de superioridad hasta los que les ayudan y comprenden. Especialmente reveladora es la conversación entre los dos policías encargados de la investigación, única concesión a una exposición ideológica más directa, justificando una doble moral para valorar la vida en la que el asesinato se plantea como una solución alternativa (Amnistía Internacional ha denunciado repetidas veces la pasividad policial en la resolución de los crímenes contra gitanos en Hungría). Llamativo el hecho de que una sociedad, que no les acepta ni en su cultura ni en su integración, les trate con sumo respeto y consideración a sus costumbres una vez muertos.

 

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BENEDEK FLIEGAUF, uno de los más reconocidos cineastas húngaros del momento, nos ofrece un cine diferente que pese a no suponer ninguna innovación ni técnica ni temática, está cargado de sensibilidad, respeto y crítica objetiva. Su uso del tiempo, la cadencia con la que se desarrollan las escenas, requieren un esfuerzo del espectador, un diálogo de implicación en el que asume un riesgo que se agradece en el cine actual.

 

SÓLO EL VIENTO, título cuya belleza y sugerencia sólo acabamos de comprender y valorar viendo (y viviendo) la película, obtuvo el Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín de 2012 y fue seleccionada para representar a Hungría en el Óscar a la mejor película de habla no inglesa.

 

 

 

LO MEJOR:

  • El acierto de la técnica documental para acercarnos a una realidad dramática sin dramatismos.
  • Las fantásticas interpretaciones y su caracterización contribuyen a potenciar la sensación de realismos.
  • La crítica social en un aspecto, el de la marginación y la xenofobia, que le da una actualidad universal.
  • El desenlace y el final donde muestra justo lo necesario.

 

LO PEOR:

  • Algunas actitudes son expuestas de forma demasiado explícita.
  • En ocasiones la minuciosidad puede resultar excesiva.

 

 

 

Marina Calvo

 

 

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.

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