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Es de sobras conocido que un tribunal y lo que allí se desarrolla está lleno de similitudes con una representación teatral. Por lo tanto, no es ninguna casualidad que el séptimo arte haya retratado el mundo procesal en multitud de ocasiones. Hemos disfrutado de grandes historias desde el punto de vista de abogados (como el inolvidable Atticus Finch de Matar a un ruiseñor), de jurados populares (véase la coral Doce hombres sin piedad) o incluso desde el punto de vista de los acusados, como aquel padre y aquel hijo condenados injustamente por terrorismo en la desgarradora En el nombre del padre. Pero en pocas ocasiones el cine fija su mirada en la figura del juez, más allá de clichés y roles secundarios, salvo honrosas excepciones como la magistral interpretación de Spencer Tracy en ¿Vencedores o vencidos?

Así pues, la llegada a nuestras salas El juez (L’hermine, 2015), drama judicial francés dirigido por Christian Vincent (La cocinera del presidente), trae consigo el valor añadido de presentarnos la desdibujada figura de un gris y severo magistrado, presidente de un tribunal del norte de Francia. Un hombre tosco, desencantado con su vida y furioso en su trabajo. En uno de sus últimos casos, la supuesta muerte de un bebé a manos de su padre despierta pasiones olvidadas al reconocer entre los miembros del jurado a la enfermera que le cuidó años atrás durante un delicado ingreso hospitalario. Una mujer bella, viva y llena de luz que perturbará el encerramiento emocional del juez.

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Más allá del excelente y premiado trabajo del dúo protagonista, formado por el habitual del cine galo Fabrice Luchini y la danesa Sidse Babett Knudsen, conocida por su papel protagonista en Borgen, cabe destacar las acertadísimas elecciones de casting: testigos, jurado, secretarios judiciales… Todos ellos son sumamente convincentes. Esto, sumado a un correcto apartado técnico, con un buen control del ritmo en la sala de montaje, ayuda a dotar de realismo al litigio, que un sofisticado trabajo de guion permite que se desarrolle sin exageraciones ni golpes de efecto, en línea con el tono de la cinta. Solo una ligera precipitación en su conclusión, a favor de la redonda trama personal del juez, desmerece levemente un acercamiento creíble y sutil al pantanoso terreno de la justicia.

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Hábil en la mezcla de géneros y al buscar un tono y puntos de vista lejanos a los estándares, Vincent fabrica una cuidada producción que satisfará a los amantes del cine francés y de las películas de juicios, todo un género en sí mismo.

Una reflexión sobre el significado de la justicia con un discurso optimista y una profunda alegoría sobre el sistema judicial del país.

Lo mejor:

  • La figura del juez y sus contradicciones, esencia del filme.
  • La credibilidad del juicio, que retrata fielmente las particularidades de un proceso.
  • Brillante pareja protagonista y muy acertadas elecciones de casting.

Lo peor:

  • Ciertas prisas por cerrar el caso.
  • Que probablemente pase desapercibida.

 

Tomás Ruibal

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