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Hulk. análisis de la película de Ang Lee en El PalomitrónEl personaje de Hulk apareció por primera vez en The Incredible Hulk #1 (publicado en mayo de 1962) y desde entonces se ha convertido en un mito del género superheroico y de la cultura pop gracias a una estética simple pero muy reconocible. Como en muchos otros casos, el hecho de formar parte del imaginario popular provoca que muchos artistas usen el personaje para contar su historia, apropiándose de los matices más interesantes a su parecer y diluyendo así la esencia original de la figura. Por ejemplo, el Mr. Hyde de Fredric March (visto en El hombre y el monstruo, 1931) es un monstruo expresionista con aspecto simiesco que nos remonta al hombre primitivo, a los instintos más primarios, mientras que en la primera versión de la novela que hizo la Hammer (Las dos caras del Dr. Jekyll1960) aparentemente es un galán muy atractivo y carismático, el Tyler Durden del Dr. Jekyll. Sin embargo, el hecho de que estas cintas no adapten palabra por palabra la obra de Stevenson no la perjudica, sino que realza su mérito, puesto que es de tal complejidad y tan rica de matices que permite nuevas interpretaciones 100 años después de ser publicada y se convierte en atemporal. Otra exégesis de este material la encontramos en el Hulk (2003) de Ang Lee. Como en los filmes anteriormente mencionados, Hulk es una excusa del director para hablar de uno de los grandes temas de la filosofía, como es el equilibrio entre la racionalidad e irracionalidad. No obstante, tiene muchos otros ingredientes interesantes. Indaguemos un poco en la película para tratar de discernirlos y entender por qué teniendo un equipo tan competente delante y detrás de las cámaras muchos cinéfilos la consideran fallida.

Dualidad Hulk El palomitrón

Empecemos por el principio. Los créditos, ¡qué créditos!. En un margen de 5 minutos nos presentan todos los acontecimientos relevantes anteriores al presente del filme (menos una carta que se guardan bajo la manga para dar un giro a la historia más adelante) sin necesidad de diálogos ni voz en off; toda la información es visual. Por si eso fuera poco, el montaje es frenético, calculado al milímetro y con clara influencia de la tradición romántica. Este es un componente clave, puesto que sirve para entender la visión del mundo de David Banner, muy parecida a la del Dr. Frankenstein, y en las antípodas de la de su hijo. Este conflicto paternofilial es uno de los temas principales de la cinta. Todo ello acompañado por la magnífica partitura de Danny Elfman (os animamos encarecidamente que la escuchéis antes de proseguir con el artículo).

Seguidamente, el guion introduce con cierta celeridad (en menos de 30 minutos) los 5 personajes con conflicto emocional (y prácticamente los únicos con diálogo): Bruce, Betty, Ross, David y Talbot. Este último es el menos perfilado de ellos, el más caricaturesco, y por eso el menos interesante. Por el contrario, los otros están muy bien trazados y las relaciones que mantienen entre ellos tienen mucho subtexto: los definen por oposición. De esta manera, hay dos complicadas historias paternofiliales: Bruce-David y Betty-Ross; un complejo vínculo amoroso Bruce-Betty y, en menor medida, un antagonismo Bruce-Talbot. Los dos primeros relatos (entre padre e hijos) son de incomprensión (visualmente Betty y su padre siempre aparecen separados, véase la imagen inferior) por culpa de visiones del mundo totalmente opuestas. Además de eso, Bruce y su padre difieren en su visión de la ciencia: con ética o sin ética. El primero es un ser racional, moral y alienado, pero con una gran cantidad de pulsiones muy enterradas en su interior, causadas por una experiencia infantil traumática, catalizadoras de su transformación. La interpretación de Eric Bana se amolda de forma magnífica al retrato del guion. David, su padre, se encuentra al otro lado del espectro, es completamente irreflexivo y, a la hora de afrontar los experimentos, se mueve por impulsos, sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos, puesto que, como él confiesa en uno de sus monólogos, su objetivo es, por encima de todo (hasta del amor por su hijo como vemos al final de la peli), conseguir el poder suficiente como para desafiar a Dios. Nick Nolte sabe captar perfectamente la arrogancia del científico, pero al mismo lo convierte en un apasionado de su trabajo con ciertos delirios de locura.

Pese a trabajar en el mismo lugar y haber mantenido una relación amorosa en el pasado, Bruce y Betty también están separados emocionalmente: en sus conversaciones no hay destellos de calidez ni de conexión. Esta frialdad deriva del carácter de Bruce, quien aprecia a su colega pero sabe que su peculiar condición los desune y lo aísla. Betty sufre esta situación interiormente, tal y como nos muestra estupendamente la comedida actuación de Jennifer Connelly.

Hulk: relación entre Betty y Ross El palomitrón

Todos estos magníficos personajes sobre el papel se engrandecen aún más en pantalla gracias a los actores, a la inmejorable dirección de Ang Lee y al soberbio montaje. Analicemos estos dos últimos con un poco de detenimiento.

Ang Lee ha demostrado a lo largo de su muy variada pero siempre interesante carrera que es un gran narrador visual, incluso en películas con muchos efectos especiales. Además, domina tanto los momentos más esplendorosos y llamativos (la foto que se mueve y el espectacular Puny human) como otros mucho más sutiles (la brillante elección de romper la regla de los 180 grados en conversaciones cruciales para generar incomodidad al espectador). Podéis comprobarlo en esta secuencia:

Al mismo nivel de calidad, el montaje supera con creces un reto autoimpuesto: el de tratar a las imágenes como viñetas en lugar de como fotogramas. Es verdad que hay un par de transiciones un poco obvias, pero son excepciones de la regla. Poner el foco de la atención en este punto sería injusto para el trabajo de Tim Squyres, ya que es muy complejo. Veamos unos cuantos ejemplos.

Fotografia soberbia Hulk El palomitrón

Narración visual Hulk El palomitrón

Plano cenital Hulk El palomitrón

Cómo mostrar la parafernalia militar y la paranoia que surge en un momento de crisis.

Militar Hulk El palomitrón

O cómo mostrar el deterioro de una relación por culpa de un tercero.

Montaje Hulk El palomitrón

O cómo plasmar el desconcierto en pantalla.

transición Hulk El PAlomitrón

Para cerrar este bloque, solo queremos destacar la belleza poética de las transiciones con agua en movimiento, los planos de células reproduciéndose que generan ansiedad y, al mismo tiempo, sirven para mostrar las experiencias psicodélicas que vive Hulk y el inteligente uso de la duración de los planos para dar el ritmo adecuado a las escenas.

En resumen, una película injustamente denostada por no ajustarse a las expectativas que mezcla habilidosamente la tradición literaria y cinematográfica del mito del científico ( Frankenstein, Dr. Jekyll y Mr. Hyde), la tragedia griega (el conflicto padre-hijo, sobre todo en el apoteósico clímax final) y la cultura pop. El guion, reforzado por las geniales fotografia, dirección y montaje, trata temas muy universales, como la libertad, la dualidad del ser humano, la parte irracional en nuestro interior que no podemos controlar (magníficamente representada en la cinta en forma de sueños) y los límites de la ciencia, de manera que todo tipo de espectador puede conectar con la narración. A los más escépticos os recomendamos que le deis una segunda oportunidad, pues cada nuevo visionado mejora nuestra percepción de la cinta. Con tanta gente de talento desbordante involucrada en su creación, puede ser fallida, pero no mala.

Y de regalo, todas las escenas de acción de la película de Ang Lee juntitas en un solo vídeo.

Pau Jané

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