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La diplomacia ha cambiado radicalmente a lo largo de los últimos 150 años. Sí durante el siglo XIX los diplomáticos eran figuras desconocidas, con los albores del siglo XX y el nacimiento de las opinión pública y las comunicaciones, sus labores empezaron a ser más visibles y cuestionadas. Pero es durante la guerra fría cuando nace la diplomacia que hoy conocemos, en la que las grandes figuras no pasan de ser meros lectores de discursos. Así pues, el “lenguaje” se ha apropiado de la diplomacia: es más importante el continente que el contenido, cómo se hable y el tratar de epatar antes que resolver y actuar.

Y sobre esto habla CRÓNICAS DIPLOMÁTICAS, QUAI d´ORSAY, la nueva película de BERTRAND TAVERNIER (CAPITÁN CONAN, LEY 627). Adaptación del primer tomo del cómic de mismo nombre, sus creadores han participado también en el guión de la película, lo que permite la fidelidad de la adaptación. Y también lo es  a la realidad ya que CHRISTOPHE BLAIN fue en su momento consejero de CHRISTOPHE DE VILLEPIN, ministro de exteriores francés al que se satiriza en la obra.

 

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Para dar vida al émulo de VILLEPIN, TAVERNIER ha elegido, muy acertadamente, a THIERRY LHERMITTE (Alexander Taillard de Worms). En él vemos al político obsesionado con el “lenguaje”, un buscador incansable del discurso que le abra las puertas del paraíso de los altos estadistas, siguiendo su interpretación de los aforismos de HERACLITO (filosofo griego del siglo V a.c.), al que el director usa muestra como una persona que vive relegada en su mundo y llena de contradiciones: lo que ahora le parece bien, en cinco minutos le parecerá mal. Pero no todo es sátira, ya que cuando se olvida del lenguaje y pasa a la acción es capaz de cumplir con su misión, una salida que TAVERNIER usa para mostrarnos como debería de ser la diplomacia real y no demonizar por completo al personaje.

Todo lo vemos a través de los ojos de su asesor de lenguaje (los discursos), interpretado por RAPHAËL PERSONNAZ (Arthur Vlaminck). No sólo ha de enfrentarse a los vaivenes del ministro, sino a sus propios compañeros asesores, ya que cada uno tratará siempre de tirar a su terreno, siendo la más peligrosa la consejera interpretada por JULIE GAYET, encargada de darle su primer “polvo diplomático”. Pero no todos son así, ya que por allí ronda el viejo Claude Maupas, interpretado magistralmente por NIELS ARESTRUD (premio Cesar por esta interpretación), antítesis del ministro. En una hora y con un teléfono es capaz de resolver una crisis internacional sin importar el lenguaje o los focos, siempre  entendiendo “el gran juego”.

 

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Para rodar todo esto, TAVERNIER ha usado decorados reales, que acentúan aún más la posición del ministro como precioso y fatuo jarrón chino, contrapuesto a los despachos oscuros y feos donde se desarrolla la verdadera diplomacia. Para las escenas del ministro el director ha utilizado una estética cercana a los dibujos animados, mostrándolo como una mezcla entre el Correcaminos y Batman, dándole un aura cómica y patética a la vez.

Todo esto da lugar a una de las sátiras más brillantes que veremos en nuestras pantallas durante este año, y posiblemente la mejor película francesa en lo que va de año (y quizás de lo que queda). Ideal para los que busquen una comedia con contenido crítico (y aunque no lo parezca, todo lo expuesto en la película es real, y el famoso discurso sobre el que se habla al final, fue dado por Villepan oponiéndose a la invasión de Irak, considerado uno de los mejores discursos franceses de toda la historia).

 

 

LO MEJOR:

  • THIERRY LHERMITTE componiendo un personaje único y maravilloso.
  • MAUPAS y sus costumbres.
  • Dos escenas: los subrayadores y las anchoas (y la relación de estas con Heraclito).

 

LO PEOR:

  • Darte cuenta que lo que te cuentan es la realidad.

 

 

Alberto Plumed

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