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Asumamos lo evidente. El verano terminó. Mucho de lo que la temporada estival nos trajo quedó atrás, perdido en un limbo de recuerdos que pronto se convertirán en una anécdota condenada a repetirse una y otra vez hasta que aceptemos que el frío llegará, las próximas vacaciones vendrán plagadas de anuncios de bombones y luces navideñas y esos amores de verano (sobre todo, aquellos que contaban con la seguridad de que no irían más allá de lo que dura puesto un bikini) se quedarán esperando a ser recordados por quien no fue capaz de olvidarlos.

 

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Precisamente, esto último recoge la premisa principal en la que UNA SEMANA EN CÓRCEGA basa su argumento. Incluso va más allá. No es el amor veraniego habitual el que estructura esta última comedia francesa, sino que es esa pequeña y casi tradicional obsesión adolescente la que vertebra una historia tan inverosímil como (en cierta medida) interesante. Dirigida por JEAN-FRANÇOIS RICHET, este largometraje explora desde un punto de vista tan común como repetitivo una forma de dar a la comedia una nueva dimensión familiar. El punto fuerte en el que se sostiene no pasa por ofrecer a quien se encuentra sentado en una butaca frente a la pantalla una sesión de carcajadas nunca vista. Su mayor virtud viene dada por el modo en que los hechos se suceden y el desgaste provocado por los acontecimientos que reflejan los cuatro protagonistas, inmersos en un cruce de caminos que gana fuerza según avanza la cinta. Y, sin embargo, a pesar de esas intenciones tan bien proporcionadas, es probable que no logre atrapar al público del modo en que cabría esperar.

Probablemente, es el carisma interpretativo de VINCENT CASSEL el que aporta esa invisible atracción que se desvanece cuando él no aparece en pantalla, y es él quien sostiene el peso de la película, aunque sin llegar a ensombrecer totalmente a quienes le acompañan quienes, dentro de unos límites aceptables, no logran llegar al nivel interpretativo del protagonista absoluto de la película. No obstante, los esfuerzos en común no resuelven el problema argumental que se desprende de la cinta y, con ello, el resultado se antoja inacabado en gran parte. Probablemente, es la falta de coherencia narrativa de una historia que nace de un remake del año 1977 la que realmente tenga la culpa de que resulte un tanto incompleta y, por qué obviar lo evidente, algo absurda. Y no es tanto lo que cuenta como la forma en que se desarrollan los acontecimientos que dan lugar a una relación totalmente platónica más propia de la desbordante imaginación de una joven de quince años ansiosa por satisfacer su necesidad de un romance veraniego.

 

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Aun así, a pesar del carácter insulso que envuelve a UNA SEMANA EN CÓRCEGA y de esta falta de sentido que la caracteriza, resulta inevitablemente entretenida. Quizá producto de una buena casualidad cinematográfica, lo cierto es que el objetivo máximo que se supone tienen este tipo de comedias en las que la complejidad surge de los hechos que ocurren únicamente entre dos personajes en los que la química es un elemento que se presupone, olvidando en gran parte al resto, se ve cumplido en cierta medida. Y tanto es así que, quien pretenda disfrutar, sin duda lo hará. Es probable que no logre satisfacer unas hipotéticas ansias de comedia pura pero, sin lugar a dudas, no resultará una total decepción para aquellos que únicamente deseen pasar un rato agradable.

 

LO MEJOR:

  • La interpretación de VICENT CASSEL destaca por encima de los otros tres protagonistas.
  • El entorno en el que se envuelve UNA SEMANA EN CÓRCEGA. Tal como el título anuncia, la isla toma un protagonismo que no se le arrebata en ningún momento.
  • La secuencia de la playa. Desquiciante en cierta medida, y sin embargo, interesante y muy bien construida.

LO PEOR:

  • La forma en la que se desarrollan los acontecimientos, de forma un tanto abrupta.
  • La resolución de los hechos.
  • El modo en que ciertas situaciones se escapan del conjunto de la película.

 

 

Sheyla López

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