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En su primer largometraje en inglés, el director y coguionista YORGOS LANTHIMOS ha confeccionado su obra más accesible, no por contener un mensaje más bobalicón (todo lo contrario) que sus aclamados filmes previos ALPS o CANINO, sino por su presencia de caras conocidas (JOHN C. REILLY, BEN WHISHAW, RACHEL WEISZ, LÉA SEYDOUX, COLIN FARRELL), su humor cáustico y el análisis de las relaciones post-Facebook. LANGOSTA es una película con dos partes claramente diferenciadas por una ruptura tanto espacial como temporal. En la primera parte, LANTHIMOS coquetea con la comedia negra ahondando en el absurdo de las convenciones sociales de apareamiento y la disección de las relaciones sentimentales modernas, esa necesidad y presión social de encontrar un amor en un mundo frío y despiadado que se mutila a nivel emocional, creando a unos personajes hieráticos que son maltratados por los guionistas en pos de su discurso. David (rutilante FARRELL en su mejor actuación de siempre) es enviado, tras separarse de su mujer, a un hotel cercano al mar donde tiene 45 días para encontrar una pareja con la que convivir o si no será convertido en un animal de su elección. Una premisa absurda tratada con la más rigurosa lógica interna, que perdura más allá de sus planos gracias a la creación del lenguaje propio que usan sus personajes, que no entienden de subtextos o incertidumbres.

 

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En la segunda parte, el filme se convierte en un drama romántico que focaliza su atención en la estructura social (aquellos en el poder se mantienen aferrados allí) y el extremismo, y entre ambas partes se acaba generando un discurso que condena los fundamentalismos de todo tipo. En LANGOSTA, el amor no se trata como algo desinteresado, real y sincero, sino como un acto mecánico y forzado, en el que la química de pareja se basa en buscar un rasgo común compartido (sangrado nasal con frecuencia, desapego por la vida humana, una miopía o la cojera crónica), aunque sea insignificante, y cambiar tu personalidad en aras de conectar con otra persona. El sector de humanos que no sigue las reglas del juego de la sociedad es apartado y condenado a pasar por el aro o ser despojado de toda humanidad y devuelto a la animalidad. Y si, por otra parte, se intenta huir de esa concepción del amor como convención social, lo único que se encuentra es más represión y control.

 

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David, pese a sus intentos por comprender qué le da más miedo (morir solo o vivir acompañado), acaba llegando a la terrible conclusión de que él es (y siempre ha sido) otra pieza más del gran tablero social. Los referentes de la película pasan por el totalitarismo de Orwell y el surrealismo ‘buñueliano’, pero en todo momento se siente como puro LANTHIMOS, con un mundo austero y frío de aparente felicidad, retratado con una fotografía cortante y una gama cromática triste y exagerada. Esto, unido a la poca (o nula) ternura que acaban por desprender los personajes, nos provoca un desapego sentimental de todo lo que ocurre en pantalla y nos focaliza de lleno en el discurso: nosotros somos igual que esas criaturas faltas de empatía que divagan por la pantalla. Una jugada maestra de un creador maestro.

LO MEJOR:

  • La actuación de COLIN FARRELL.
  • Las dos partes de la película que, pese a tratar temas distintos, se unen para reforzar el discurso de la película.
  • El humor negro y absurdo y sus gags más punzantes.

 

LO PEOR:

  • La falta de conexión empática con los personajes que, aunque sirve a la narración, será un obstáculo para la mayoría de espectadores.

 

Pol Llongueras

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