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Los primeros compases de EDEN revelan una melodía exquisita. Estamos en París, años 90; en pleno apogeo de la música electrónica y con una escena dance eclipsada por el movimiento French Touch; extásis, raves, vinilos y un joven de 20 años que sueña con ser DJ. Los primeros pasos de Paul, nuestro protagonista, le definen como un chico solitario, tranquilo, se mueve por la noche, ambiente natural por excelencia de la música electrónica, y coquetea con las drogas. EDEN es la historia de un hombre que perdido en una sociedad y en una familia que no comprende, vaga entre sesión y sesión, entre sampler y sampler, para encontrarse a si mismo en el infinito de la música.

Hay algo en la esencia de la película de MIA HANSEN LOVE que recuerda irrevocablemente a BOYHOOD. No porque asistamos al proceso de maduración de un personaje o porque la historia suceda en una estela de tiempo relativamente larga, no, EDEN recuerda a BOYHOOD, porque al igual que la película de LINKLATER, está compuesta por los momentos, a priori, menos extraordinarios de la existencia y vida de Paul. Nos explicamos: la regla general en un largometraje, y más en el caso de un pseudobiopic (sobre un personaje ficticio) como este, es extraer los momentos más reseñables e interesantes de su vida y construir un relato cargado de emoción que satisfaga la curiosidad y entretenga a partes iguales. En EDEN no ocurre esto. Aquí somos testigos de la intimidad más sincera de Paul, de aquella que construye al hombre y no a la estrella, porque nadie puede negar a EDEN su condición de ser un relato extraordinariamente bien narrado, de confeccionar con una facilidad bordada los pasajes más adecuados para desarrollar un film tan atípico. EDEN no trata sobre la estrella que está detrás de los platos, EDEN es la historia del hombre que está detrás de la estrella de los platos.

 

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Alcanzar la complejidad desde lo cotidiano es, sin embargo, una tarea que se le queda algo grande a EDEN; que falla en este sentido y ofrece un resultado demasiado irregular, con una narración que avanza a trompicones y escenas que alargan el metraje hasta unos 120 minutos totales que se hacen algo excesivos para lo que se quiere contar. Pero ¿A quién le importa? EDÉN es mucho más que eso ¿Y su deliciosa BSO? A su directora le costó dos años hacerse con los derechos de Daft Punk ¿Y sus personajes? La interpretación coral de su reparto roza la perfección ¿Y su protagonista, qué decir de su protagonista ? Todos somos (o hemos sido) de una manera u otra como Paul, todos estamos un poco perdidos en la vida, tenemos sueños, triunfamos, fallamos; porque Paul es un poco como el héroe que admirábamos en nuestra infancia pero hecho adulto.

Es en SVEN HANSEN-LOVE, hermano de MIA y DJ del movimiento, en quien está basado ligeramente esta película. Y es aquí, en no emitir juicios morales sobre sus protagonistas, donde reside una de las más grandes cualidades de EDEN, que se sumerge hasta la escena underground y pasa a formar de ella; mirando a los ojos a unos personajes que caminan por la vida entre la desesperanza del mañana y la decepción del presente. EDEN, nominada a Mejor Película en la pasada edición de SAN SEBASTIÁN, constituye uno de los estrenos más sugerentes de la cartelera; destinado para un público cansado de tantas superproducciones, la última cinta de MIA HANSEN-LOVE supone la mejor alternativa para bucear por los entresijos del corazón humano a ritmo de música electrónica.

 

LO MEJOR:

  • Su BSO, brillante elección.
  • Que logre establecer una comunicación tan directa con el espectador.
  • Paul.

 

LO PEOR:

  • Le sobran algunos minutos, acaba siendo un poco larga.

 

Víctor Camarero

 

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