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 BLIND, primera película del guionista noruego ESKIL BOGT (OSLO, 31 DE AGOSTO; REPRISE), es un relato darwiniano que juega al desconcierto a través del ingenio en su narrativa y la ambigüedad de su mensaje. Es darwiniano porque la historia parece devorarse a sí misma una y otra vez para generar algo diferente, más complejo, y a la vez, más trivial, en una evolución que se va adaptando a un medio cada vez más hostil. Sus amagos de aproximarse al thriller psicológico se ven mitigados por su tendencia a la caricatura cómica y la transparencia con la que nos muestra su juego.

Ingrid (ELLEN DORRIT PETERSEN) es una mujer que acaba de quedarse ciega y cuya vida parece haber perdido sentido. En la soledad de su apartamento, perfectamente ambientado con una luz fría y mortecina que devora los colores, la película comienza haciendo un retrato de las pérdidas más inmediatas, y obvias, que conlleva la ceguera. Para ello recurre a planos muy cortos que comunican a través del tacto y el sonido, sus únicos aliados. Pero ésta no será la historia que nos quiere contar. La cámara se aproxima al rostro de la protagonista para introducirnos en su mente, auténtico desencadenante desde este momento de los acontecimientos de la película.

 

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BLIND es una película que va de miradas. De pérdidas y deseos. De la negativa a la resignación. Toda historia tiene un germen y cuanto más complejo y abstracto sea éste, más ingenio requiere su comunicación. En el caso de BLIND, el germen no es la ceguera sino la pérdida de la mirada, la pérdida de control que supone dejar de ver la mirada de los que nos miran. Esa mirada que corrobora la existencia del individuo y su capacidad de influir en el mundo, incluso si se trata de la mirada que nos devuelve un espejo. No existe consuelo para esta pérdida. Pero hay un único espacio en el que se puede recuperar ese control. La imaginación. Desde esta certeza se inicia un juego psicológico entre la protagonista, el espectador y la historia en el que el desconcierto, el drama, la caricatura, el humor nos reflejan un mundo interior que lucha contra la condena más cruel que puede afectar a cualquier ser humano, el aburrimiento. Y lo que es peor, la conciencia de su continuidad en el tiempo sin posibilidad de escapatoria. Para vencer ese abismo Ingrid rellena los huecos de su vida a través de los relatos de su mente (o los escritos de su ordenador), que iluminan la oscuridad en que se ha sumido su vida. Los temores se convierten en certezas porque sólo en la certeza puede decidir. Cualquier deseo es posible en el vacío que le rodea, incluso la venganza más arbitraria o la desinhibición más impúdica. Lo que no puede ver, lo inventa y desde ese momento se convierte en realidad, porque su creación tiene la misma validez que un mundo al que ya no puede acceder y cuyos límites empiezan a desvanecerse.

 

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Reflejar este mundo cambiante, contradictorio y que se escapa de la lógica de la vida es posible gracias a la soberbia interpretación de sus protagonistas (especialmente ELLEN DORRIT PETERSEN) y, sobre todo, a un elaboradísimo guión, premiado en el festival de Sundance de 2014, en el que cada plano adquiere significado por sí mismo en un juego de descaro e introspección que acaban siendo un alarde de expresividad.

Una película original y sorprendente que consigue sus objetivos gracias a la inteligencia del relato, la ambigüedad deliberada y a una sensualidad inquietante. Pero todo ello sin alardes compositivos, sin exhibicionismos cargados de intenciones. La intención la deja en manos del espectador. No se puede pedir más.

LO MEJOR:

  • Un guión elaborado con inteligencia y sentido del humor que juega entre la realidad más trivial y la fantasía
  • Las interpretaciones llenas de matices que nos desvelan el doble plano en que transcurre la película: el físico y el mental
  • La composición encubre su complejidad con una aparente sencillez que contribuye al juego narrativo junto con una cámara que se mueve al son de los pensamientos

LO PEOR:

  • En determinadas ocasiones algunas elucubraciones se escapan por excesivas. Sin embargo, la película tampoco sería posible sin ellas. Es un defecto que se mueve en la ambigüedad de su mensaje. El mal necesario.

 

Marina Calvo

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