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El retrato de la adolescencia es, con toda probabilidad, uno de los más venerados y explotados en los argumentos cinematográficos, bien por esa novedad vital con la que cargan los personajes o bien por la manera en la que nos recuerda a los espectadores que muchas de las cosas que vivimos siguen y seguirán pasando en una etapa por la que todos hemos pasado con mejor o peor fortuna. Esta disposición a sacarnos los colores cinematográficamente hablando parece que viene dada por la intención de representar en la gran pantalla el nacimiento del romance, de hacernos recordar a través de unos protagonistas mejor o peor definidos qué es lo que a muchos nos ocurrió en el pasado.

 

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A PRIMERA VISTA supone el intento de aportar un punto de vista diferente a una temática que, por regla general, no parece aportar nada distinto en ese aspecto, que parece seguir una y otra vez los mismos patrones para relatar historias que, sospechosamente, resultan prácticamente idénticas. Sin embargo, en este largometraje, la renovación de un género que ha dejado de sorprender no resulta tan satisfactorio como cabría esperar. Su fuerza reside principalmente en la ternura y la bondad con las que se van desgranando los acontecimientos en la gran pantalla y en la creación de unos personajes que, a pesar de las apariencias, terminan resultando altamente empáticos con el público. No obstante, A PRIMERA VISTA carece totalmente de novedad y las peculiaridades que se centran en el protagonista no resultarán especiales para los ojos de los espectadores, si no que supondrán, como es de esperar, simples detalles añadidos que no cambian realmente las intenciones del guion.

Sin embargo, resulta interesante la forma en que se tratan la amistad y los celos a la que un poco más de malicia quizá lo le vendría mal. La relación entre los tres personajes principales es, a grandes rasgos, una representación de la afinidad adolescente, de la necesidad de no sentirse realmente solo en un entorno en el que parece que nadie comprende realmente cuáles son los deseos de uno mismo y las ansias de libertad se presuponen y realmente se pasan por alto. Quizá es este el elemento que más sobresale en A PRIMERA VISTA. La libertad es probablemente el elemento que más destaca entre tanto romance y tantas ganas de crecimiento personal. El personaje principal realmente representa, no solo unas ganas tremendas (y, quizá, hasta enfermizas en ocasiones, de enamorarse), sino de descubrir quién es lejos de un entorno tan cómo como agobiante.

 

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Enmarcada en una banda sonora que encaja perfectamente con lo que encontramos en pantalla, A PRIMERA VISTA supone un intento de aportar algo nuevo a un género en el que la renovación es prácticamente imposible. El carisma de sus personajes es un elemento que hace del conjunto cinematográfico que conforma la película algo que funciona, a pesar de la carencia de aspectos que sorprendan realmente al espectador. Pero es el encanto con el que se trata esta historia la que definitivamente atrapará al público.

 

 

LO MEJOR:

  • La ternura con la que se trata el romance adolescente.
  • La falta de dramatismo.

LO PEOR:

  • No aporta nada nuevo.
  • La pérdida de espontaneidad en el argumento.

 

 

Sheyla López

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