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portada jazz

 

 

Con motivo del 48 Heineken Jazzaldia que tendrá lugar en Donostia entre el 24 y el 28 del presente mes, El Palomitrón ha querido traer hasta vosotros una pequeña retrospectiva sobre el maridaje histórico de este delicioso estilo musical con el séptimo arte. Y no solo por estar de actualidad ante la inminente inauguración del festival, al que por supuesto asistiremos en busca de algún resquicio dedicado al cine, sino porque además nacieron prácticamente de la mano y su proceso evolutivo ha sufrido los mismos rigores socioeconómicos tanto en el escenario estadounidense como en el resto del mundo. Se trata de un verdadero romance, a modo de saga, que aun no nos ha ofrecido final y que esperamos que jamás lo haga.

 

Ambos estilos artísticos nacen y viven de las sensaciones, de trasladar al gran público de un estado de ánimo a otro sin ningún miramiento. El espectador puede retorcerse de risa en su silla, butaca o de pie, bailar, saltar o gritar, llorar, silbar, quedarse atónito… pero nunca indiferente al consumirlos. Estas son algunas de las reacciones que pueden provocar y que han hecho de estas dos de las artes más innovadoras e interesantes del siglo XX y, por supuesto, que su relación haya sido tan satisfactoria como a nosotros nos parece.

 

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THE JAZZ SINGER supuso la primera alianza entre cine y jazz

 

Pero no todo ha sido siempre perfecto y bonito. Ni mucho menos en los inicios podemos hablar de una relación facilona. En su primera cita, el Jazz, más maduro, le puso sonido al cine  en el documental  THE JAZZ SINGER (1927), pero alguno de los dos no debió quedar contento con este encuentro, porque durante el periodo de entreguerras las coincidencias fueron  esporádicas y muy concentradas, tanto en las comedias musicales como en el cine negro y de crimen organizado, en las que eran habituales los cameos de grandes estrellas, con resultados en algún caso rozando el ridículo (ver NEW ORLEANS, 1947, con Louis Armstrong, Billie Holiday  y todos los prejuicios raciales de la época). De este periodo cabe destacar STORMY WEATHER (1943), al que los expertos califican como el mejor musical negro de la historia, con la presencia de Cab Calloway.

 

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Cartel norteamericano de la película STORMY WEATHER.

 

Tras un periodo en el que la relación pendía de un hilo y coincidiendo con el declive del ego hollywoodense, el jazz, en profunda renovación, empieza a enamorar a grandes directores americanos como KAZAN, HITCHCOCK o PREMINGER, que deciden envolver sus obras UN TRANVÍA LLAMADO DESEO (1951), LA VENTANA INDISCRETA (1954) Y ANATOMÍA DE UN ASESINATO (1959) con mantos sonoros de seda compuestos de Cool Jazz, el nuevo estilo musical surgido gracias al genial Miles Davis. En este momento y con el viaje hasta Francia en busca del gran amor, llega la eclosión definitiva y el punto álgido del romance. Como no, tenía que ser en Paris. Allí, LOUIS MALLE y la corriente “Nouvelle Vague” se encontraron con el turbio pero superdotado Davis, para deleite del personal, naciendo ASCENSOR PARA EL CADALSO (1957), maravilloso filme del cineasta Francés con la banda sonora compuesta a posteriori por el trompetista  norteamericano mientras visionaba la cinta. Pese a lo inusual de esta forma de componer música para una película, al fusionarse con la tremenda versión del cine Noi” francés, nos deleitaron con la que consideramos  como mejor banda sonora original de jazz de la historia. Un producto solamente al alcance de dos absolutos maestros.

 

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ASCENSOR AL CADALSO. LOUIS MALLE se rinde al jazz.

 

Es en estos momentos cuando el cine empieza a reconocer que hay algo en esta relación que puede tener futuro, y mucha descendencia. Prestigiosos compositores jazzísticos, como Henry Mancini o Quincy Jones, empiezan a hacer sus pinitos de forma seria poniendo música a numerosas películas: DESAYUNO CON DIAMANTES (1961), DÍAS DE VINO Y ROSAS (1963), LA PANTERA ROSA (1964), A SANGRE FRÍA (1967) O EL COLOR PURPURA (1985). Las Bandas Sonoras Originales cobran una importancia sublime, redondeando filmes que son obras maestras y, en algunos casos, cobrando importancia incluso por encima de ellos.

 

 

cotton clubPor fin, con la llegada de productores y directores amantes de este estilo musical, se crean una serie de obras no ya solo con un ornamento de Jazz, sino con temática basada en él y sus figuras. Serán películas a las que podríamos dedicarles muchos renglones, párrafos enteros, críticas individuales y monográficos diversos, porque las consideramos obras punteras del cine musical, o más bien, del cine en general. Creaciones ni más ni menos de gente como TAVERNIER, EASTWOOD, COPPOLA, ALTMAN, ALLEN o TRUEBA, con sus ROUND MIDNNIGHT (1986), COTTON CLUB (1984) BIRD (1988), KANSAS CITY (1996), ACORDES Y DESACUERDOS (1999), Y CALLE 54 (2000). Cintas que denotan pasión, conocimiento y amor por esta música, puestas al servicio del espectador para su deleite. Nosotros damos las gracias desde aquí a Cupido, por habernos permitido observar este romance desde sus inicios como un Gran Hermano cualquiera, con la ilusión de que nunca caduque, de que nunca se apague y siga haciéndonos disfrutar como aun lo hace (ver la magnífica serie de HBO, TREME).

 

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Por último, para aquellos cinéfilos que quieran hacer una aproximación diferente al Jazz, en modo documental recomendamos JAZZ, LA HISTORIA de KEN BURNS (2001), un completo repaso a su evolución con un rigor inigualable. Esto pondría un broche de oro a este recorrido histórico para salir nominado Cum Laude en conocimiento sobre Jazz y su idilio con el cine. ¿Qué más se puede pedir?  Desde El Palomitrón tenemos un deseo: biopics entorno a las vidas de John Coltrane y Miles Davis….SOÑAR ES GRATIS.

 

 

David Ripoll

 

 

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