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La vida es un viaje. Las películas, como reflejo de la realidad, lo son también. Un viaje continuo, donde nos balanceamos continuamente entre el frágil y difuso límite de lo real y lo ficticio. El inevitable viaje del cada vez más importante cine de lo real, impuesto en una sociedad que necesita de historias, sí, pero verídicas, cercanas a lo que sucede y a cómo sucede. Una realidad que, hoy en día, se manifiesta de forma evidente en ese inevitable éxodo juvenil. En la huida de una generación hacia otro futuro y otro país, en una generación en la que se encuentra LILIANA TORRES, y en una ópera prima autobiográfica que conmueve, y conmueve porque precisamente es real.

Dicen que las grandes historias nacen de nosotros mismos, y TORRES da prueba de ello en FAMILY TOUR. El reencuentro de una protagonista asentada en el extranjero con su familia le sirve como punto de partida para crear una historia que muestra un viaje con retorno al país de origen, sí, pero sin retorno al universo de la madurez. Un ejercicio personal y, ante todo, un experimento casi metacinematográfico, donde prima la pérdida de la infancia y la honestidad ante todas las cosas. Sentimientos reales e historias reales en un producto donde realmente no importa la narrativa, el formato o cualquier convencionalismo de género impuesto, sino la esencia de la historia en sí.

 

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La sensación de invasión de la privacidad y la intimidad es inevitable. Desacostumbrados a tanta honestidad, FAMILY TOUR nos impacta para, posteriormente, involucrarnos en una película en la que nos veremos reflejados. Porque, con diferencias, todas las familias son iguales. Y, con diferencias, el caso de TORRES, reflejado en esta película, es un ejemplo de lo que muchas personas están viviendo hoy en día. Un reflejo de la soledad, la incomunicación y las distintas personalidades. De cómo todos cambiamos, inevitablemente e independientemente de para bien o mal. De cómo lo que antes podíamos considerar conocido y llamábamos hogar, ahora nos puede resultar ajeno.

En sucesivas visitas a familiares y amigos, a los propios familiares y amigos de TORRES, la protagonista, NURIA GAGO, supone un fiel reflejo de todas estas cosas. Poniendo a prueba sus capacidades a lo largo de la película, realiza una interpretación tan valiente como el producto en sí y como la autora. Tan valiente como una producción que realmente cuenta una historia. Porque todos tenemos una, y todos debemos contarlas.

 

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Entrar a calificar los ‘qués’ de FAMILY TOUR es un error. ¿Es una ficción? ¿Es un documental? ¿Realmente eso nos importa o afecta a nuestras sensaciones al ver el producto final? No hay que tomarla como un simple ejercicio documental o de ficción nacional. Y no hay que hacerlo porque no es eso. Sus patentes desequilibrios interpretativos y el amauterismo de la autora son latentes, sí, pero no disminuyen el valor que FAMILY TOUR termina teniendo. En sus pequeñas ambiciones, FAMILY TOUR termina siendo una gran, satírica y real tragicomedia que muestra la vida en todas sus caras de una familia normal y corriente, ante una situación normal y corriente. Una superheroina de la vida real, sin capa ni escudo, que se enfrenta a los problemas que esta plantea. No nos engañemos, no hay nada más valiente que eso.

 

 

LO MEJOR:

  • La autenticidad de la historia. Autobiográfica y honesta, LILIANA TORRES plasma la realidad de una manera a la que estamos poco acostumbrados, sin ponerse límites pese a lo pequeño de la producción. La sensación de invasión a la privacidad compensa una vez te sumerges en la historia.
  • NURIA GAGO. Pese a ser la única actriz profesional, sabe destacar sin convertirse en el foco de atención y se pone a prueba durante toda la obra para lograr un resultado satisfactorio.

LO PEOR:

  • Su público objetivo. Es inevitable pensar en lo reducido que puede ser el sector de espectadores que acogeran una obra tan única. Una mezcla entre documental y ficción que, una vez se le da la oportunidad, sorprende.
  • Su amauterismo. Se nota que es la primera obra de LILIANA TORRES. Y no es malo en la mayor parte de las secuencias, hilando bien una trama que en un principio podríamos pensar que no da para mucho, pero en algunas se nota en grado excesivo.

 

 

Lydia Martinez

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