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El Festival de San Sebastián hay ciertas cosas que no permite. La primera, y quizá la más destacada, es que no deja a quiénes asisten ningún tipo de tregua e inunda de (buen) cine cada rincón, recordándonos que este no es un evento cualquiera, que cada cinéfilo que se precie conquistado por el séptimo arte debería pasearse en algún momento de su vida por aquí y que una larga trayectoria no es sólo una garantía de éxito, sino que casi resulta una razón más para convencerse. La segunda es que no admite que quiénes aquí se encuentran desaprovechen las oportunidades que ofrece y prácticamente obliga a que estos no se queden quietos, que no se pierdan lo que ocurre y que visiten todo lo que puedan y todo lo que diez días les permitan para que, cuando esto finalice, regresen a sus casas con la sensación y con la certeza de que han explotado al máximo su tiempo en una ciudad que se pone al servicio de un espectáculo que difícilmente se volverá a repetir. Y la tercera jornada hizo justicia (más si cabe) a todo lo que podíamos esperar. Resulta complicado situar el día de la semana en el que uno se encuentra, apenas somos conscientes de si es lunes o jueves, quizá por la inherente sensación de que el tiempo pasa volando o quizá porque no hay pausa posible. Ni necesaria. Así, lo que un domingo cualquiera puede suponer para muchos una inundación de hastío, en este caso supuso una patada al descanso y a la pereza para dedicar el tiempo a asuntos más absorbentes.

 

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El día amaneció con la resaca de sensaciones que produjo la primera proyección de la esperada nueva película de ÁLEX DE LA IGLESIA. Del mismo modo que el día anterior MI GRAN NOCHE levantó pasiones entre el público, la consiguiente rueda de prensa tampoco decepcionó y su enorme elenco ocupó de forma un tanto estrecha una sala en la que se congregaron multitud de periodistas ansiosos de preguntar todo aquello que no pudieron resolver en el primer visionado. Prácticamente todas las miradas se centraron en un RAPHAEL que parecía encontrarse incluso abrumado por la expectación, y no por ello menos contento y menos dispuesto a demostrar que su participación en esta cinta le ha resultado altamente satisfactoria.

Sin embargo, y a pesar de que no parecía posible, lo mejor de este día 20 todavía estaba por llegar. Así, comenzaba un pequeño ciclo de entrevistas que nos trajeron respuestas que no nos dejaron indiferentes. El Hotel María Cristina es el punto de encuentro en el que prensa y artistas se concentran, en el que, aunque parezca que reina el caos y que es imposible encontrar un lugar tranquilo para disparar preguntas, siempre hay un rincón agradable en el que sentarse a charlar. Y así, dio comienzo la sesión con CESC GAY, director de TRUMAN, una de las películas que mejores comentarios han generado en su paso por San Sebastián. Consciente de que su trabajo ha gustado (y mucho), no escatimó palabras en sus respuestas. El siguiente en someterse a las cuestiones de la prensa fue JAVIER CÁMARA, quien destacó, no sólo por demostrar que no tiene reparos a la hora de contestar a lo que sea necesario, sino por una amabilidad y una forma de ser realmente agradable que hace que la entrevista se convierta en una charla amistosa y fácil de llevar. Y, finalmente, el director japonés HIROKAZU KORE-EDA, concedió una entrevista que, aunque resultó un tanto corta y veloz, fue suficiente para conocer qué tenía que decir de NUESTRA HERMANA PEQUEÑA, largometraje que compite en la sección Perlas y que ha obtenido una grata respuesta por parte de los espectadores con una historia sencilla y una fotografía realmente brillante.

 

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Pero fue difícil despedirse del domingo sin pasar antes por el Kursaal. En San Sebastián es complicado dejar escapar un día entero sin sentarse en una butaca de cine y, este día, no iba a ser una excepción. De este modo, la película elegida fue SPARROWS, de RÚNAR RÚNARSSON, una de las más esperadas del grupo que compite en la Sección Oficial y que despertó entre el público un largo tiempo de aplausos gracias a la presencia del equipo entre los asistentes y, sobre todo, a una historia bien construida, en apariencia sencilla, que deparó muchas más sorpresas de las que parecía ofrecer en un principio.

Y así, la tercera jornada del Festival de San Sebastián concluyó con la certeza de que, al día siguiente, todo el cine y todas las sorpresas que nos depararía el lunes serían incluso mejores.

 

 

Sheyla López

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