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LOS DOMINGOS, A OJOS DE SUS CREADORAS

La noche de los Goya ayer sábado 28 de febrero fue una noche larga sembrada de momentos que nos hicieron reflexionar, una de las máximas que permite el arte en todas sus formas. Desde la reivindicación constante al papel de las mujeres en una industria que todavía necesita llegar a la meta de la paridad, la personificación de los horrores del mundo en Gaza y la acción violenta del presidente estadounidense, las palabras de Argentina que vienen del futuro para advertirnos del horror en el que puede caer una democracia o una Susan Sarandon emocionada y necesitada del calor humano de una industria que no encuentra en su país.

Ayer pudimos disfrutar de la presencia de gran parte del equipo de Los Domingos, gran ganadora de la noche con su Goya a Mejor Película. Se trataron muchos temas, pero Alauda Ruiz de Azúa se mostró tajante cuando se trata el tema de las mujeres en el cine. Ella es firme cuando se dirige a todas esas mujeres que quieren dar el paso de entrar en la dirección de cine: “Que no se dejen embaucar por eso del síndrome de la impostora. Que yo le tengo mucha manía porque sólo lo preguntan a las mujeres. Que no es obligatorio sentirse una impostora ni en el cine ni en la vida”.

Patricia López Arnaiz nos habla de su personaje cuando se le pregunta sobre el proceso de creación de la tía Maite: “El personaje es especial. Ha sido un personaje particularmente especial, valga la redundancia. Podría explicarlo de muchas maneras. Mira, el otro día las compañeras nominadas hablaban de que a veces es misterioso, que es muy curioso cómo a veces te llegan personajes en un momento súper oportuno de tu vida y, de repente, tienes que ponerte en la piel de algo que, por algún motivo, en tu vida personal necesitas, que te viene bien. Como sincronías. Y yo siento un vínculo muy íntimo con este personaje”.

«Si abres una conversación incómoda, bueno, pues igual también la promoción y lo que rodea la película tiene que serlo en algún momento y tampoco pasa nada porque eso sea así. Al final la película es un dispositivo para abrir conversaciones, para lanzar preguntas», responde Alauda Ruiz de Azúa cuando se le pregunta sobre el gran tema de la religión que sobrevuela toda la película, un tema que ha ido ganando intensidad a medida que tomaba velocidad la carrera hacia los Goya y que no sólo sobrevuela la película, sino también el debate: “Fuimos ocultando mucho tiempo que la película iba sobre una monja porque teníamos mucho miedo de lo que vosotros pudierais decir”, revela una de las productoras. “Pero es verdad que ha sido una película creo que muy gustosa en la etapa del desarrollo”, continua. “A ciertas generaciones nos ha costado hablar de eso”.

A todo el equipo se le preguntó sobre las reacciones que puede haber tenido una película con un tema con este en un momento de la historia como este. “A nivel generacional hemos visto reacciones distintas. Generaciones más adultas, más a partir de los cuarenta, se centraban más en el debate religioso dependiendo de su religiosidad y su experiencia, pero la gente más joven utilizaba lo religioso como una metáfora para conectar con la película desde otro sitio y, claro, yo he asistido a reflexiones de gente joven en un sentido muy bonito de reflexionar sobre la libertad individual, sobre cuánto construir un nuevo sentimiento, sobre lo difícil que es sentirte juzgado en la familia”, aclara la directora.

La película ha empezado su andadura en Francia con igual éxito que en España, donde casi supera los 700.000 espectadores, pero en la 40 edición de los Goya ha sido la gran triunfadora de una noche que ha aupado a una película dirigida por una mujer, protagonizada por mujeres y producida por mujeres.

Javier Alpáñez

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