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La historia de Estados Unidos es tan paradójica cómo reciente. Un país fundado por masones que buscaban alejar la religión en todas su formas de los estamentos de poder, a poder ser igual que había ocurrido en Francia, es poblado en su mayoría por emigrantes de fuertes raíces religiosas: irlandeses, italianos, alemanes, holandeses, etc…Y siendo un país y una sociedad nueva, éstos habían de crear sus propias tradiciones y festividades (una de las muchas herencias europeas),  que en su mayoría nacen de hechos históricos de carácter laico, pero que con el tiempo se van sacralizando, e incluso adquiriendo mayor importancia que las tradiciones y fiestas propiamente religiosas (por ejemplo Acción de Gracias).

 

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El concepto de la transmisión de las tradiciones familiares, del papel que cada persona ha de desarrollar dentro de ellas, y de la ruptura con éstas que siempre intentan (e intentarán) llevar a cabo las nuevas generaciones, es el punto de partida de este remake de la mexicana SOMOS LO QUE HAY. JIM MICKLE nos traslada a la América profunda para narrarnos cómo esta ruptura de las tradiciones puede poner en peligro el núcleo familiar. El fallecimiento de la madre, la cabeza de familia, pone en peligro la continuación de una tradición familiar en la que sólo cree el padre de familia, un padre autoritario que destrozado por la muerte de su mujer tendrá que enfrentarse a una hija mayor que se niega a ocupar el lugar de la difunta madre en esta tradición. MICKLE no sólo aborda el conflicto desde un punto de vista interno, sino que también introduce elementos externos, la sociedad, como amenaza a la supervivencia de las tradiciones familiares.

En el plano interpretativo destacamos a un fantástico BILL SAGE dando vida al oscuro padre de familia de manera brillante, aportando en todo momento una sensación de tenebrosidad desasosegante. Magníficas también en sus réplicas AMBYR CHILDERS Y JULIA GARNER como sus hijas mayor y menor respectivamente. Más floja, en cambio, es la presencia de JACK GORE, el menor de la familia y con quién no logramos empatizar por su inexpresividad. Los elementos externos, y que desencadenarán un final brutal, están representados perfectamente por MICHAEL PARKS, que interpreta al médico del pueblo, y WYATT RUSSELL, en el papel de un antiguo amor de la hija mayor. Su aparición en escena supone un rayo de esperanza para ésta.

 

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Para ofrecernos toda esta historia, MICKLE se apoya en un excelente trabajo de fotografía. No podemos decir que la película tenga una luz definida, sino que cada personaje tiene la suya:  mientras que el padre es un pozo de negrura, emanando una oscuridad que se traga toda luz que haya a su alrededor, las hermanas tienen un halo de tristeza y melancolía que a veces se vuelve alegre, pero que acaba siendo tragado por las oscuridad progenitora. En algunos momentos la composición de la luz y de los personajes puede recordarnos a la pintura del siglo de oro holandés (una referencia al pasado de la familia protagonista, y de donde viene la tradición): sus retratos de vida cotidiana donde la luz provenía de una entrada lateral (ya sea puerta o ventana), sus claroscuros (cuando el padre está en el centro de la imagen todo a su alrededor es oscuridad), el paisajismo dramático de Rembrandt e incluso el tratamiento de las escenas finales de la película… Toda la puesta en escena desprende

ecos de los cuadros más famosos de este pintor. Mención aparte merece la historia, que va creciendo en intensidad hasta un tramo final asfixiante, que acaba con una sucesión de hechos que dejan al espectador anonadado, pero que en su escena final peca de ambigüedad, restando dramatismo al conjunto.

Una película muy recomendable y que fue una de las revelaciones de la pasada Muestra Syfy. Un drama familiar trazado con una óptica que le acerca mucho más a una película de terror que a un cuadro costumbrista al uso.

 

LO MEJOR

  • El trabajo de los actores, es especial  JULIA GARNER y su interpretación de la hija menor.
  • La fotografía. El uso de la luz se convierte en un rasgo más de cada personaje.
  • El tercio final, un in crescendo brutal que deja sin respiración.

 

LO PEOR

  • El epílogo, muy ambiguo y hasta cierto punto innecesario.
  • El impasible hijo pequeño.
  • Que te cuenten exactamente la trama antes de verla.

 

 

Alberto Plumed

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